Presentar un libro de análisis literario sobre la obra martiana no es, para nada, excepcional en nuestro país, lo que lo vuelve una tarea difícil. Porque mi misión, en este caso, sería hacerlo atractivo, diferente a los ojos de ustedes. Eso, necesariamente, implicaría referirme no sólo a las virtudes de su contenido –bien relevante, por ser uno de los muy poco frecuentes análisis estilísticos—sino de su posible amenidad y belleza. Y eso, lo sabemos, no abunda demasiado en los estudios teóricos a nuestro alcance.En este caso, y por suerte, se trata de un verdadero ensayo, y no de un texto árido, compendiador de datos, citas excesivas y disquisiciones más o menos inteligentes en estado bruto, de agobiante intelección para un no iniciado.

Un espacio de pugna estética, presentado exquisitamente por Ediciones Matanzas, pese a la contundencia de su título, se deja leer con notable facilidad. Con seguridad, a causa de que su autora, Caridad Atencio, al tiempo de investigadora y ensayista, es, como la mayoría de ustedes ha de conocer, poeta de largo oficio, y asume todo texto literario en que se empeña, como pensaba Aristóteles –y como cita ella a inicios mismos del volumen—a semejanza de un género de la poesía. Y así es como encara su exégesis de este hábeas martiano, compuesto por las denominadas “Escenas norteamericanas”, de las cuales no podemos olvidar que habitualmente han sido clasificadas como “crónicas” y que fueron escritas durante la década de los ochenta del XIX para ser publicadas en periódicos latinoamericanos: ellas resultaron la verdadera carta de presentación de Martí en vida –y no sus versos precisamente--, por ellas lo reconocieron sus contemporáneos, quienes, también, vieron en su periodismo, por sobre todo, al poeta.

Este es justo el angulado que Cary retoma y rejuvenece a través de un tremendísimo rigor conceptual y un desenfado formal que la distingue de la “norma” científica. Al tiempo que sistematiza saberes de las más connotadas fuentes (Julio Ramos, Vitier, Carcía Marruz, Susana Rotker, Foukner, Barthes...) --y con ello implica estrategias de análisis bien contemporáneas—no teme realizar afirmaciones conclusivas contrapuntísticas, que pudieran resultar irreverentes a ratos --como cuando desliza en nota el texto que los análisis martianos: “no son sagaces, son sobre todos éticos”—1 tras haberse dado al placer sobrado de justificarlas.

Eso nos ayuda a nosotros, lectores, a comprender y, más allá, aprender. Realiza su desmonte de las “Escenas...”martianas, pero, además, refiere todo el universo de conocimientos que debido asimilar y que la acompañan en el texto mismo, o en notas al texto, que, la mayor parte de las veces compiten en sutileza y amenidad con el discurso principal. Los de Cary son acercamientos sabrosamente condimentados, asimismo, con citas paradigmáticas martianas, nunca sobradas, y culminan y se concretan en una propuesta categoríal propia, según la cual concluye estableciendo cómo las “Escenas norteamericanas”, pese a ser consideradas hasta hoy como crónicas, no lo son en puridad, sino que reinan trangresivamente en lo que ella denomina a partir de ahora “Inter..género”, “(...) espacio proteico que asimila lo ya depurado y ya cristalizado de los géneros literarios tradicionales”2, y acabo de citarla. Y uno lo cree absolutamente, porque ha comprendido y ha aprendido con lo que nos ha dicho con belleza.

Y no quiero evitarme el volver a citarla para demostrar esto último, con solo un fragmento ejemplar de lo que van a tener a su alcance:

(...) y es inevitable acceder a las constantes enumeraciones que le tensan el sentido. Conciencia de la palpitación de la realidad circundante, de su ámbito como fragmento y resistencia ante él: Todo la mente, la mente poderosa, la pupila ingente lo puede absorber y construir, captar y procesar, y si en la práctica no pudiera, el cerebro se construye esa ilusión: como asumir lo moderno con un gesto antiguo o medieval. ¿Qué papel se le concede en todo esto a la nostalgia?

Recordemos, para terminar y ser, al fin, todo lo canónica que reclaman las circunstancias, que Cary, la ensayista, la poeta, tiene cinco libros clasificados –canónicamente, claro como poesía: Los poemas desnudos(1995), Los viles aislamientos(1996), Umbrías (1999) Los cursos imantados (2000) y Salinas para el potro (2001), y dos anteriores de ensayo: Recepción de los Versos sencillos: poesía del metatexto (2001) y Génesis de la poesía de José Martí (2003); y, además de otras muchísimas publicaciones en medios especializados –no sólo en Cuba, sino también en Costa Rica, Venezuela, los Estados Unidos, México...-ha resido en dos oportunidades el premio “Dador” –justamente por poesía y ensayo—y, asimismo, el “Razón de ser”. Leamos, pues, a Cary , y dejemos que la razón del análisis sea conquistada con fineza, y, con ello, el espejo se vuelva su propio espejo.

Por: Mayra Beatriz Martínez

Ensayista e investigadora (1955)

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Caridad Atencio: un espacio de pugna estética, Matanzas, Ediciones Matanzas, 2006,p.32.
Ibidem, p.66.
Ibidem,p.19.