Yanira Marimón. Premio MilanesLa subsistencia de cada día; no la de las colosales horas, ni la de los acontecimientos tremendos, sino la otra: la vida menuda -que es el primer eslabón de la Historia-, es uno de los mayores misterios que nos asiste, uno de los actos que más nos acerca o nos separa de los otros. Viajeros con documentos siempre a punto de caducar, vemos desfilar paisajes urbanos, esquinas maltrechas y almas en vilo; mientras somos vistos por los otros en sus diarios desplazamientos. Esto es lo que ha intentado fotografiar -consiguiéndolo- este poemario de Yanira Marimón. El movimiento, lento a ratos y vertiginoso hasta el vértigo en otras ocasiones, queda aquí retenido, como la misma fijeza provocada por el instante/obturador que fotografía lo exótico de cada rostro.

La poeta establece en algunos momentos y a través de diferentes poemas y prosas, una suerte de diario de la ciudad y el país. Algo parecido a las crónicas asoma, dando por resultado una poética asentada en logradas imágenes superpuestas, devenidas marcas certeras en la representación de diversos instantes y alientos de la historia, la leyenda, la tradición y la literatura.

En la villa de Agustín Acosta y Fernando Llés, en la mítica tradición de Luis Marimón, entre otros, se inscriben también estos versos de Yanira, reverenciando ella misma a Plácido, el poeta condenado; (como si no fuera suficiente con la carga condenatoria, tremenda y a la vez hermosa de la poesía y la vida) uniéndolo en un mismo hilo conductor, fusionándolo a otros poetas, condenados del mundo: Ángel Escobar, Jaime Gil de Biedma, Céline, José Martí….

La suma de las mitologías personales, ya se sabe que engrosa una parte importante de la memoria y el imaginario de todos. Así, los dioses, condenados y héroes que aparecen en Contemplación Vs. Acto, Premio José Jacinto Milanés, 2008, ya dejaron de conformar el altar propio de la poeta. Ahora pertenecen, con absoluto acierto, al espacio sutil que va más allá de las fronteras de una ciudad o un país vivo, amado, detestado o soñado, y se erigen en creadores, semidioses y titanes de esa aldea gigante que es el mundo.

Son estos unos versos atravesados y heridos por una historia personal inevitablemente ligada a la colectiva, que conforma rituales de pertenencia y asociación. La mirada sobre un limpio manantial, lleva al descubrimiento de las cloacas que subterráneamente hacen correr sus aguas de maléfica intención, sabiendo que siempre o casi siempre, la convivencia quedará dictada de la misma manera. Las citas imposibles, lo que nunca habrá de suceder -y acaso esa imposibilidad sea lo mejor-, se enlazan con la cruda fábula de quienes emigraron y de quienes no, de quienes comprender pueden y de quienes son sólo acritud, légamo seco.

Poetas, seres cándidos, culpables, vivos, muertos, artífices de blanda piel o coraza intraspasable, cuidadores o asesinos… son los verdaderos protagonistas de este cuaderno, los que hacen posible que todo lo demás de la vida (si es que hay algo más que eso) verdaderamente importe. Y son también lo único que puede crear esa línea frágil a veces y tristemente engrosada otras, que separa o fusiona la contemplación con el acto; la vida con el desasimiento; la crueldad de la contemplación con la parcialidad sempiterna del acto. En el descubrimiento de esos protagonistas, en el hálito que de ellos emana, en la vida que la poeta crea para ellos y recrea para el mundo, ahí está el mérito, el consenso, la verdad, el pese a todo y la luminosidad de este cuaderno.
 


Por: Laura Ruiz Montes