Selección poéticaSelección Poética

Gastón Baquero.
Antón Arrufat.
Carilda Oliver.
Fina García Marruz.
Eugenio Florit.
Gaudencio Rodríguez Santana.
Rigoberto Rodríguez Entenza.

 

“MI AMOR ES GUTURAL E INSTINTIVO
COMO EL CELO DE LOS ANIMALES.
CUALQUIER METÁFORA QUE ERIJA
COMO UN VESTIDO SOBRE LA EPIDERMIS SERÁ ARTIFICIO…”
                                                                         Cristina Peri Rossi

 

Gastón Baquero (*)

Para Berenice, canciones apacibles

EL AMOR Y EL TIEMPO

El tiempo junto a ti no tiene horas,
ni días, ni minutos;
es un tiempo que ilumina y llena la memoria,
y la ocupa entera,
como ocupa y llena la extensión de los cielos
el diminuto corazón de cada estrella.

El tiempo junto a ti no tiene horas,
me anticipa, ¡quién sabe!,
las playas que algún día conoceremos
con el radiante nombre de eternidad,
las playas donde el tiempo no ha perdido su luz,
donde no es hábito ni costumbre,
sino memoria pura.

A veces tu recuerdo me hace daño
como un alfiler clavado en la palma de la mano.
Pero me das el tiempo intemporal, lo eterno,
el olvido del mundo y de esas horas
que nos van empujando lentamente al vacío;
el tiempo que me das tiene su nombre:
solemne puede ser llamado Amor,
pero a solas yo gusto de invocarlo con tu dulce nombre,
y de decirle simplemente, ven a mi corazón,
porque te quiero.

II

LA LLAVE DEL CORAZÓN ESTÁ EN LOS OJOS

La llave del corazón está en los ojos,
como la llave del árbol está en su raíz.
Aquellos largos ojos de Svengali,
que atravesaban muros y ciudades
en busca del corazón secreto de su Trilby,
son los ojos del siempre amor.
                                                   Pues la mirada
lleva en peso al cuerpo y lo transforma en alma,
y nada puede hacerla mentir; igual que el humo,
proviene de algún incendio de las entrañas,
y ha recorrido antes de aflorar sobre el rostro,
las selvas viscerales,
el rumor sombrío de las venas,
las inmensas aduanas de los huesos; y ha vencido
la noche interminable de la sangre: la mirada,
no puede mentir, trae a su espejo la cifra celestial
del demonio o del ángel, y los exactos retratos
del alma personal. Y en lo impalpable, en lo fugaz,
en el claro misterio revelado por el centellar de una mirada,
quedamos avisados de que la llave del corazón está en los ojos,
como está en la raíz la configuración del árbol.

Gastón Baquero(*) Entre sus libros de poesía se encuentran: “Saúl sobre la espada”, “Memorial de un testigo”, “Poemas invisibles”. Y entre los de ensayo: “Darío, Cernuda y otros temas poéticos”, “Indios, blancos y negros en el caldero de América” y “La fuente inagotable”, entre otros.

 

 

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Antón Arrufat (*)

LA ESPERMA SAGRADA

Vestida la cama,
descubro la huella de su carne:
una gota amarilla.
Luz palpable.
Apagado cirio.
La cama fue un altar.
En la penumbra,
un cirio iluminaba el paño.
Labrado recuerdo,
tocarlo como si latiera.
Alzo la sábana,
envuelto en ella avanzo.
Solemne a la ciudad
me asomo,
la rosa amarilla en el pecho.

Antón Arrufat(*) Entre sus libros se encuentran “Lirio sobre un fondo de espadas”, “De las pequeñas cosas”, “La huella en la arena”, “Los siete contre Tebas”, “Virgilio Piñera entre él y yo”, entre otros.

 

 

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Carilda Oliver (*)

ELEGÍA EN ABRIL

Andaba yo volando por el suelo,
sin zapatos,
sin mi traje de nube de las nubes;
sola para tus manos,
patética,
inviolada,
pobre,
sola para tus manos,
sola,
y me empinaba hasta rozarte el ángel.
Andaba yo
-noche sobre la noche-
distraída en tu voz de inconfundibles dalias;
andaba yo como entre acoso de belleza,
clásica,
lírica,
absoluta,
y en las paredes profanadas por otros sin el sueño rebotaban lejanías, pedazos de
palabras,
besos
que guardaré mañana.
Mi boca dio en la tuya
como un ave de paso.
Pensé en abril
y en que las noches de amor son breves como fósforos negros.
¿De qué serán los versos sino de aquella sombra
que hicimos sobre el lecho?
Su enredadera me arroja en la inocencia
y otra vez soy la misma
que demoraba su salud de novia.
Me he preguntado hoy si tú entendías la media luz,
si hallaste el todo,
si te faltaba piel, no quiero, entraña, como a mí.
Me he preguntado si asumes la ternura de memoria,
si odias tu trabajo, los relojes, mi ómnibus,
el alba fiera, insobornable...
!Ay, tantas cosas!...
(!Qué trastorno hace aquí si te recuerdo,
qué venas tengo nuevas si me ayudas
a duplicar el alba
otra vez en mi frente!)
Y las preguntas pasan inalterables, con verano,
ayer, ahora, siempre,
siempre, ahora, ayer
y quedo muda sobreseyendo un pájaro,
la fiebre, el mar,
la arena que debe estar contigo,
todas las soledades,
el desayuno triste como acuerdo impronunciado.
!Ay, qué palabra diré para ignorarte,
en cuál silencio no hablaré tu nombre
que ya supe!
Mira, te quejas y el amor instala
la agonía,
el tiempo,
la casa extraña donde empecé tu carne
hecha de estalactitas y misterios.
Mira, te quejas,
y yo me acojo a un zumo de azucenas porfiadas,
a niños que desean intervenir mi vientre.
Mira, te quejas,
y estoy yo sola con tu voz
-nelumbio, amarillez, cauto cristal-
viviendo el alarido de la noche muerta
que resucito en el poema.

Yo me pregunto hoy cómo aplacar el cisne,
lo inefable en tu tedio,
la marca de mi alma,
esto que no es morirme aunque me muero.
Y sigo oscura, oscura, oscura,
por gusto derramada,
como esos sauces que nos dicen llantos
que no oímos,
como esas olas que se acaban tan cerca y no miramos, como esos cánceres horribles que ni duelen,
como esa luz que aunque es la luz porque es la luz
nos deja ciegos...

Yo me pregunto,
llama que no se dijo,
cerrada puerta,
óxido,
hueso maldito,
sed;
yo me pregunto cómo saberte a toda la sorpresa,
a vino,
a adolescencia,
a naufragio por fin,
a vértigo,
a imposible;
cómo salir de pronto a condenar tu sangre,
a dividirte en truenos,
a ser otra metida en tus gavetas de estudiante.
Pregunto,
y me socorren todos los incendios del mundo
y vuelvo sola,
y sola vuelvo
y vuelo sola.
No sé qué tengo.
Digo que es jueves
y me asesina un miércoles.
Llega el frío.
Paseo entre callados árboles
sin otro aviso
que el que me traen las horas que nos vieron.

Carilda Oliver Labra(*) Entre sus poemarios publicados, se hallan: “Al sur de mi garganta”, “Memoria de la fiebre”, “Las sílabas y el tiempo” y “Las sílabas y el tiempo”.

 

 

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Fina García Marruz (*)

AMA LA SUPERFICIE CASTA Y TRISTE

Sé el que eres.
Píndaro

Ama la superficie casta y triste.
Lo profundo es lo que se manifiesta.
La playa lila, el traje aquel, la fiesta
pobre y dichosa de lo que ahora existe.

Sé el que eres, que es ser el que tú eras,
al ayer, no al mañana, el tiempo insiste,
sé sabiendo que cuando nada seas
de ti se ha de quedar lo que quisiste.

No mira Dios al que tú sabes que eres
-la luz es ilusión, también locura-
sino la imagen tuya que prefieres,

que lo que amas torna valedera,
y puesto que es así, sólo procura
que tu máscara sea verdadera.

Fina García Marruz(*) Algunos de sus títulos publicados son: “Las miradas perdidas”, “Visitaciones”, “Créditos de Charlot” y “Habana del Centro”

 

 


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Eugenio Florit (*)

LA COMPAÑERA

                          A Cintio Vitier

A veces se la encuentra
en mitad del camino de la vida
y ya todo está bien. No importa nada.
No importa el ruido, ni la ciudad, ni la máquina.
No te importa. La llevas de la mano,
compañera tan fiel como la muerte,
y así va con el tren como el paisaje,
en el aire de abril como la primavera,
como la mar junto a los pinos,
junto a la loma como está la palma,
o el chopo junto al río,
o aquellos arrayanes junto al agua.
No importa. Como todo lo que une
y completa. Junto a la sed el agua,
y al dolor el olvido. El fuego con la fragua,
la flor y la hoja verde,
y el mar azul y la espuma blanca.
La niña pequeñita
con el brazo de amor que la llevaba,
y el ciego con su perro lazarillo,
y el Tormes junto a Salamanca.
Lo uno con lo otro tan cerrado
que se completa la mitad que falta.
Y el cielo con la tierra.
Y el cuerpo con el alma.
Y tú, por fin, para decirlo pronto,
mi soledad, en Dios transfigurada.

Eugenio Florit(*) Sus textos pueden ser encontrados en: “32 poemas breves.”, “Monólogo de Charles Chaplin en una esquina” “Doble acento”, “... Que estás en los cielos”, “Conversación a mi padre”, “Asonante final.” “Alfonso Reyes: La poesía”, “Abecedario de un día gris” y “Hasta luego”, entre otros.

 

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 Gaudencio Rodríguez Santana (*)

CANCIÓN DE AMOR DEL ELEFANTE

En la versión animal de la tristeza
el elefante busca su pareja.
Ha desandado como un hombre solo
y descubre los túneles donde también
hay un recodo, un sitio para descansar,
un lugar donde encontrar la puerta.

¡Cuánto siente no poder invitarla!
Canta en la noche y el aire es tan agradable
como las ramas tiernas
que alimentan su torpe enormidad.
Anda esta versión salvaje de los barcos
en un inmenso mar de aguas verdes
y quiere el puerto que diga a su corazón
dónde reposar su mansedumbre, las elegantes
sinuosidades de su trompa.
Gime el elefante en la memoria simple
y escribe poemas de amor a su elefanta:

               .¿Cómo hallarte, pequeña maravilla?

Nos queda esta mano para palpar la testuz,
acariciarle el cansancio
en medio de la jungla, irle a besar
el camino a quien quiere.
Escribimos de él las palabras que añora
en la página dulce de su carne.
Alabamos con una canción el amor del elefante
y estamos ante su animalidad, fijos los ojos
en simples gestos de ilusión salvaje.

¿En qué nos parecemos? Él viaja en su selva
y mira con la poca luz un alto,
un relámpago que dejará en su mesa
aquellas cartas que no pudo escribir.
Nuestros caminos son otros. Otros los días que van
del elefante hasta aquí.
Otras las puertas que se abren, las ramas que se quiebran,
el día que pasa en soledad.

En la versión animal de la tristeza,
el elefante busca una pareja.
Quedan sus pasos en este juego tímido
de gritar y callar a cada instante.
Y no sabemos qué hará
cuando amanezca y vea los troncos
descender hasta sus patas,
y jugar como un niño…
Ella habrá puesto sus ojos de grande damisela
en el juego de amor del elefante,
mientras él canta y espera la luna,
la transparencia de la lluvia en la noche.

Gaudencio Rodríguez Santana
(*) Ha publicado “Accidentes”, “Teatros vacíos”, “El Gran Padre” y “En la moviola”.

 

 

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Rigoberto Rodríguez Entenza (*)

LOS AMANTES

Los amantes bajan por la calle Cadena
hasta la vieja fuente donde bailan el augurio y el adiós.
Allí olvidan la historia de la política
y el número absurdo de su identidad.
Suben a su silencio
se muestran abismos breves
estaciones
reinos
conjeturas de veranos antiguos.
Los amantes doran el reclinar
y juegan en los íntimos puntos profundos.
Los amantes no han extraviado su transparencia
ni sus labios ni su ardor.
Los amantes van libres a favor de un verso.
Los amantes son la única esperanza.

Rigoberto Rodríguez Entenza(*) Suyos son: “De tales amantes tal historia”, “La mano y el silencio”, “Sitios cruzados” y “Otras piedras talladas en silencio”, entre otros.