La cuba profundaLa poesía de Mireisy García Rojas viene desde el mismo sustrato de la Cuba profunda, y sube por los vasos comunicantes de la sensibilidad hacia una rica isocronía con el mundo.

Entre los numerosos poetas jóvenes que hoy engalanan la escena creadora del país, Mireisy García Rojas tiene asiento y voz, pues ya es dueña de una palabra que representa, con lucidez y vigor, el alma de estos tiempos.

Sin dejar de tocar las almendras mismas del aire en que vive, sus dedos finos de mujer sensible saben también airear la tierra perdurable de lo humano, la batida intemperie del espíritu. Vea el lector la velocidad y precisión que imprime a sus versos, en los que los registros emocionales entran satisfactoriamente en las modulaciones obligatorias de lo sujeto a arte y representación.

Roberto Manzano  


 SOBREVIDA

 
                             «Sobre qué muerto estoy yo vivo…»
                                    [Roberto Fernández Retamar]
 
No soy culpable de ser sobreviviente
fue el designio irrefutable de la Ley
un sacro trasplante del espacio
una contracción a través del túnel
hasta debutar en la escena sobre las primeras manos.
 
Noche tatuada en la semilla de la memoria.
 
El himen del viaje roto por mi cuerpo
sitiado en otro cuerpo que se amputa la carne,
el llanto, la presencia
recorre sin remedio hasta el exilio.
 
Ceniza que respiro junto al polvo.
 
Soy un tercio de otro tercio
o la parte más ínfima de un todo
que se extiende discontinuo por encima de una voz
para dejarme colocar mi letra en el testimonio
de los que mañana hemos muerto.
 
Tal vez por eso no me convenza de que existo
en mi propia vida.
 
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PANORAMA
 
                             a Roberto Manzano
 
Si frente a tus ojos viene
a morir el pájaro,
si los hongos del otoño
cubren la página
y sientes el abrazo
de la hiedra
como la inmisericorde
anaconda
que tritura hasta el último eslabón de la memoria,
no desistas de tu sitio
en la contienda,
este es el riesgo,
este el precio
                         de las palabras.
Sobre el campo minado
crecen todas las flores del arca
y cuando esta lluvia se abre
nunca cesa
no esperes volver igual a casa.
Tu voz
es la parábola, la herencia
de Mahoma y de Yahvé.
Doce columnas de polvo vigilan
tu cama,
polvo sanguíneo y articulado,
establecido
en su espacio inapelable.
Mira correr el agua
de las futuras cenizas,
                                    estarás a salvo
en tu carne
mientras no dejes caer
los cuchillos
desde el sueño más oscuro.
 
Vuelve tus dedos al arpa.
Los siete dones del Espíritu Santo
vienen a escucharte,
yo también vengo
y me siento a tu mesa
aunque en una silla más pequeña.
 
Nadie puede evitar lo indetenible
si tus hojas
son larvas de tierra fértil,
si desde el fondo
                           de todos los misterios
tu pasos abren la luz
por donde la mía entra.
 
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SINCRONISMOS
 
                             a Mercedes
 
Esa luz en la orla de la tarde,
luz pródiga con apariencia de ángel
cruzando las calles a merced del viento,
viene hacia mí sin alas
con el rostro cabal de mi madre.
 
Discontinua retrocedo a corroborar el espejismo
                     —desde la otra acera—
la observo
y vuelve ante mis ojos la luz
                     —a su derecha en el sillón—
con apariencia de ángel,
sin alas, descanso de estar viva.
 

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RESONANCIA
 
                             «(...)carne bermeja flotando sin dueño
                             cazadora de orgasmos».
                                                                          [M.G.R.]
 
Un duende sicalíptico
viene a mi noche
me sube a la góndola
quebranta el equilibrio
se cuelga de mis sábanas
hasta dejarme
en medio del océano,
flotando
bajo otro cuerpo,
deslinda mis contornos,
se diluye,
se omite,
se encarna
y yo debajo,
él adentro
es un arpista
que convoca a la resonancia del verso
entre mis piernas.
 

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TESTIMONIO...
 
«Nunca deseaste atracaren palabras como estas y ahora
el horizonte es la verbena en donde ya no participas».
 
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AYMARA AYMERICH
 
Abres este libro y sientes caer las almendras. El otoño entra por tu casa como quien llega tarde a la pascua. Traes los bolsillos llenos de hojas secas para que todos vean limpio tu patio. Ahora solo quedan pequeños jaramagos y once sillas vacías alrededor de un poema. De las sábanas vienes a los espacios en blanco porque el silencio es más legible si la culpa se derrama por tu sueño. Debajo del colchón escondes la piel mojada. El cuadro del sosiego que tanto añorabas a trasluz tiene definida la impaciencia. Esta estación nunca cambia. Quien duerme contigo es una farola mustia de la noche. Yo soy el parque. Los cisnes del alba prefieren nadar en mi sangre, mientras en tus ramas solo las aves de rapiña vienen a posarse. Esta voz viaja contigo como un tatuaje de nieve. No puedes profanar la cinta que repite incesante tres toques a tu puerta. Es otoño, no tomes la siesta, tienes el suelo de vidrio y en él caen las almendras.
 
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EPI-GRAMAS
 
I. Perf-oraciones
ahora duerme
no hay diálogo
durante un breve sorbo de tiempo
alguien en mis espacios
ocupa los pasillos
sin pedirle permiso a la materia
no está solo
dentro hay un ente que lo completa
y se escuchan
ceremonias
destellos soterrados
 
perforaciones
donde el cuerpo envuelve arquitecturas vitales
donde reinan
en una ciudad disfrazada con voces y trazos
 
La desnudez es una balanza
y desequilibra al peso de los ojos
mis ojos
una góndola que viaja en la sangre de la sombra.
 
II. Pro-vocaciones

escucho entrar desconocidos en mi cuarto
los veo
 
se hacen el amor
seres que atesoran la armonía del orgasmo
estimulación ingeniosa y pervertida
extraña manera de aterrizar en mí el eco de sus besos
los oigo mientras retozan
fuerte el sonido de tantos instrumentos
y nadie como yo puede sentirlos
demoler la inocencia de la noche
trasmutan
chorrean los espejos
sortilegio y residuos subversivos
provocaciones
ven, atraviesa el cerco del tacto
busca el sitio donde forman su dimensión
donde gestan sus símbolos
mineros que descienden a lo oculto
de mi piel.
 
III. Pre-meditaciones

nada queda
ellos devastaron los jardines
y creo ser sólo otra
cuerda que sostiene retazos de soledad
un arquetipo
dios    mujer
una pausa entre palabras
o el sonido de una mariposa al vuelo
ya no escucho cabalgaduras
nadie me habla de encuentros
mientras me visita la nostalgia
de volver a la estampida
mastico hojas de laurel
y me subo al trípode
bailo
para diluir la burla que se viste de murmullos
en otro idioma
y miro como quien descubre una presencia en la penumbra
quizá sea yo misma y responda por otro nombre
pero el temor sustituye las memorias
pasos monótonos cruzando las calles
oleadas que bordean la costa de mi vino
premeditaciones
y estoy de vuelta a la intemperie
una vez más me tiemblan las manos
hasta remover la imagen que contemplo.
 
tomado de: http://www.cubaliteraria.cu


Mireisy García Rojas (Bauta, Artemisa, 1978). Poeta. Premio Poesía amatoria 1998, 2001 y 2003. Premio de Poesía Elisa Villegas 2001. Premio Encuentro Debate Provincial de Talleres Literarios 2002. Premio de Poesía Félix Pita Rodríguez 2005. Publicaciones: Séptimo relieve (Editorial Unicornio, 2003); La suerte del náufrago (Editorial Unicornio, 2006); Nacimiento oral (Editorial Unicornio, 2008).