Poesía escrita por muejeresMi condición de crítica y poeta, sin el tono que la frase supone, han permitido esta osadía: hablar de la poesía femenina cuando la mayor parte cree que «la obra creativa es reverberación de una experiencia única, y cada conjunto de vivencias establece expresiones distintas, según sea la mirada individual, la sensibilidad del escritor y, en última instancia la coyuntura histórica en que surge [...] El escritor genuino escribe de lo que es, según vive. La experiencia de una mujer no puede ser igual a la de un hombre, como no puede serlo la de un adolescente y la de un anciano, por poner una comparación más que evidente. No existe, pues, una literatura femenina en abstracto, como no existe tampoco una literatura masculina, sino escritoras y escritores que reflejan el mundo de acuerdo con su grado de talento, autenticidad y dominio del oficio». Esta oportuna cita de Mirta Yáñez ayudará a que penetre en ese cúmulo de singularidades y giros peculiares de bisagra de una escritura donde quizá sea más visible la fidelidad como una salvación. No puedo teorizar de algo de lo que soy juez y parte. Sólo intuir o trasmitir algunas impresiones experimentadas o leídas en otros intelectuales que sobre esto han reflexionado.

Pienso entonces en una fuerza expresiva y furia imaginativa innegables en sus mejores exponentes, en la actitud vital, en la autovigilancia o análisis de sí mismas, en la propia poesía. Admiro en varias autoras, en las grandes, el lenguaje sencillo, pero la sintaxis compleja, donde se dibujan una rica variedad de connotaciones a partir de palabras corrientes. A estas alturas puedo manipular y creo que ha de entenderse esta cita de Holderlin  y volver la expresión de algunas de las esencias de la poesía femenina: «Por cuanto soy más destructible que los otros, debo sacarle partido a lo que tiene un efecto destructivo en mí [...] debo aceptarlo como material indispensable, sin lo cual mi ser interior no se podría conformar». En un compás de espera vuelven a unirse el loco, el niño, la mujer. O convidar una frase del poeta irlandés Luis Mac Neice cuando describía: «Algo como de vidrio en ella, de agua muerta». Siendo el ser femenino por su naturaleza particularmente emotivo pienso en aquello que decía Eliot de que «la poesía no consiste en dar rienda suelta a las emociones, sino en escapar de ellas; no es expresión de una personalidad, sino el escapar de una personalidad»  Pero, ¿cómo es en el caso femenino? Quizá exorcizando a través de ella la angustia de una realidad hostil.

Mi instinto y no mi juicio crítico, me hacen suponer que las escrituras femeninas acaso defienden un instinto de fijeza, pues, tal como dice Silvia Plath, «Las flores y los rostros blanquean como sábana. / No confío en el espíritu: Escapa como vapor / en sueños, por los huecos de la boca y los ojos. No puedo detenerlo»; y ostentan una cualidad o habilidad acentuada, que Lichtenberg también experimentó: «esa habilidad para extraer de cada suceso de la vida [...] la mayor cantidad posible de veneno para uso propio». En lo concerniente a las emociones y la escritura femenina siempre deberíamos recordar a Auden cuando dijo: «Los  hombres y las mujeres deben enfrentarse con dificultades opuestas. La dificultad para un hombre es evitar ser un esteta... evitar decir cosas, no porque sean verdad sino porque son poéticamente eficaces. La dificultad para las mujeres es tomar suficiente distancia de las emociones. Ninguna mujer escribió versos  sin sentido. Los hombres son playboys, las mujeres realistas». A esto agrego que «se sigue lo visceral, pero lo cerebral lo corrige un poco».

Nos afanamos en mecer las puertas de nuestros encarcelados huesos.  Así aparecen obras en las que inconsciente, onirismo, transgresión y fascinación emergen a cada momento y donde se revelan zonas de la mente humana ajenas a la complacencia a través de visiones que pueden revelar «el poder del horror», y aspectos «terribles de la cotidianidad con una audacia que roza una inocencia esencial, sin abandonar la lucidez de una sensibilidad que se extrae de los rincones turbios». Para finalizar deseo expresar mi opinión más profunda sobre el tema a través de un impecable poema de Djuna Barnes. Me parece que «No hay género en el ojo del fósil, / Alcahuete, déjalo pasar», aunque sea cierto lo que asevera Adrienne Rich cuando dice que «escribir poesía es un oficio peligroso, en el caso de la mujer». Como los hombres cuando construyen un techo, ella se siente «expuesta, de un tamaño mayor que el natural / y en peligro de romperse el cuello».

Fuentes:

1 Mirta Yáñez. “Poetisas sí” en Álbum de Poetisas Cubanas, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1997, pp 26 – 27.
2 Adolfo Bioy Casares.
3 Se sigue idea de Adrenne Rich.
4 Mirta Yáñez. Ob. Cit., p. 41.
5 Kathryn Vanspanckeren. Semblanza de la Literatura Estadounidense. Oficina de Programas de Información Internacional. Departamento de Estado de los Estados Unidos, p. 85.


 Por: Caridad Atencio 
 
T
omado de: www.cubaliteraria.cu de la distribución del boletín AlasCuba
Para la imágen se utilizó como base la pieza "Mujer sentada" (1952, col. Del Moral)