Palabras de presentación del número 184 de la revista Conjunto en el Coloquio Internacional: Socialización de Latinos en Los Estados Unidos: Educación, religión y medios masivos de comunicación. Casa de las Américas. La Habana, octubre de 2017.

Comienzo a leer el número 184 de la revista Conjunto mientras espero que la puertorriqueña Marithelma Costa -quien visitara esta institución en el verano- me diga sidespués del huracán Maríaha tenido noticias de la también narradora boricua Yvonne Denis. Intento leer mientras a mi lado, en la pantalla de la computadora, se establece muy lentamente la conexión. Veo un post de Yolanda Arroyo, desde San Juan, que se titula: “La tarde que dejamos de ser gente”. Trato de compartir sus palabras para que las lean también los amigos demis amigos, o los no tan amigos, da igual. Lo que interesa es que toda esa gente dispersa que sí tienen que ver los unos con los otros-aunque a veces no alcancen a darse cuenta-  se sienta acompañada, estemos acompañados. Trato de abandonar la conexión para continuar la lectura de Conjunto. Como la conexión es lenta hay un espacio de tiempo entre hacer click sobre “Salir” y la efectividad de la acción.

Para no esconderse orenegar. Para no avergonzarse de la herencia latina. Portada de la Revista Conjunto

Es entonces cuando recibo un mensaje de Antonio Medina, pendiente desde Cleveland y desde hace muchos días de este Coloquio Internacional: Socialización de Latinos en Los Estados Unidos: Educación, religión y medios masivos de comunicación. Me cuenta Antonio  su preocupación, su duda de poder llegar a La Habanaa causa de las inclemencias políticas. Sin palabras regreso a Conjunto y me interrumpe la llamada telefónica de un amigo. Me habla de una entrevista donde Guillermo del Toro cuenta que cierto día que conducía a exceso develocidad, un policía de tránsito le detiene y pide sus documentos, para, sin saberlo, comenzar allí mismo un diálogo que no sé si Del Toro rescatará para su filmografía pero que muy bien valdría la pena: “—Su licencia es mexicana.—Claro, soy mexicano. —Entonces, ¿qué hace en Beverly Hills?—Voy a ver a un productor. — ¿Con este coche?...”

Pues sí, con ese coche, con esa vida, con esas inclemencias climáticas y políticas, con estas interrupciones cotidianas de la vida, con conexiones a internet lentas, veloces o ausentes, con o sin documentos, América Latina y el Caribe están haciendo su historia.Por ello no sorprende descubrir una suerte de espejo entrela vida que corre en estos días y esta nueva entrega de Conjunto atravesada por dos  venas temáticas: teatro y participación política y un dosier centrado en la escena latina en los Estados Unidos. Sin embargo, mientras la lectura avanzaaparecen,a ambos lados de dichos ejes, varias ramificaciones entremezcladas con las prácticas y políticas del cuerpo.

Andre Carreira, desde su observación del impulso promovido a partir dela carencia, contextualiza la participación colectiva desde la escena, como generadora de experiencias y acontecimientos. Analiza el sentido de esa participación cuestionando las conocidas zonas de confort y la imposibilidad de sostener dicha participación como valor abstracto, independiente de redes de conocimiento y procesos políticos.

¿Dónde verdaderamente está la acción?¿Qué pasa en esa estera que se desplaza entre lo personal y lo comunitario?Son algunas de las inquietudes. Desde qué lugar físico, emocional y social participamos yel ejercicio de impugnar por igual la pasividad y algunos peligros participativos en la construcción de un discurso artístico también encuentran asidero en este texto que logra en su metodología justamente lo que propone para la escena: ir más allá de la participación y convertirse en movilización. Una movilización que rija una praxis donde la condescendencia no tenga lugar.

Una movilización como la que pone sobre la mesa Ricardo Dubatti en su texto sobre la guerra de las Malvinas, como sujeto de la novísima dramaturgia argentina. Una movilización desde un legado de silencios y heridas que revisita el pasado a partir de la reconstrucción de ciertos relatos políticos. Un análisis de la dramaturgia de tres creadores nacidos en los años ochenta del siglo XX da fe de la necesidad de convertir el teatro en una zona de experiencia, desde la cual hablan no ya antiguos combatientes de la guerra de las Malvinas, sino sus hijos; la historia devenida representación memoralista del acontecimiento bélico que ha sido una de las temáticas más potentes en el teatro argentino de los últimos treinta años.

¿Por qué los “novísimos” de la escena argentina siguen retomando el tema de una guerra en la que no pelearon? ¿Una posguerra tiene fin? ¿Acaba alguna vez o acaso es trasmitida en el ADN, de generación en generación? Las respuestas a estas preguntas las ofrece Dubatti releyendo las poéticas de estos jóvenes dramaturgos que escarban en lo no dicho y ponen al descubierto todo el horror mientras se replantean la noción del héroe. Ese mismo héroe que en su manifestación de héroe cultural  colma las páginas centrales de este número de Conjunto donde es posible encontrar un valioso dosier dedicado a la escena latina en los Estados Unidos. Ese héroe cultural que entrega a sus semejantes los diferentes objetos de la cultura, a saber: el fuego, los instrumentos de trabajo, los oficios, las artes... De ahí la motivación inicial del dosier de mostrar los vínculos entre teatro y educación a partir de las reflexiones de estudiosos y el testimonio de experiencias concretas de estrenos, puestas, performances, actividad comunitaria y activismo social, todo ello atravesando fronteras, las geográficas y las del dolor y confrontando sitios y estados de tensión.

Pablo García Gámez, a quien la publicación agradece especialmente su colaboración para la conjunción de estos textos, crea un nuevo modo de narrativa convivencial en su análisis de la importancia del performance en el mundo cultural latino de Nueva York. A manera de quien traza una hagiografía, Gámez, reseña tres performances realizados en la calle en el período de doce años, comprendidos desde el 2005 hasta el año en curso. Quedan develados propósitos sociológicos, intereses de acercar el teatro al ambiente urbano vivo, así como una marcada intencionalidad de hurgar en ese término tan en discusión y tan en movimiento que es la identidad, máxime cuando de la identidad de un emigrante se trata. Las diferencias entre el público que se mezcla en unos casos y la separación entre actores y observadores por una cuerda en otros son analizadas en este acercamiento que no es mero acto referencial sino un interlocutor de la cotidianidad histórica de una comunidad subalterna absolutamente necesitada de un sentido colectivo.

Tere Martínez, continúa este dosier, avizorando en voz alta –y con ello nos hace partícipes del diálogo- cómo el teatro puede ser una técnica positiva de enseñanza, una manera efectiva de crear conciencia de las necesidades propias y ajenas. La certeza de Martínez de que sumar destrezas académicas a través del teatro que va de la escena al emporio académico puede conducir a elevar el grado de empatía en la búsqueda de soluciones colectivas es garantía de su labor. Sus talleres de teatro educativo en el salón de clase,que han ofrecido nuevas oportunidades a los estudiantes, se convierten en armas de pensamiento crítico y convierten la educación en el ejercicio indagador e inquieto que este momento necesita.

En esa misma cuerda, Wilfredo José Burgos Matos, comparte su experiencia de performance y sanación en un aula neoyorquina. La enfermedad, la vulnerabilidad convertida en instrumento de trabajo. El handicap y el límite, empleados como oportunidades de diálogos hacen de este testimonio no solo una demostración de la validez de los útiles emocionales sino un alegato que pone al cuerpo en el centro de toda escena. Un cuerpo que se convierte en hogar de tambores,  dolores, espíritu y escucha atenta hacia el interior. La devastación del propio cuerpo enfermo de Burgos Matos se convierte en metáforay representación de la identidad emigrante. Así su dolor y su experiencia de vida llevan, a través del performance que realiza en el aula, una especie de espiritualidad a la academia, haciendo de su cuerpo un laboratorio experimental donde el performance y la educación van de la mano, con su dosis de riesgo y de improvisación pero también de supervivencia, necesidad y permanencia.

Otros cuerpos que desobedecen normas aparecen en este dosier. Cuerpos transnacionales que atraviesan capas sociales. Estos son los cuerpos de Teatro Círculo, los cuerpos de GALA y los del colectivo Secos y Mojados, de los cuales hablan, indistintamente, Eva Cristina Vásques, Dery Martínez Bonilla y Paola Marín.

Durante veintitrés años Teatro Círculo ha promovido la diversidad y la herencia de la cultura latina en Nueva York a través de un programa signado por la estrategia de inclusión sociocultural y educativa. Fundado en 1994, gracias a la iniciativa de un grupo de artistas puertorriqueños, ha fomentado la pluralidad en los Estados Unidos y promovido la apreciación de la riqueza de las culturas iberoamericanas. Ha realizado numerosas giras por diversas regiones norteamericanas y consiguió ser una de las primeras compañías de teatro latino dueñas de una sala teatral en Manhattan. Vásques, en sus apreciaciones, además de hacer un balance histórico del conjunto, se adentra en elnúcleo de una labor grupal que mira el futuro a través de la transformación de relaciones sociales, políticas y culturales en función de la comprensión de la identidad diaspórica, con sus características y matices.

GALA, siglas que sintetizan el nombre de Grupo de Artistas Latino Americanos, fundado en Washington en los años setenta del pasado siglo, tuvo entre sus primeras premisas, según apunta Martínez Bonilla, el establecimiento de un teatro que respondiera a las necesidades culturales de los inmigrantes y exiliados latinoamericanos de entonces. Hasta hoy mantiene vigentes sus principios de establecer un centro desde donde producir teatro hispano y hacer consciente al público anglosajón de la riqueza del mismo. Con un repertorio que incluye teatro, música y danza, entre otros, logra, al decir de Bonilla, una estrecha relación con el mundo teatral de muchos países hispanos. Esta interrelación está avalada por una labor innovadora y altamente profesional desde el bilingüismo, tantoen los nueves años iniciales durante los cuales las obras eran representadas en español y en inglés, como en los lustros posteriores donde proveen de espacios para subtítulos en pantallas localizadas en lo alto de la boca del escenario. Lo vital, lo esencial es la posibilidad de no esconder, no renegar, no avergonzarse de la herencia latina. Su labor al servicio de la comunidad ofreciendo clases y talleres logra acercar adultos mayores y jóvenes en riesgo, lo que ha hecho que su inserción en la cultura de Washington haya devenido acto de defensa de las raíces y el legado latinoamericano.

La labor de Violeta Luna y su colaboración con Secos y Mojados es revaluada por Paola Marín quien lanza al ruedo la intensa labor de Luna con este colectivo como paladines del trabajo de los cuerpos –devenidos cuerpos sociales- en la representación y visibilidad de las experiencias de inmigrantes y refugiados, la violencia, el tráfico sexual y todas los guiones que definen las crisis sociales.  Este colectivo interdisciplinario, desde su labor performática, cuestiona la visión normativa de la educación y defiende la consideración de que el performance y el teatro no son lenguajes enfrentados, ni opuestos en lucha. Marín recuenta la importancia de la base del teatro documental para este colectivo y su centralización en las marcas del cuerpo. La decisión de las audiencias sobre si participar o no en los performances que construyen nuevas narrativas, sabiendo que son per se narrativas incómodas, son algunos de las cuestiones que este texto aborda.

La inserción en el dosier de los apuntes de Vásques, Martínez Bonilla y Marín sobre la labor de Teatro Círculo, GALA y el colectivo Secos y Mojados permite al lector trazar un hilo histórico y cronológico del teatro latino en Estados Unidos desde los años setenta hasta los dos mil. Con importantes datos testimoniales, estos textos contribuyena un mejor encuentro con la memoria y ofrecen una militancia estética que logra abolir fronteras a la vez que permite la circulación de saberes..

Central en el dosier es la presencia de Josefina Báez. Magníficamente presentada por Sharina Maillo-Pozo, emerge la dominicana nacida en los rincones de La Romana -a donde no llega el flash de los turistas- y emigrada a Nueva York. Pozo  al describir con virtud el método de trabajo de Báez, vuelve más cercana la Autología del Performance y nos convierte a todos en co-creadores. Conocedora, Sharina Maillo Pozo  relata las raíces de la performancera, da fe de la base de un trabajo asentado en la cultura popular y la cotidianidad que investiga aspectos tan disímiles que van de la biomecánica del teatro y las danzas clásicas de la India hasta el spanglish, para luego reunirlos en un método creativo que, para qué engañarnos, es solo, única y excelentemente, el “método Josefina”. La importancia del diálogo activo con la historia y su gente fluye desde este análisis que ofrece testimonios de creadores de Ecuador, República Dominicana  y Puerto Rico que han emigrado a Estados Unidos o a Europa o que incluso viviendo en su país natal han establecido actos co-creativos con Josefina Báez. Colaboraciones que engrandecen, sin lugar a duda, la autología del performance, en su fluir y en su eterno retorno al presente.

Dominicanish, de Josefina Báez ocupa las planas centrales del dosier. El texto de un performance que desde el año 1999 está en permanente renovación, en permanente reescritura de palabra y cuerpo es una escena no lineal, fragmentos de la vida de una emigrante que trata de aprender inglés.La dominicanish de La Romana, la hermana, la working class, la que se peina como morena, deja aquí un mensaje que la posiciona en el centro de la marginalidad a la par que a la altura de uno de los más trascendentes actos políticos de nuestra época cultural.

Despiden este número de Conjunto iluminadoras reseñas sobre la Cuarta Muestra Internacional de Teatro de Sao Paulo, el Festival Itinerante de Teatro Latinoamericano Ámbar en Perú y la Novena Edición de la Jornada de Teatro Callejero celebrada en Matanzas, Cuba. Acontecimientos todos ocurridos en este 2017, comentados por Valmir Santos, Leticia Robles-Moreno y Frida Lobaina quien, para su labor, entrevista a la dramaturga y actriz mexicana  Sayuri Navarro.

Si en páginas anteriores, Conjunto, había trazado un arco desde los años 70 hasta la actualidad para recorrer y mostrar la escena latina en Estados Unidos, ahora diserta desde los reflexivos y cuestionadores festivales de este 2017, donde no solo se habla de escenarios, sino también de calles,investigaciones, comunidades y bases afectivas. Desde las experiencias del cuerpo, estos apuntes reseñan las materias primas de los procesos creativos, las preocupaciones y los discursos sobre la violencia doméstica, el racismo y las identidades de género. Santos, Robles-Moreno y Lobaina vuelven sobre las raíces y los actos de resistencia. Hablan de las disidencias de esos cuerpos de la escena que exploran otros espacios de conciencia y teatralidad.

Si esto es una tragedia, yo soy una bicicleta, de Legna Rodríguez Iglesias, premio de Teatro de Casa de las Américas es uno de los libros reseñados en el cierre de este número de Conjunto.La inquietud etnográfica desde el teatro, la amplitud de registros, los vínculos con la contemporaneidad son algunos de los méritos que Mariana Percovich destaca en este libro de Legna Rodríguez. Otras reseñas, obituarios, acuses de recibo de publicaciones y notas sobre teatrólogos, dramaturgo y teatros hacen mayor el alcance de Conjunto y vuelven más vigorosa la capacidad de resistencia que emana de estas páginas.

La probada capacidad de comunicación de esta publicación, dentro y fuera del mundo del teatro está avalada por su inmersión en la escena cultural, social y política, reinventándola constantemente como parte de un proceso que habita acá y allá, discrepante y a la vez coherente. Conjunto vuelve a movilizar por la  relación fundamental que establece entre escena y público, actores, dramaturgos y espectadores, conscientes todos de que formamos parte del mismo proceso, haciendo de la sobrevida un acto absolutamente creativo. Conjunto habla desde la resistencia y eso es lo que fundamentalmente  nos convoca esta tarde, en la esperanza de que, como lectores de toda esta labor, nuestros cuerpos personales alcancen también a convertirse, alguna vez, en cuerpos históricos, necesarios y dialogantes en la escena social actual, en la que permanecemos, pese a estas inclemencias climáticas y políticas, con estas interrupciones, con esta vida, manejando “este” o ningún coche.