Reacciones Adversas. Hogo Hodelín SantanaHugo Hodelín Santana es un poeta peculiar, aunque la poesía que ha venido regalándonos desde hace mucho tiempo, se incluya en la mal llamada antipoesía latinoamericana, pues en nuestra modesta opinión, poesía es poesía, a pesar de la infinitud de las recetas, si es que en realidad existe alguna receta para la creación. Hugo Hodelín Santana es un poeta peculiar porque a cada ser humano, a cada creador, corresponde un camino, una suerte,  y no la del otro, nunca la del otro. Y él ha sabido escuchar, escucharse, responder con certeza a sus más legítimos interiores.

Reacciones adversas, su último título, publicado por Ediciones Vigía, mantiene el mismo aliento, pero a diferencia de los anteriores, logra un tono mesurado, la calma ideal para la contemplación y la sabiduría. Cuando uno avanza entre sus versos, puede preguntarse: Qué hay de adversas en estas reacciones. Quizás la adversidad esté dada por lo inesperado, por lo que el hombre trivial no espera y no quiere aceptar, por lo que el poeta asume con ironía y cinismo, por lo que el poeta ve con ojos de felino en la profundidad de la noche.

Marginalidad, desenfado, sexo, deporte, amor, desamor, todo lo que la vida ha dado con amargura y pasión, están aquí, contados de la única manera posible para Hugo, quien me ha dicho entre Martín Dihigo y Hemingway: “Algo de ron, mujeres, algo de cigarrillos y café. Sobre esta línea descansa el orden y la seguridad del mundo.”

En alguna intersección de esta ciudad, de vez en cuando, me encuentro a Hugo. Hablamos apurados, pero hablamos. Apurados, nos decimos versos y nos contamos los últimos proyectos. Ayer yo andaba taciturno y, en la intersección llamada Reacciones  Adversas, Hugo me contó su conversación con Horace MacCoy:

Yo me dije:
¿merezco todo esto?
Horace dejó de teclear en la máquina,
alzó la vista.
me miró por encima de los espejuelos,
inclinó el pulgar
y me dijo:
¿Acaso no matan a los caballos?  


Por: Israel Domíngez


POESÍA DE HUGO HODELÍN


Algo de ron

Algo de ron.
Mujeres.
Algo de cigarros y café.
Sobre esa línea descansa
el orden y la seguridad del mundo.

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Al comedor de cultura

Sé que eres más calumniado que la Virgen María.
Sé que te comentan y de tí se burlan.
Santo Patrón.
Refugugio del bajo ingreso.

Puntual como una puta arrancada
Puntual como el solticio de verano.
Puntual como el jueves de Pentecostés.
Sacudido entre cazuelas  gatos   escobas
de frijoles con frijoles.
De sopas de agua.
De arroz blanco
purísimamente blanco,
como el camisón del padre de la catedral
                 /en la misa de los domingos.
De tu pequeño minúsculo platillo fuerte
dejado sobre la bandeja.
Abandonado,
tan abandonado
como un periodico tras la lluvia del verano.

Ven que yo vuelvo.
Ven y que no nos falte
esta gracia del señor.
Y que te abandonen y acuchillen los otros.
Los otros que son y serán siempre los otros.
Que no somos nosostros,
hombres que te atravezamos a pasos largos
con hambrientas cucharas entre las manos.

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El polvo del camino

Ser humilde puede ser pecado.
Tus zapatos rotos
harán que el tipejo te abandone a la burla.

Ser humilde puede ser un delito.
Contra el ojo que ve y no ve lo que ve.

Ser humilde puede ser una bomba de tiempo
en manos del delirio.
Un sabotaje
que no te permitirá pasar del lobby
y la incesante negativa del agua y la cuota de cerveza.

Aunque hayas hecho tu mejor poema,
el hambre del día se acomodará en tu estómago,
como una mujer tierna,
de una manera cruel y perversa.
Cuando sólo el silencio sea tu hijo complice.


Hugo Hodelín Santana