Salón de última esperaLuis Yuseff.
Premio Calendario.
Casa Editora Abril.

En este poemario, Luis Yuseff retoma el uso de la máscara: el poeta y el poema que escribe avanzan hacia nosotros enmascarados, en el sentido cartesiano: avanzan convertidos en otra persona, no en el Luis Yuseff con carné de identidad y dirección postal, el que contesta al teléfono y firma documentos, sino en el poeta que el autor se ha inventado, en la máscara escogida para presentarse. Poesía de referencias previas a la escritura del poema, muy efectiva y hermosa. Suele el lector, con buena memoria, realizar una lectura doble, y tener, mediante el ejercicio al que lo inducen, placeres dobles. Sus poemas traen a la poesía cubana una elegancia sentenciosa y a la vez displicente, un abandono de sabor oriental y sin embargo una precisión a lo Paul Celan.

Ha de encontrar el lector en ellos un suave sabor bizantino, un desplazamiento imaginario por sus rosas. Varios momentos lo llevarán a recordar el admirable Cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrel. Yo me felicito en presentarlo y felicito al poeta que lo ha escrito.

Por:  Antón Arrufat


 

BOSQUES DE CIUDAD

Sombra de árbol: oficio de recordar.
Árboles que me cubrieron en los días del deseo.
Paraíso de almas: framboyanes, resonantes como las sonatas
de Beethoven. Ceibas que reflejan el rayo.
Caobas, viriles como dioses negros.
Árboles del Bien y del Mal.

Bosques de ciudad, agrietados por mínimos pasillos; veloz se desplaza el ilustre caballero. Alma perdida que busca en el templo de los cuerpos el perdón que concede, muy brevemente, el placer satisfecho.

Bosque atravesado por el cauce de un río seco. A través, ascienden y descienden el prestamista, el usurero, el agregado, el hombre de ciencia. Igual, ascienden y descienden los mendigos, criaturas gloriosas que esconden su esplendor bajo la podredumbre de los harapos.

Ascienden. Y descienden.

A la sombra de un árbol, rozo el paraíso con las yemas de los dedos. Bajo la misma sombra, el voyeur y yo, dos extremos de una misma cuerda: es colocar frente al espejo a un personaje único y verlo, de pronto, sin acercarse al vidrio, moviéndose cauteloso en el paisaje de cristal, hábil, sin hacer apenas ruido, silenciando las campanas del deseo y que podría, al menor descuido, poner sobre aviso a la víctima, a la criatura-ciervo que descansa, lasciva, a la sombra de otro árbol.

El fisgón no pisa la yerba, la sobrevuela; no aparta la rama, la hace crujir con un sonido mudo en la cueva de su mano, mientras la otra acaricia, con un dedo de blanca seda, pues su gusto no está en poseer sino en imaginar; donde otros encuentran la maleza, él sabe desentrañar las formas sicalípticas, el gemido de la presa oculta en el verdor atravesado por las espigas secas de las cañadas.

Es la cacería de los ojos a la sombra de los árboles.

Una vez iniciado el juego, no se puede explicar: el cazador deja de sostener su arma para convertirse en presa.

Ahora, soy el voyeur del fisgón. Somos cuatro en ese país: una pareja, conformada por un hombre y una mujer joven. Y los otros: el fisgón y yo.

El último ojo –que es mío- tiene domicilio sobre los demás, pues ninguno de los personajes restantes conoce de la existencia del otro, salvo los dos que se provocan placer mutuamente.

Sombra de árbol. Un ojo superior mira el juego, un Ojo omnipresente, el Ojo de Dios. En el tablero que de fondo, observo al fisgón, convertido en ciervo ahora, mientras cava con su pata de animal ágil y lascivo en el terreno de otros dos ciervos, descuidados, entrelazados cada uno en su delirio a la ignorancia de la perversión ajena.

Sombra de árbol. Un pájaro mueve la rama.

El voyeur queda avisado. La mirada del ciervo que ya no es ni ciervo, me golpea como un hierro

Ciervo es el que huye.

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BARRICADAS

Sobre la llanura soleada
las figuras del verano
musican. Lugo
el cazador de canciones dispara.

Libertad mía:
sonora como un viento de piedras
contra el pecho.

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LAS PEREGRINACIONES

Permanecemos, cuerpo mío,
bajo la luz redentora,
pero somos animales de muerte.
Salimos, de trecho en trecho,
a la matanza de otras bestias,
como esas tormentas que llegan
y azotan ciudades anochecidas.

 

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Luis YuseffLuis Yuseff (Holguín, 1975). Poeta y narrador. Ha publicado los poemarios: El traidor a las palomas; Vals de los cuerpos cortados; Yo me llamaba Antonio Broccardo; Golpear las ventanas y Esquema de la impura rosa.