Quadrivium y la palabra que saltaUna palabra salta de la lengua o, mejor dicho, del teclado. Retoza en el monitor y luego aparece en la hoja impresa. Busca su lugar, forcejea hasta que lo halla, hasta que se hace del lugar en la hoja impresa. Palabra pugilista que encuentra su cuadrilátero en el libro de ¿cuentos? Quadrivium (Ediciones Unión, 2011), de Alexander Machado, que recibiera el Premio David 2011, en ese género literario.  

Ahora bien, incrustándose sobre cada una de sus páginas, ¿qué quiere?, ¿qué trama?, ¿a dónde pretende llegar? “Quadrivium”, dice la palabra, y se diluye, se derrama otra vez sobre la hoja en blanco. “Encrucijada”, dice ahora, en su nueva forma, en su nuevo ser, la palabra transformista.
 
Luego deja ver el momento en que cuatro caminos confluyen. Momento cero. De definiciones. Cuando la flecha está a punto de atravesar el gaznate del pájaro. Cuando la gacela va, descuidada, hacia su perdición. Cuando el minotauro, ya en su último gesto, atraviesa el cuerpo del soldado jactancioso, que ignoraba que su destino no era la victoria sino ser la víctima de su propio destino, del cual nadie puede escapar, al modo de los personajes del teatro griego clásico. Aunque en este caso es de una manera distinta. Ya no se cree en los dioses, en sus designios, y se ignoran. O tal sea que no existen tales designios y solo se debe tener en cuenta el instante que viene.
 
Hay un momento que los fotógrafos llama el punto muerto. El punto en que se detiene un movimiento, se congela, y se sabe que empezará otro. ¿Sugiere esta palabra caprichosa que nuestras existencias deben guiarse por ese punto muerto, que hay que distinguir como distinguen los fotógrafos su punto muerto, a pura intuición? ¿O es que sencillamente no se puede detener ya, y el próximo movimiento se producirá hágase lo que se haga? ¿Destino que traza la palabra, siguiendo al pie de la letra su propia letra?
 
Palabra inclemente. Y también saltarina. De una página a la otra. De un cuento al otro. ¿Cuento? ¿Minicuento? ¿Fábula? ¿Mito? ¿Qué artefacto literario ha hecho nacer esta palabra? ¿Cómo definirlo? ¿Equipararlo, ponerlo frente con frente a ciertas zonas de Juan José Arreola o Augusto Monterroso? La hiperquinética palabra se pone más hiperquinética que nunca.
 
Si ha saltado del teclado, si ha huido del monitor no ha sido para que ahora a alguien se le ocurra encasillarla. Es y no es eso. O más bien, es todo eso a la vez. Es cuento, minicuento, fábula, mito, teatro clásico griego. Es una relectura del ser humano a través de sus modos de dar fe de su historia, que es como decir de sus saberes. Pero todo eso no es más que palabra.
 
No es el agua lo que compone la mayor parte del cuerpo humano, sino la palabra. La palabra que lo hace, que le da vida. Palabra que salta y dice Quadrivium, o, sea, cuatro caminos, encrucijada, momento en el que algo va a pasar.

Por: Norge Céspedes