Algunos años después de consagrarme a la lectura y al cultivo de la poesía hube de darme cuenta que estudiando los conceptos e ideas que sobre ella sus grandes cultivadores o estudiosos habían discernido se podía agrandar mi personal visión del mundo, y por consiguiente, la visión del mundo de cada quien, se podía esclarecer qué nos proponemos al asumirla, se podía afianzar el camino de quien se enrumba por el campo de las letras, sin distinción de género, e iba surgiendo así una especie de incesante poema sobre la naturaleza, tanto la humana como la física. En tal sentido comencé a atesorarlos en mis libretas de trabajo, y a reflexionar yo también personalmente sobre el llamado género rey de la literatura.

A veces pensaba sobre la poesía como tal o sobre el poeta, que es una de sus más socorridas extensiones. Pensaba así: “El poeta es un inadaptado que escribe. Un extremista mesurado. La aparente mesura es el límite de la obsesión gráfica”. Un ser humano que yerra, pero con ángulos de pureza que convierten lo que sale de su mano en “candor de esencia y música”. Aludía sin querer al rigor conceptual e imaginal que acompaña a todo texto poético más allá del afán de decir o ese afán de absolutos que, sin límite en todos los poetas románticos, existe en cada poeta. Percibía muy pronto la íntima relación entre grandes conceptos de pensamiento y la poesía propiamente, por ejemplo con la noción de saber esbozada por el poeta francés Henri Michaux quien lo considera una inmensificante iluminación donde todo con todo entra en resonancia contemplado. Así la poesía, que puede conectar lo grande a lo pequeño, lo sublime a lo grotesco, etc., por un procedimiento que le es tan propio como la analogía u otros importantes recursos de preceptiva literaria como pueden ser la metáfora, el símil o la sinestesia, por sólo mencionar algunos de los más empleados. Recordando siempre, como dice Leopardi, que “todo sentimiento o pensamiento poético cualquiera es, de algún modo, sublime. Lo poético no se da sin lo sublime.” Percibía que poesía era decir, significar, pero de la manera más insospechada, y que ella como las otras artes podría parecer a muchos un sinsentido. También tiende a pensarse que el poeta es una especie de elegido de Dios que trasmite secretos. Yo lo veo más bien como un humano imperfecto y sensible que tiene la capacidad de juzgar. Como todos los artistas “es un experto en un campo que él delimita para sí mismo. Es un campo en el que se mezclan objetividad, irracionalidad y subjetividad […] en realidad es una celebración de la vida, en eso está su personal aportación”. El giro, el trenzar de mi propio pensamiento se volvía más intenso, más sutil, a medida que eran más arduas mis lecturas.

Por todo eso y por mucho más Coleridge afiliaba la poesía en último extremo al conocimiento. Para él ella era el aliento y el más fino espíritu de todo conocimiento, la expresión apasionada que está en el rostro de toda ciencia. Generalmente las personas que terminan escribiendo poesía han tenido vidas azarosas, desesperadas. Como dijo alguien notable, han visto demasiado antes de tiempo, y según Clarice Linspector haber visto es irrevocable. Han recibido en ráfaga una serie de vivencias que debido a su edad física o espiritual no han tenido la capacidad de asimilar, como un peso que se incorpora por gravedad y pacíficamente a lo vivido, por eso también poesía es lo que dice Emir Cioran del acto de escribir: “replicar tardíamente o diferir la agresión: yo escribo para no pasar al acto, para evitar una crisis. La expresión es alivio, venganza indirecta de quien no pudiendo digerir una afrenta se rebela en palabras contra sus semejantes y contra sí mismo. La indignación es menos un estado moral que un estado literario, es incluso el resorte de la inspiración”. Aquí está dicho, quizá por esto comencé un poema diciendo “Vivir de indignación, así han querido moldearme las entrañas”. Cioran alude quizá al hecho de ser el artista, en este caso el poeta, conciencia crítica de su sociedad, cantor de la vida, de lo brutal y lo mítico. Por eso poesía es también la limitación convertida en penetración, acercando a este concepto – universo una frase de Novalis. No queda duda de que, como bien ha afirmado Cintio Vitier, la vocación poética encubre un destino irrevocablemente sombrío, una absoluta necesidad orgánica de testificar los frutos más significativos de la tristeza y la desesperanza.

Su inconmensurabilidad, distancia, misterio y su condición de terreno de toda posibilidad queda puesto a prueba en la definición del prestigioso escritor francés Roland Barthes:” la Poesía es para nosotros el significante de lo <<difuso>>, de lo <<inefable>>, de lo <<sensible>>, es la clasificación de las impresiones inclasificables”. O en la de Wallace Stevens quien la considera una búsqueda de lo inexplicable, y lo que es lo mismo pero con otras palabras:”un faisán desapareciendo entre los arbustos”. José Gorostiza, el interesante poeta mexicano se lanza a definirla abrazando sus temas: ”es una investigación de ciertas esencias – el amor, la vida, la muerte, Dios – que se produce en un esfuerzo por quebrantar el lenguaje de tal manera que, haciéndolo más transparente, se pueda ver a través de él dentro de esas esencias”. Una forma veloz, un curso acompasado y deslumbrante es lo que percibimos en la definición de Nietzsche quien la llama “flecha lenta de la belleza”. Y qué pensaríamos al meditar sobre lo que dice Juan Ramón Jiménez de que la poesía no es filosofía sino metafísica? Pues toda poesía como concepción del mundo que es y que se manifiesta tiene de filosofía, pero sus esencias apuntan hacia ese más allá. Pero que si se analiza bien se le descubre su innegable cambio de curso o dialéctica intrínseca, pues es considerada nada menos que por Blanchot como”principio inexorable de movimiento, habla creadora que forma su objeto, desgarramiento de la conciencia que tiende a su centro destruyéndose, excluye todo acuerdo previo con una forma espiritual ya expresada, y sólo puede confundirse con ella reencontrándola como invención propia.” El afirma que la poesía no es necesariamente herética en su expresión, pero lo es siempre en sus orígenes, diría yo que en sus propósitos, pues “no sale más que de sí misma”.

Por eso poesía no es sólo emoción, es también instante e inspiración, rapto, pues, como afirma Martí “lo que se deja para después es perdido en poesía, puesto que en lo poético no es el entendimiento lo principal, ni la memoria, sino cierto estado de espíritu confuso y tempestuoso, en que la mente funciona de mero auxiliar, poniendo y quitando, hasta que quepa en música lo que viene fuera de ella”. Entonces no importa la elaboración de la frase, su complejidad pues “si la emoción es suficientemente intensa, las palabras no son ambiguas”. No en balde Stétie la ha llamado la línea de cresta del espíritu. La poesía también es vinculada con lo que se aleja de lo evidente, en tal sentido Juan Liscano la concibe como la facultad de ver y arreglar el mundo y a uno mismo, de otro modo que como la banalidad, el economicismo, la egolatría política, la alineación ideológica y la tecnología al servicio del consumismo. La visión singular del mundo se coloca por encima de todas las cosas y a la vez irradia a todas las cosas. Es el lado B de las cosas, como diría Haroldo de Campos, el menos socorrido. Si no comparemos todo ese largo proceso mediante el cual la poesía fue llegando a nosotros como un lenguaje codificado inaccesible, hizo gala de todos los conflictos para manifestarse hasta que se convirtió en parte de nuestro ser. Seamos Heaney, el excelente poeta irlandés bien nos explica que” la naturaleza de la realidad poética es doble: descubierta primero como un hecho extraño de la cultura, la poesía se interioriza a lo largo de los años hasta convertirse, por así decir, en una segunda naturaleza. La poesía, que al principio estaba fuera de nuestro alcance, generando la necesidad de comprender y someter su extrañeza, se convierte finalmente en un camino familiar dentro de nosotros, en una corriente que la imaginación remonta gustosamente hacia un origen”.

En ese deslizar deslumbrante que guarda este concepto, pienso que puede ser también montarse en el coraje de los seres y las cosas. O deleitar, que es según Leopardi el oficio natural de la poesía, pues los sentimientos poéticos engrandecen el concepto y nos dejan más satisfechos de nosotros mismos. ¿Por qué Todorov habla de la intransitividad de las imágenes poéticas? Porque ellas no necesitan de lo otro, son un símbolo en si mismas, son semillas, esencias de sentido. Por tanto el poema es, como dice Paul Valery, “precisamente aquello que no se puede resumir. No se resume una melodía”, ni aquello que es esencial.

Quisiera ahora detenerme en un sutil concepto sobre el género esbozado por este poeta francés. En “Nueve notas sobre poesía” afirma:”en general podría decir que la poesía consiste en la combinación de una formalidad arbitraria – ficticia con un sentido arbitrario – ficticio”. La aparente aridez del concepto desaparece cuando comprendemos que es un hecho no sujeto a ley donde opera el poder del azar. Algunos autores afirman que”la poesía es más refinada que la prosa porque con las mismas palabras nos puede entregar una verdad más concreta, y quizá también porque “la poesía se lee con los propios nervios”. La metáfora, que es su procedimiento principal, es a la vez la sustancia de la naturaleza y del lenguaje.

El poeta selecciona, para yuxtaponerlas, aquellas palabras cuyas resonancias o matices se funden en una delicada y lúcida armonía [...] la armonía más refinada se basa en el delicado equilibrio de las resonancias.

Profundizando en la doble naturaleza del género llegamos a la definición de Ezra Pound quien nos dice que la poesía es un centauro. “La facultad pensante que dispone las palabras y clarifica debe moverse y saltar con las facultades vigorizadoras, perceptivas y musicales. Justo la dificultad que significa esa existencia anfibia mantiene escaso el censo de poetas buenos”. Según este escritor lo que a la larga hace al poeta es la persistencia de la naturaleza emocional y una suerte de control peculiar. También prefiero otras definiciones más corpóreas y más sesgadas al deseo como aquella de Rosmarie Waldrop que reza que la poesía es “esta misteriosa interacción de lo privado y lo público” y “cosas en la que creo o me gustaría creer”, y el aparente juego de palabras que ella también expone:

Shelley:”Los poetas son los legisladores desconocidos del mundo”.
Oppen: “Los poetas son los legisladores del mundo desconocido”.

A estas alturas siento que hay definiciones de poesía como poemas hay y ha de haber. Esa inquietante aproximación al límite o insistente acumulación en pos de él, no su destrucción, es la que alienta mi psiquis y otras tantas, haciendo del camino un universo.

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Conferencia impartida en la Sala Adolfo Picón del Estado de Mérida, con motivo del Cuarto Festival Internacional de Poesía de Venezuela

José Martí.  Tony Cragg

Marianne Moore

  Wallace Stevens

Ernest Fenollosa y Ezra Pound

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Por: Caridad Atencio
Caridad Atencio (La Habana, 1963) Poeta y ensayista. Autora de los poemarios Los viles aislamientos, 1996; Los poemas desnudos, 1997; Umbrías, 1999; Los cursos imantados, 2000 y Salinas para el potro, 2001 y La sucesión (2004). Obtuvo en el género Ensayo los premios Calendario (2000), Dador (2000, 2002) y Razón de Ser (2003), este último por Recepción de versos sencillos. Poesía del metatexto (2001). Recibió este año el Premio de Poesía La Gaceta de Cuba con el cuaderno "Desplazamiento al margen".