Miguel BarnetFe de erratas

Donde dice un gran barco blanco
debe decir nube
donde dice gris
debe decir un país lejano y olvidado
donde dice aroma
debe decir madre mía querida
donde dice César
debe decir muerto ya reventando
donde dice abril
puede decir árbol o columna o fuego
pero donde dice espalda
donde dice idioma
donde dice extraño amor aquel
debe decir naufragio
en letras grandes.
 
(De La Sagrada familia)


 

Canción I

Te quedaste con todo,
el libro y la memoria,
los paseos y la flor.
Pero yo tengo tus ojos
y de vez en cuando
me miro en ellos –tan tristes y huidizos–para que tú me lo devuelvas todo,
el libro y la memoria,
los paseos y la flor.
 
(De Orikis y otros poemas)


El oficio

Quédate con tu misterio,
describe la mesa, el animal doméstico,
el delantal floreado de la madre,
el presuroso amor si lo deseas,
pero no lo digas todo en el poema,
que permanezca siempre una puerta abierta y golpeando,
un campo no surcado a la intemperie,
deja para el otro que vendrá, amigo o enemigo,
esa leve ambigüedad, ese otro poema.
 
(De Carta de noche)

 


A J. L. B.

Yo también pienso en las cosas
que pudieron ser y no fueron.
Pero son cosas que tú y yo
no compartiríamos.
Por ejemplo, que el rostro de Helena
quedara o no en la historia,
q ue Beda llegara o no a escribir
el tratado de mitología sajona
que tú, severamente, le impusiste.
Lo que me importa son otras cosas,
mucho menos tantálicas,
las manos que no pude tocar,
los ojos que una vez me miraron con terror
y que amé,
la culpa que quedó atrapada
en la rama de un árbol,
el pájaro que no cantó porque le apretaron
el cuello y que no aparece en ningún tratado
de ornitología,
la muerte que no tendré, abismal y catártica
junto a la fuente de Antinoo,
el espejo y el tigre de tu oscuro laberinto,
el Borges que no fui por culpa de Borges.
 
(De Otros poemas)
 


Poema chino III

Pregunté qué fruta era ésa
que colgaba en ramos de un árbol
tan fino como las venas de la princesa Fu Peng
—Ciruelas, me contestó el edecán.
Pregunté si la grulla esculpida
a las puertas del pabellón de las Bodas
era de jade legítimo.
—No hay otro, me contestó el edecán.
Pregunté a la hora de la cena,
si la raíz de loto era realmente
la comida preferida de la emperatriz.
—Lo era, me contestó el edecán.
Pregunté, al pie de la muralla
si la sangre derramada allí por millones de hombres
que dejaron sus casas enlutadas no era monumento
a la historia de China.
—Lo es, me contestó, grave, el edecán.
 
Pregunté si aquel dragón tallado en la piedra
Era un símbolo imperial.
—Lo es, me contestó el edecán.
 
Pregunté si era un dragón con cabeza de león
O un león con cabeza de dragón.
—Lo es y no lo es, me contestó con ironía el edecán.


Tomado de:
http://www.cubaliteraria.cu/autor/miguel_barnet/seleccion_de_textos.html