El deseño gráfico hoyNada que tenga que ver con el arte o con la creación espiritual del hombre es un menester menor. Antiguamente no existía el concepto de Arte, ni de ilustración. Aquello que ahora se estudia como Arte, no era considerado como tal y casi siempre tuvo una función narrativa o ilustrativa de hechos históricos o religiosos, fundamentalmente.

El texto y la imagen eran casi una misma cosa. No es que la ilustración fuera un complemento como ahora, cuando existe una división convencional de géneros, de especialidades y estilos creativos, sino que entonces no existía la conciencia de que ambas eran diferentes o que sus funciones fueran disímiles. La imagen era considerada sólo como mimética y representacional o episódica, narrativa o secuencial, algo así como los textos, hasta que la creación se fue especializando y volviéndose sobre sí misma con la modernidad. El juego de las imágenes y la palabra es ancestral, como el mismo hombre y cualquier interpretación peyorativa acerca de la ilustración sólo decide la capacidad intelectual de aquel que así lo considere.

El diseño gráfico es una profesión cuya actividad es la acción de concebir, programar, proyectar y realizar comunicaciones visuales, producidas en general por medios industriales y destinadas a transmitir mensajes específicos a grupos sociales determinados. Esta es la actividad que posibilita comunicar gráficamente ideas, hechos y valores procesados y sintetizados en términos de forma y comunicación, factores sociales, culturales, económicos, estéticos y tecnológicos. También se conoce con el nombre de “diseño en comunicación visual”, debido a que algunos asocian la palabra gráfico únicamente a la industria gráfica, y entienden que los mensajes visuales se canalizan a través de muchos medios de comunicación, y no sólo los impresos.

Dado el crecimiento veloz y masivo en el intercambio de información, la demanda de diseñadores gráficos se hace cada día mayor, particularmente a causa del desarrollo de nuevas tecnologías y de la necesidad de prestar atención a los factores humanos que escapan a la competencia de los ingenieros que las desarrollan. Este avance, indudablemente, ha impulsado al hombre hacia el ámbito de lo visual y en ello el mercado ha jugado un papel importante. La imagen sobre todo virtual, invade los espacios privados y públicos, así como las publicaciones. Sin embargo, no hay que olvidar que la humanidad antes de tener textos o lenguaje articulado tuvo imágenes. Para el hombre es más fácil concebir la silueta, el contorno de la figura concreta de algo, que un signo abstracto. Por eso tuvo que ir por pasos: de la pictografía al ideograma de ahí al alfabeto.

Luz, color, cambio de perspectiva al diseñar, creatividad, un empeño de lograr una mayor comunicación y estética caracterizan algunos trabajos que empiezan a cristalizar un nuevo modo de hacer, mientras que otros (la mayoría) son propuestas que reiteran sobre el kitsch, tratamientos maniqueos, planos, composiciones excesivamente geométricas, rigidez…

Uno de los problemas fundamentales a tener en cuenta en el diseño es el fin. Pecamos de coloristas excesivos y abigarrados, quizás por el viejo mito de que los habitantes del trópico tenemos mucho color y esplendor, nuestra luz excesiva sólo muestra colores (por cierto muy primarios) al amanecer y al atardecer, justo cuando la luz es más tenue, durante las horas de sol fuerte vemos más por el dibujo, por el contorno de las cosas que por sus matices. Por lo general en nuestro diseño faltan síntesis visual y las jerarquías de lugar, tan caros a cualquier diseño.

Un diseño puede concebirse por su finalidad, este será óptimo cuando, antes que nada, te atrapa sin saber si es bueno o no. Sin esa primera tentación estética es difícil comenzar a leer, pero el diseño no es sólo eso, es también comunicación, tacto, profesionalidad, percepción, temperamento, impresionabilidad, raciocinio, práctica, experiencia y otros valores éticos, su papel, su importantísima tipografía que la mayoría de las veces suele ser desatinada y excesiva. Súmesele a ello la calidad de impresión que dista mucho de ser acertada y no acompaña los sanos intentos de los diseñadores. Un buen diseño es aquel que cumple su fin evitando la saturación, sobrevaloración y/o subutilización, sin hablar de otros requerimientos técnicos y en el que predominará la mesura y la modestia.

La capacidad de diseñar no es innata, sino que se adquiere mediante la práctica y la reflexión. Aun así, sigue siendo una facultad, algo en potencia; para explotarla es necesaria la educación permanente y la práctica, ya que es muy difícil adquirirla por la intuición. La creatividad, la innovación y el pensamiento lateral son habilidades claves para el desempeño laboral del diseñador gráfico. La creatividad en el diseño existe dentro de marcos de referencias establecidos, pero más que nada, es una habilidad cultivable, para encontrar soluciones insospechadas a problemas aparentemente insolubles. Esto se traduce en trabajos de diseño de altísimo nivel y calidad. El acto creativo es el núcleo gestor del proceso de diseño; pero la creatividad en sí no consiste en un acto de diseño. Sin embargo, la creatividad no es exclusiva en el desempeño del diseño gráfico y de ninguna profesión, aunque sí es absolutamente necesaria para el buen desempeño de este trabajo.

El rol que cumple el diseñador gráfico en el proceso de comunicación es el de codificador o intérprete del mensaje. Trabaja en la interpretación, ordenamiento y presentación de los mensajes visuales. Su sensibilidad para la forma debe ser paralela a su sensibilidad para el contenido. Este tiene que ver con la planificación y estructuración de las comunicaciones, con su producción y evaluación; parte siempre de una demanda del cliente, demanda que acaba por establecerse lingüísticamente, ya sea de manera oral o escrita. Es decir, que el diseño gráfico transforma un mensaje lingüístico en una manifestación gráfica.

La actividad de diseño requiere frecuentemente, la participación de un equipo de profesionales: fotógrafos, ilustradores y dibujantes técnicos; incluso de otros profesionales menos afines al mensaje visual. El diseñador es a menudo un coordinador de varias disciplinas que contribuyen a la producción del mensaje visual. Así, coordina su investigación, concepción y realización, haciendo uso de información o de especialistas de acuerdo con los requerimientos de los diferentes proyectos.

El diseño gráfico es interdisciplinario y por ello el diseñador necesita tener conocimientos de otras actividades tales como la fotografía, el dibujo a mano alzada, el dibujo técnico, la geometría descriptiva, la psicología de la percepción, la psicología de la Gestalt, la semiología, la tipografía, la tecnología y la comunicación. El profesional del diseño gráfico es un especialista en comunicaciones visuales y su trabajo se relaciona con todos los pasos del proceso comunicacional, en cuyo contexto, la acción de crear un objeto visual es sólo un aspecto de ese proceso.

El trabajo diario, sistemático, imperfecto, inacabado es la fuente reveladora de las necesidades crecientes del ser humano en su papel de productor de su propio desarrollo, en tanto lo coloca frente a los desafíos que ha de asumir en el complejo camino de aprendizaje y creación de lo que hace. Es el hombre receptor y heredero de todo el quehacer cultural universal y local, hacedor, transformador y creador. El ser humano se encuentra justamente en el centro del desarrollo cultural. Es para su beneficio que se diseña todo aquello que pueda contribuir a su progreso como ente sensible, capaz de procesar informaciones diversas y de crear productos innovadores de la realidad contextual y que representan avances valiosos en cada momento histórico.

Hoy, la investigación continúa siendo la piedra angular, todo estilo, proyección, ejecución y evaluación debe ir sistemáticamente acompañada de esa perspectiva indagatoria, de búsqueda y de las mejores alternativas para responder a expectativas culturales múltiples. Las decisiones acerca de la estrategia a seguir, la calidad, la jerarquización en lo que hacemos, el análisis y la búsqueda constante de acertadas maneras de hacer se nos presentan igualmente como desafíos para el presente y el futuro.

Reflexionemos como entes sociales y articulemos esfuerzos conjuntos entre todos los comprometidos con el noble propósito de propiciar el crecimiento espiritual de todos: el disfrute de lo mejor de la creación. Elevemos los niveles de apreciación artística para formar receptores activos, reflexivos, críticos, capaces de defender desde esta posición nuestros más genuinos valores identitarios. La cultura forma parte de la vida y a la vez somos parte de ella, nos beneficiamos de sus resultados y también dejamos un legado pues somos hacedores de sueños y formadores de valores hacia estas y próximas generaciones.
 


Por: Pedro Luis Díaz Dávila