Rafael Grillo Hernández De vuelta al día de todos los días

           a la memoria de Raúl Hernández Novás

De vuelta al día de todos los días
ingreso al hospital
con los demás
dementes.
El fantasma de una existencia anterior a los recuerdos
atraviesa el pabellón. Me invita
a seguirle, de nuevo, a través del hueco
que Faría el Abate cinceló en la pared para la fuga.
Niego con un giro de péndulo invertido
de mi dedo índice en estado erecto,
y dibujo sobre aire el conjuro:
Un círculo perfecto alrededor de mi faz.
Compruebo el nivel del agua en el vaso
que dejé sobre la mesita,
y solamente una pulgada

—para alivio mío—
se ha evaporado desde la última vez.
Maurice Blanchot, el enfermo
de la cama de al lado, no cesa
de hablarme de “la inminencia del
desastre”
la inminencia del desastre,
la inminencia
el desastre...
Letanía que suelo atender para no olvidar
cuanto menos, la oración final:
“Aprende a pensar con dolor”.
Si bien ese consejo alguien me lo regaló ya en otra
época remota donde no sirvió de mucho.
Toca al médico hacer la ronda.
Delante de mí se detiene, saca
la sonrisa del querubín y la pastilla del diablo.
Simulo tragar y guardo en el bolsillo bajo la lengua
a la que escupiré en cajita disimulada por la almohada
nomás se retire el enviado de los dioses claros.
(Consumir placebos produce raras indigestiones,
lo he comprobado).
Voy a la ventana,
una voz de adentro me exhorta a disfrutar el paisaje
y razones no le faltan:
Afuera caen bombas, iluminadas
como cristales de cuarzo.
Un elefante marca los pasos del actor que ensaya
el instante de la caída. Tinte carmesí le brota
por los agujeros donde se alojaban sus colmillos.
Luce en pose para la foto
el niño que llora sobre la madre muerta.
Imita bien a Terence Hill el adolescente
que hace dar volteretas al revólver y a seguidas
lo descarga contra la perrita del vecino.
Una mujer con rostro idéntico al de mi madre
prepara la cena trescientos sesenta cinco del año,
y se me escurre el hambre con visión tal:
Blanco arroz y huevo y col. Negro caldo de frijol.
Ying-Yang.
Harto al cabo de felicidad y belleza,
me tiendo a reposar.
Alcanzo todavía a gozar el blanco impoluto del techo,
aunque la imagen de una noche estrellada,
con luna y astros que titilan,
escapada de la pertinaz memoria
de tiempos idos,
amenace con inquietarme.
El tipo de enfrente ha puesto muy alto la radio.
Pero las melodías ayudan a dormir.
Hasta mañana.
Que es
el Día.
Y Todos.


Game is over

Encima del juego y los aciertos
en un cuadrado de estigma    sin medidas
esperas el holocausto de la noche
sin zapatos con hebillas
en las copas   en la inercia
que rebosa la intemperie
la jugada    la estocada final
el artificio que te dará la ciudad
su madrugada que sabe de triunfos y renuncias
la mañana que sabes sin prisas
aletargada en una esquina
del reloj de la semana
como una esponja que absorbe todo sin razón
lo que quieres     lo que no
lo que prometes cada vez que te marchas
encima del juego y los aciertos
a las preguntas que no se pronuncian
y escuchas el sábado   casi inútil
el mismo    el único
las preguntas que adivinan tus deseos
recogidos   escondidos
protegidos del juicio y el desafío
en las copas    en la inercia de una madrugada
que tentó a la mañana … a la intemperie
que sabe sin prisas de los artificios
del reloj de la semana para plegarse
como esponja      defenderse de la estocada final
de la última pregunta sedienta de vacío
de dejarte sin fuerzas en las primeras
horas de un domingo    inútil como sábado
sin zapatos con hebillas
que hablen de obsesivos   de rituales
de cuadrados como estigmas   de señales
que digan cuando termina la espera
cuando empieza la noche del polvo
del iluminado que escucha las preguntas verdaderas
no sus deseos de triunfos y renuncias
aletargado en una esquina   de jadeos y lamentos
de turbios esfuerzos   como juegos
que absorben todo lo que quieres
lo que no es esta inútil madrugada de domingo
que empezó a tejerse el sábado en la noche
cuando pensaste "si fuera diferente"
diferente el olor     y las pisadas
diferente el ritmo   y los rostros
iguales las preguntas pero ciertas  ya sabidas
empujado el holocausto de la ciudad
como juicio que se marcha cuando lo prometes
sin prisas   ¿tanto sabe de esperas y de triunfos
o sólo anuncia la estocada final
la última pregunta   el primer bostezo
y el último porque llega la mañana?
y te quedas a la intemperie aletargado
en una esquina   en la inercia
rebosado de copas   hastiado del juego y sus aciertos
¿tic tac?   marca el reloj de la semana
y suena así
como una primera pregunta
como otro desafío
como la próxima renuncia.


Aloja los futuros espejos insondables

         a L.L., gallina ciega siempre al pie de algún abismo

Acuna debajo del ala la verdadera oscuridad.
Ha dejado que el contraste de sombra y suelo
confunda a las legiones cabizbajas,
amenazándolas con nubes de plumas y lombrices por venir.

Teje con hilos de Ariadna, fugas hacia el interior del gallinero.
Aloja los futuros espejos insondables en el nido,
ocultos bajo piedrecitas coloreadas y cadáveres de hojas,
y autografiados por enemigos que no volverán a serlo.
Empolla por vicio, con la misma obstinación paciente
que la caverna pare estalactitas.

“Aristóteles dixit, es la clave de su oratoria.
El verbo cosido a la carne petrificada del pico
ambiciona la sensatez de los muertos”,
ironizó alguno (poco antes de quedar aplastado
bajo el pisotón de un amante rival).
Cuando un gallo gitano indaga
sobre el paisaje tras la próxima colina,
le dibuja en respuesta el house, tree, person
alrededor del buche.

La ceguera, que le garantiza afectos y privilegios en el comedero,
no es simulada, mas la verdadera oscuridad...
¡Ay! Aloja los futuros espejos insondables...
ambiciona... confunde a las legiones cabizbajas...
pare estalactitas con la misma obstinación paciente... teje...
dibuja house, tree, person... Con tal despliegue poco tardará
en imponer la superioridad de las gallinas ciegas.
 


Fin de la historia

Mañana
no regresarás
La naranja se detuvo a mitad del aire
entre la rama
y el suelo
Hoy comienza la eternidad
Será calurosa y seca
como este junio
forzado a no seguir
y el planeta varado
en medio
de cambio climático y
calentamiento global.
Por alguna avenida del ciberespacio
se embotelló
el email del amigo
Algo feliz se extrae a todos los finales:
el negro detritus del dinosaurio
no se agotará
en las entrañas de la Tierra
Nada más he de aprender
de mis padres
ni del naufragio de Colón en mundo nuevo
la guerra de Cien Años
y los cien de soledad
A la esperanza podremos, al fin
liberarla
y hacer borrón encima
del miedo a la muerte
No seré Cristo ni tú piedra
¿para qué
otras resurrecciones y trasmigraciones…
y emigraciones?
Caigo en cuenta que ya
hemos sido absueltos
Todos
hasta el líder y su revolución, salvados
de la maldición de la noria
Más allá no iremos
Tú y Yo
Inmóviles
hasta siempre Más Acá
Aunque no alcanzamos a descubrir
el rincón del alma
Eso a nadie importa
Ahora menos
cuando el existir sobrevive
a tiempo y lugar
Vigilo la tarde
el Sol en su ocaso perpetuo…
Ayer —me lamento—
no dije adiós a la última
Luna
Advenido el instante
Infinito
¿Todavía alguien dirá de un Dios?
¿Qué sinrazón propiciaría
—luego de esta—
que vuelva a
enunciarse
una pregunta?


Rafael Grillo.

Periodista, ensayista, narrador y poeta.Actualmente es jefe de redacción de la revista El Caimán Barbudo y editor de la publicación digital Isliada.com ( http://www.isliada.com/ ) sobre literatura cubana contemporánea. Además colabora como redactor de la sección Isla de Letras en el medio digital Cubanow.net.