Reina María Rodríguez1.- En una entrevista reciente dice Reina María Rodríguez: “Siempre he visto todo como una caída. La palabra esperanza no cabe ahora mismo en nada de lo que haya escrito o de lo que tenga que ver conmigo. Creo que he sido una perdedora total”. Su poesía es dolorosa e inevitable. Leyéndola, uno advierte que no ha tenido más remedio que vivir en la poesía, por la poesía. El dolor, además, procede no solo de sus circunstancias personales sino también de las relaciones con los demás, con nosotros. En ese sentido, es un dolor solidario, no compasivo.

2.- Hace algunos años, a propósito de En la arena de Padua, escribí: “Por supuesto, si antes su poesía parecía atenida a preocupaciones estrictamente generacionales o feministas (a lo que se debió, en gran medida, su incuestionable popularidad) ahora están predominando los cuestionamientos o las angustias relativas a un ser humano más universal. Hay constantes visibles, que vienen desde sus dos libros anteriores: los límites, la pérdida de la inocencia, las máscaras, pero que ahora, descontextualizados, crecen como ‘problemas humanos’, más que de una sociedad o grupo específico”. La obra de Reina siempre está en desplazamiento, no se queda conforme en un tipo de expresión, de universo. Prefiere el riesgo a la comodidad, y se expande a las prosas de Variedades de Galeano, a Tres maneras de tocar un elefante. Ello tiene que ver con su manera de relacionarse con lo contemporáneo: tanto con la avidez de sus lecturas como con una actitud que siempre supone no haber comprendido, atrapado eso que llamamos realidad. Reina vuelve una y otra vez sobre el mismo asunto, y cada mirada suya se ha desplazado, ha buscado otros ángulos, percepciones distintas para entender, tratar de entender de otra manera aquello que nunca deja de desconcertarla.

3.- Supongo que son esos desplazamientos lo que le permite a Reina estar siempre entre jóvenes. O viceversa. Su actitud entre ellos no es de magisterio, sino de compañía. No dicta cátedra; les abre espacios. Y aprende de ellos, a mirar con ellos. Tampoco los aísla, como madre posesiva, sino que se tiende como un puente para que sus jóvenes se relacionen con los demás.

4.- Su poesía ha sabido ser, a un tiempo, íntima y cívica, existencial y política. Sus acciones en el ámbito de la literatura, también.

5.- Reina cree, por sobre todas las cosas, en la inclusión. De ahí su labor de puente, no solo entre los jóvenes y los demás, sino entre la poesía cubana y la del universo, entre los que vivimos en Cuba y los cubanos que andan dispersos por el mundo. La obra de Reina María Rodríguez no es solo poética, o es poética si la comprendemos en el sentido más abarcador, más humano. En su obra están lo mismo Para un cordero blanco que la incomprendida Paideia, Páramos que la Azotea, Te daré de comer como a los pájaros que la Torre de Letras.

6.- Sus acciones políticas se afianzan siempre en lo literario. Ese es su universo, y desde ahí sabe, puede, actuar a sus anchas.

7.- Los desplazamientos de su obra, de su manera de entender el universo, se asientan sobre algunas constantes humanas. He mencionado algunas: la inconformidad, el dolor, la solidaridad. Quizás, la que más la distinga sea la fidelidad. Sus afectos, sus elecciones, suelen quedarse en ella para toda la vida. Es lo que explica la coherencia de su obra.


Por: Arturo Arango