"...esta inversión de la pulsión matricida en figura materna mortífera es más difícil, acaso imposible. En efecto, ¿cómo puede Ella ser esta Erinia sedienta de sangre cuando yo soy Ella...Ella soy yo?"

Julia Kristeva
Sol negro. Depresión y melancolía.

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Nancy Morejón

NANCY MOREJÓN. (*)

LA SILLA DORADA

Soy una mujercita sin rostro
sentada en la punta de una roca,
hacia la parte inferior de un paisaje
donde se encuentran un río y dos mares.
No puedo dejar de contemplarlos:
un río para dos mares, dos mares para un río;
hasta que el grito del alcatraz,
más allá de las nubes, los despierta.
No sé hablar ni tengo manos.
Un látigo inmemorial las fue cortando poco a poco.
Y apenas reconozco las nuevas palabras aprendidas.
Apenas tengo lengua para los buenos días
y las buenas noches.
Todo es inmensidad a mi alrededor.
Todo es inmenso como mi pelo de ciclón
y la bestialidad de mis abuelos:

Mi abuela Brígida, ahogada en la tinta de los notarios,
pero invencible, rumorosa y pequeña;
tatuada en la memoria de las codornices,
allá en Ciego de Ávila;
fija en la furia de las turbinas
donde anidara Felipe Morejón Noyola;
fija en la memoria de Aida Santana, con su hacha de miel;
fija en mi propio corazón.
Mi abuela Ángela, vapuleada y cantando
diezmada por veinticuatro partos,
echada a los solares con su triste canción,
echada a los perros,
echada a la muerte precoz e inmerecida,
como todas las muertes precoces,
pero cantando una canción sin nombre
en una comadrita, junto a María Teresa,
"con sus trovas fascinantes que me las quiero aprender".

Muertes de mis abuelas
que nunca conocí.
Muertes de mis abuelos depredadores
que nunca tampoco conocí.

El follaje de los sauces calma mi inquietud.
Los pájaros están piando.
Sentada ante esta espuma,
salpican los recuerdos del Colegio Academia Laplace:
La mejor alumna de cuarto grado
representa a un travieso pollito negro
cuyos hermanos eran todos pollitos amarillos
pero el pollito negro era el desobediente,
el transgresor, quizás el real culpable.
Aquella misma alumna
-imposibilitada de estudiar en La Sorbona
gracias a algunos criterios adversos, sabiamente
         escondidos
y, sobre todo, gracias a la trampa de diversos tiñosos,
interesados en probar la inconveniencia
de que un pollito negro pudiera osar pisar París-
nunca pudo dejar de ser,
nunca dejó de ser aquel pollito negro.

Soy una mujercita sin rostro.
    Vino el viento de julio.
Me habían predestinado una escoba muy vieja y un sartén,
el último puesto en la fila,
el tapabocas y la más inconsciente sumisión.
Me dieron fuerte.
A mí también me dieron con un palo.
Benditos la escoba vieja y el sartén,
el último puesto en la fila,
el tapabocas y la aparente sumisión.
Soy una mujercita sin rostro
sentada en la punta de una roca
y aúllan los güijes en la noche
estremecidos por el viento de julio.
Soy quien soy sobre una silla dorada.

(*) Poeta, ensayista y traductora. Premio Nacional de Literatura. Miembro de la Academia Cubana de la Lengua. Ha publicado, entre otros: La Quinta de los Molinos; Piedra Pulida; Elogio de la danza; Parajes de una época...

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Raina María Rodríguez
REINA MARÍA RODRÍGUEZ (*)

IMÁN

Mamá, debajo del colchón
rosada contra su piel rugosa
tuerce los dedos, canta.
La miro desde abajo,
donde caigo como un alfiler
sin prisa, sin gracia, rompiendo sus modelos.
Lloré en el vientre sí, después lo supe
(o lo sabía antes)
y me tejí desde el vientre, aquel ombligo sin pasión
para fingir un abismo.
Arrebolada desde el suelo
veo pasar su imán sin percibir más que
la angustia con que estuve
quietecita, debajo.

Todo sale y vuelve hacia ti,
desde la hendija de esa vieja puerta cerrada
por deformes pensamientos
(ahora cuerpos) en la total oscuridad de un pasillo
alargado
"Me has acompañado en lo que no viviré.
Mamá, perdí."
Tú vencedora, la piel amoratándose,
la curva de la cadera desviada un momento.
El sentido de un fin que nos sobrecoge
a las dos.
Sigo debajo del colchón junto a tu cama,
con los mismos rasgos, los mismos apuros
(las mismas obsesiones).
¡Nos parecemos tanto!
Actuando, alardeando un poco,
debajo de un alambre bien estirado
y tenso.
A un lado de tu cama siempre puesto el imán,
"la incomprensión" -lo llamas-
junto a un vasito de agua fría que recoge
ese (eterno fingimiento) de fingir de antemano,
el hundimiento.

(*) Poeta y narradora. Obtuvo la Orden de Artes y Letras de Francia, con Orden de Caballero. Ha publicado, entre otros: Para un cordero blanco; Páramos; La foto del invernadero; El libro de las clientas; etc.

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Damaris Calderón
DAMARIS CALDERÓN (*)

DOS GIRASOLES SOBRE EL ASFALTO

En el terminal de ferrocarriles
sentada con mi madre
dos girasoles sobre el asfalto.
Su mano borra todo sucio paisaje.
Nunca he comido sino de esa mano
nunca
sino de ese fruto macerado.
Me enseñabas un sendero
para que no me extraviara.
Y siempre regreso, pequeño afluente,
buscando un poco de sosiego
como se le da al enfermo
una cucharada de sopa.
Y la cuchara hace frías,
metálicas promesas
hasta que la cabeza se queda
recostada contra el velador.
Una oruga cantándole a un gusano
-la canción de la morfina-
la cabeza roída por dentro
el tallo esplendente conectado al tubo de oxígeno.
El mar, como un patrullero,
pisándome los talones.
Thalassa thalassa
he intentado vivir siete veces.

(*) Poeta, narradora. Licenciada en Letras por la Universidad de La Habana, Magíster en Lenguasy Culturas clásicas por la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, Santiago deChile. Ha publicado, entre otros: Con el terror del equilibrista; Duro de roer; Sílabas. Ecce Homo y Parloteo de sombra.

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Odette AlonsoODETTE ALONSO (*)

TERCER PISO

Lloro porque no encuentro la puerta de mi casa.
Alrededor hay fiesta
hombres encapuchados           mujeres
harapientas
música enrarecida.
Soy un niño llorando en la escalera
un pareja ríe
y yo digo    señor            tengo hambre          ¿y mi mamá?
En algún sitio mi madre está llorando
tengo un extraño miedo de que nada me salve
ni siquiera mi madre que ahora veo más lejos
todavía llorando
(quizás ella tampoco encuentre lo que busca).
Hay un gato que corre tras mi zapato verde
buscamos puerta a puerta
y en cada una un niño tiene mi misma cara
sentados en el umbral de casas que no existen
que nunca fueron de ellos
casas prestadas donde los desalojan
para hacer esta fiesta de falsos disfrazados
y trajes polvorientos.
Otros serán los dueños
y qué haremos tan solos
donde nadie vendrá a tomarnos de la mano
y a decir     hijo mío                  la sopa está servida.

(*) Poeta y narradora. Ha publicado, entre otros: Enigma de la sed; Historias para el desayuno;Linternas e Insomnios en la noche del espejo.
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LEGNA RODRÍGUEZ (*)

DOS VECES EN LA VIDA MI MADRE SE PERFUMA

cuando mi padre viene de La Habana
y cuando mi padre regresa a La Habana
porque mi padre está estudiando
adolescente cósmico
mi madre se perfuma para agradarle
para despedirlo en la acera
y mi padre también se perfuma
y le mira los ojos a mi madre
y la alza hasta el cielo
de modo que mi madre no es mi madre
sino una instalación isósceles
siempre isósceles.

(*) Poeta y narradora. Ha publicado, entre otros: Querida lluvia; Arroz con mango; Zapatos para no volver e Instalando me.