Cultura Gay            El alma no tiene sexo ni color     
               Proverbio persa

Todo grupo o minoría humana que por asumir y compartir prácticas no toleradas desde presupuestos ideoculturales establecidos como rectores por determinada sociedad, genera expresiones culturales signadas por la resistencia respecto al stablishment, y degeneradas muchas veces en verdaderas caricaturizaciones de los moldes autorizados, lo cual impide su desarrollo hasta una consolidación genuina.

  Las minorías en cuestión: raciales, sexuales, religiosas, a fuer de generaciones y generaciones de represión de su orgullo intrínseco, de minimizar los valores culturales legítimos, de negación identitaria, tienden a desarrollar inconscientemente un espíritu de autodiscriminación, tergiversándose los objetivos a seguir en su puja por la validación, tolerancia y aceptación dentro de un mundo plural y diverso.

O bien asumen la imitación de la norma como punto culminante de su bregar (un ejemplo simple es el hecho de que muchas personas de la raza negra busquen transformar su cabello a imagen y semejanza de las personas de tez blanca) o bien desarrollan un sentido gregario in extremis que parte de la legitimación a ultranza de sistemas de valores o al menos de rasgos identitarios por encima de los aceptados, que por impositivos (como la jerga homosexual que califica a los heterosexuales de "cheos") no dejan de ser válidos desde una perspectiva conciliadora y equitativa.

Ocurre entonces no más que un cambio de roles, y la "minoría" en cuestión, en vez de perseguir la integración y el equilibrio, busca la sustitución de una hegemonía por otra, con otros defectos, siendo injusta desde el mismo instante en que se propone como la opción última, negando que, más allá de todo el sufrimiento cargado por la Humanidad sobre las espaldas, tales grupos están integrados por seres humanos, dignos de ser reconocidos a partir de esta condición, y por ende también proclives a errar, a asumir actitudes egoístas, vengativas, discriminadoras, impositivas.

  Los activistas que luchan por la validación de estos grupos sociales que subsisten dentro de contextos discriminadores tratan de adoptar a manifestaciones y creadores que respondan en algún aspecto a la escala da valores, etiquetándolos y por ende limitan su polisemia, su universalidad, su trascendencia.

  La Antigua Grecia era una civilización donde la sexualidad no estaba signada por prejuicios hacia las relaciones entre representantes del mismo sexo. Partía esta cultura de la defensa de presupuestos estéticos muy altos como el amor por la Belleza arquetípica, más allá de estructuras físicas, salpimentada por un machismo que consideraba a la mujer un ser inferior,incapaz de sentir con la misma profundidad de los hombres. No proscribía el homosexualismo, sino que era asumido como un rasgo cultural más. No obstante, sería injusto encasillar todo este rico y complejo sistema socio cultural dentro de los parámetros de una  "Cultura Gay", pues iba más allá de preferencias entre iguales en género.

  Casos como la poetisa lesbiana Safo son patrimonios del Arte Universal, y no valdría trazar alrededor de ella un círculo de tiza que la convirtiera en patrimonio exclusivo de la supuesta Cultura Gay. Más allá de tratar directa y valientemente el tema amatorio entre mujeres, sus versos gozan de una lírica de alta calidad que a la larga la valida y cualifica como ícono del Arte Universal.

  Personalidades más actuales como el poeta español Federico García Lorca y el cineasta italiano Pier Paolo Passolini sobresalen en la panoplia del Arte por su alta calidad creativa, digna de compartirse entre todos los grupos sociales. Estos creadores no deben juzgarlos por sus meras inclinaciones sexuales, sino como entes trascendieron toda barrera y engrosaron el sedimento cultural de la Humanidad. Eran seres humanos, más allá de su homosexualidad u otro rasgo. La condicionante de la Cultura Gay de que algo creado por un homosexual es por obligación patrimonio de esta corriente, se tambalea sobre cimientos endebles.

  Filmes como Brokeback Mountain, han sido usados a escala mundial como pendones del "Orgullo Gay" por el mero hecho de exponer con toda naturalidad una relación sentimental entre dos hombres, y se desprecia el amplio espectro de significados que posee esta cinta, iconoclasta y desmitificadora de paradigmas, con su mensaje de amor universal, y sus exquisiteces técnicas. No fue la única ni primera vez que se trató el tema, pero sólo gracias a su calidad es que trascenderá, junto a títulos como nuestra Fresa y Chocolate, universal, al igual que su referente literario (El lobo, el bosque y el hombre nuevo, de Senel Paz) por su tratamiento casi filosófico de los conceptos de cubanidad, nación, nacionalidad, patria, a partir de la tolerancia y la lucha contra toda postura extremista. A la lista se suman otras como La mala educación, Philadelphia, Boys don´t cry, The Hours, Monster y Milk.

  Otro grupo de "defensores" parte de una actitud ingenua (a veces no tan noble) en busca del reconocimiento y validación del movimiento gay: legitimar y exaltar expresiones culturales y artísticas que no soportan el más simple análisis estético, por ser aupadores de la banalidad y propagadores del kitsch. Vuelven entonces con más fuerza a la facilista etiqueta de la Cultura Gay, erigiendo empalizadas alrededor del ghetto, mostrando un orgullo agresivo que responde al fuego con fuego.

  Al igual que el Satanismo deviene caricatura huera del Cristianismo limitándose casi siempre a contradecir los presupuestos ideo estéticos de este último (a la misa se la opone la Misa Negra, a la Biblia, la Biblia Negra, y así por ese estilo), la proclamada Cultura Gay magnifica manifestaciones pseudo artísticas como el travestismo, que, más allá de ser valiente ratificación de identidad, deviene farsa bufonesca, marcada por el exceso, la estereotipación chata y la revalidación de los peores causes de la cultura musical y escénica: no más revisar el repertorio de estas "divas", repasar su "ajuar" y apreciar su gestualidad.

  Esta posición extremista y clawnesca  que no busca el respeto por la diferencia sino la visión ridícula, carnavalesca y superficial de un fenómeno social (exagerado por ambas partes; discriminador y discriminado), solo consigue que los espectadores heterosexuales se burlen y refirmen su posición de superioridad, que los propios homosexuales se rían de ellos mismos en un acto de verdadera depravación, enorgulleciéndose de nada.

 Tal perspectiva escandalosa es asumida en la actualidad por la mass media como filón comercial muy valioso: véanse las fiestas travestistas de Elton John (quien ha ganado su lugar en la música inglesa por su carrera musical y no por estas excentricidades), la falsa relación lésbica del dúo musical ruso "T.A.T.U", construida y fomentada por su productor musical, los pródigos "besuqueos" de Madonna con Britney Spears y Beyoncé, las bodas gay de famosos como la actriz y presentadora de la televisión estadounidense Ellen D'Generes, el crucero anual de la también actriz y presentadora Rosie O´Donell, que no creo logre diversidad, sino aislamiento de un grupo que, partiendo de un objetivo noble como recuperar la condición humana más allá de la preferencia sexual, termina exacerbando esta por encima de todo.

  Con perdón de Freud, el sexo no puede ser el condicionante principal de la vida del ser humano, no en este caso. Se le ha dado más importancia de lo debido: la primera piedra la tiraron los puritanos, pero casi igualmente responden los discriminados que no ponen la otra mejilla y levantan barricadas, legitimando una iconografía epidérmica y torcida, de logros parciales basados muchas veces en la arista escandalosa de algo que se busca sea aceptado como normal: la relación de pareja entre dos hombres y entre dos mujeres solo será normal cuando pase inadvertida, o sea, no genere comentarios censores.

  La Cultura de la Humanidad es una en su pluralidad, en el respeto por la riqueza, solidez y autenticidad de todas sus aristas, no en la lucha de contrarios que se agreden con estereotipos validados por el único hecho de magnificar rasgos formales de cada facción.
 


Por: Antonio Enrique González Rojas