Las respuestas de Soler PuigEn una entrevista que le hicieron en México, Arreola comentó que había estado en Cuba y que había conocido a grandes escritores cubanos, entre ellos a José Lezama Lima y José Soler Puig. ¿Qué puedo decirte después de eso? Con él aprendí mucho. Yo he aprendido mucho con dos mexicanos, el primero Eradio Cepeda y después Juan José Arreola, que fue el que más me enseñó y se dedicó a mí.

¿Usted fue de los que reprochó a Lezama el capítulo VIII?

Nunca. La homosexualidad es algo habitual, muy normal. No me escandaliza. Tengo muy buenos amigos homosexuales.

¿Y El pan dormido? ¿Por qué lo escribió? ¿Qué relación hay entre esa novela y Paradiso?

El pan dormido yo lo escribí en dos años. Entre El derrumbe y ella pasaron diez años, pero no es que estuve ese tiempo para escribirla; lo que pasa es que no me la publicaban. El pan dormido es una idea que me estuvo dando vueltas durante mucho tiempo; es la novela de mi familia. En mi familia hay mucha gente interesante, gente de toda índole. Me pareció oportuno utilizar esos personajes en una novela.

Podría decir que me impuse la tarea de escribir la biografía de mis familiares, porque yo me impongo siempre un plan de trabajo para escribir una novela. Lo que sí estuve dándole vueltas a la idea por muchos años, hasta que consideré que tenía tiempo para hacerla, y la escribí  así precisamente por Paradiso. A mí Paradiso me dio una opinión, me hizo sentir qué era lo cubano, me hizo comprender el juego del diálogo con la picardía cubana; una serie de cosas que yo empleo en El pan dormido, por cierto, en mi modestísima opinión en El pan dormido hay humorismo en los diálogos, sin embargo nadie lo ha dicho. Lo cierto es que Lezama influyó mucho en mí. He leído Paradiso decenas de veces, igual que las obras de Carpentier.

¿Cuáles fueron las novelas que más influyeron en usted?

 Paradiso de José Lezama Lima, y Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Cualquiera de las historias de García Márquez pudo suceder en Santiago.

Paradiso cuenta de la misma manera que lo hace la gente de pueblo, tiene algo de hablado, de conversación en alta voz, está escrito en cubano. Yo creo que Lezama es el mejor novelista de Cuba. Dicen que tenía El pan dormido lleno de anotaciones. Carpentier, por su parte, era un hombre con una gran cultura que sabía hacer novelas. Yo empecé a leerlo por vanidad, para escribir distinto a él. Él fue el mejor escritor de Cuba.
 


—Magín, Jorge Luis [Hernández] —decía Chila, y en seguida me traía café. Yo iba a la hora del café.

— ¿Tú te has leído “bien” Paradiso?
Dijo Soler desde la puerta del cuarto, traía un ejemplar muy manoseado de Paradiso.

—Esta es la mejor novela que se ha escrito en Cuba. Este es el más cubano de todos los libros. Más cubano que Paradiso, nada —me amenazó con el dedo, como con un arma mortal—. ¿Para ti quién es quién narra Paradiso?

—Supongo que Lezama Lima.

—Qué ignorante. El narrador de una novela nunca es el autor, ni aunque él lo quiera.
Fue una enseñanza, pero no una sorpresa. Era una conclusión a la que yo hubiera podido llegar, porque estaba habituado al radio, a oír, mientras escribía, las voces de los actores y los narradores de mis libretos. Así que ni él hizo explicaciones ni yo se las pedí.

—Paradiso lo narra el negrito catedrático —dijo, en el mismo tono apocalíptico.

—En todo caso una versión muy estilizada —me atreví a decirle.

—Literatura es literatura —dijo él—. ¿A que tú no sabes dónde falla Paradiso?

No lo sabía.

—En esa visión santa que quiere dar de la familia cubana. La familia cubana no es así.

No sé si el negrito catedrático es el narrador de Paradiso ni si “santa“ es el calificativo adecuado para la visión de la familia cubana que allí se presenta, de hecho no estoy muy seguro de que fuera el adjetivo usado por Soler esa noche de 1968, de lo que tengo la certeza es de que en el momento en que se produjo ese diálogo incierto, Soler acababa de descubrir quién iba a ser el narrador de El pan dormido y cómo iba a ser presentada la historia de los Perdomo.

 La novela que más me impresionó en aquellos tiempos (y me sigue impresionando, y me gusta muchísimo) fue Paradiso, de José Lezama Lima. Tal vez la mayor influencia que yo tenga en El pan dormido sea de Lezama; ahora bien, Lezama es un hombre culto y —como ya les dije— yo soy un hombre ignorante; pero eso me permite evadir las imitaciones. Al menos, que no se vean, que no se noten. Yo soy el ladrón perfecto precisamente por eso.

Estos fragmentos forman parte del libro Las respuestas de Soler Puig, compilación de Yunier Riquenes, publicado por Ediciones Santiago, 2010.

José Soler Puig declaró en más de una ocasión que era muy tímido para las entrevistas, sin embargo, permitió que le realizaran más de medio centenar en todos los medios. Resulta curioso que la mayoría de ellas tienen lugar en la década del 80; y Soler, recordemos, había alcanzado el primer Premio Casa de las Américas de novela en 1960.

Leer estas confesiones de José Soler Puig es como entrar en la novela de su vida, construida con las técnicas y categorías narrativas: un narrador personaje, un narratario, datos escondidos, teoría del iceberg de Hemingway, vasos comunicantes, mudas, informantes, etc,.

Este libro de entrevistas puede leerse como una novela-testimonio, dividido en secciones marcadas por una fecha y un personaje secundario (entrevistador) que acompaña al personaje principal.

El protagonista revela métodos de trabajo, anécdotas, manías, preocupaciones. Conocemos la magnitud del hombre, del padre, del esposo, del abuelo, del escritor y el revolucionario, el pulso de la ciudad de Santiago de Cuba, la variación de su pensamiento en correspondencia con la época y las distintas facetas como escritor de novelas literarias y radiales.
 


 Por: Yunier Riquenes García