Sonia Díaz CorralesDONDE UN REVERSO DE FOTO NOS DEVUELVE LA MEMORIA

         
a imitación de ‘Reverso de foto’, de Reynaldo García Blanco
para Reynaldo García Blanco, cuyas fotos devuelven la memoria

                                                    
Terminó el siglo
y acabo de ver esa foto de Frida y Trotsky.
Empezó el siglo
y esto que me llega no deben ser noticias
porque los copos de nieve y sangre
han caído sobre la vida de ambos como un soplo.
Compré cebollitas búlgaras
y un vino René Barbier
lástima que no encontrara un rosado
porque la sangre sobre la sangre nos ahoga
nos deja como una línea recta la memoria
como una columna que fue roja y ahora es sepia.

Todos me mandan fotos
Carlos Fuentes manda a Frida muerta
como la vio el lente insólito de Laura Díaz.
¡Ah¡ la muerte
tu foto y su reverso.
En una Gaceta de Cuba
mandan a María Kodoma
sin quejarse
mientras doy golpes contra el cielo
para saber
si es allí a donde se nos ha ido Borges.
Este vino no nos gusta
ni siquiera a Mao
ni a los cuáqueros
ni a los rusos    o chechenios    sabe Dios.
Me gusta el café tinto
con crema de cacao
en la madrugada mejor
con algún amigo mejor aún.
Me gusta más la vida que las fotos
la vida
siempre lleva un larguísimo endoso en el reverso.
Y todos los que miro
hasta el Nazareno
que baja de la cruz como por una escalinata
presidieron la mesa
donde servíamos la miseria de la casa                                              
                                         del vecindario
                                         del país
de donde mandan fotos de mis padres en los aeropuertos
de mi prima
con sus hijos famélicos
de ojos saltones como los de Picasso
y mi padre está dando un paso atrás
porque atrás se queda toda su vida.
Los colores son tan brillantes
que no dejan ver las lágrimas.
Veo ese gesto de Dalí
que podría arrebatarle el alma a Greta
y aquí es donde el vino se habría derramado
y el hombre del cocuyo en la mano
dejaría de hacer círculos de luz
para hacer círculos de humo
interminables volutas.
Mi prima se daría dos tajos en las muñecas
y sin saberlo
podría devolverle el rojo a la columna de tu foto
hacer tinto el rosado Barbier
no dejar que por siempre estas noticias se nos borren.
Amigo mío
me gustaría que supieras
bajo los copos de nieve y sangre
lo que antes fue
está volviendo a ser.

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LETANÍA DE LOS GIRASOLES

 
                               La caída de Camelot es un pétalo en la flor del tiempo.
                               Los demás pétalos son una versión del mismo suceso,
                               sólo que ligeramente modificado. ¿Sabes cuántos pétalos
                               hay? Una infinidad.
                                                           Deepak Chopra
                                            

                              para Nicolás Copérnico
                              para R.
                              ambos nacidos en la casa de acuario
                              ambos médicos
                              ambos hombres de los túneles

El campo de girasoles tiene una puerta de alambre
por donde voy a entrar
a la sombra de los túneles
entre las hileras de dudoso final
bajo los altos tallos
bajo el encendido y áspero amarillo.
Por allí andan los compases
con los que Nicolaus hace de la tierra un círculo de aire
trae un astrolabio
para medir todas las distancias
pero toma el girasol más tenue
y lo va deshojando
lentos hilos de luz son los pétalos
su apacible mirada de animal está buscando el centro.
Me invita a un vals
giramos sobre nosotros mismos
alrededor del círculo de aire.
Recogemos los pétalos
y cada uno es una historia.
Los pétalos pesan en su mano
y los pone como astros sobre mi cuerpo.
En ellos las muchachas miran caer la nieve
en Munich
en Madrid
en Roma
en Montreal
en Moscú
y regresan a la falsa calidez del sol
a la calidez del país
donde los inviernos son también mentira.
Tenemos tantos pétalos
que no sabemos cómo hacer para contarlos.
El moteado pétalo del miedo
el poder que imanta todas las agujas
sólo Nicolaus cabría en el recinto donde enfermo
como un pétalo ardido
quién sabe de qué mal
de qué oscuros dolores en el foso del vientre.
No toques ese pétalo
es puro
no dejes que lo cubran los estigmas.
Un niño cruza el río transparente de la casa
en la otra orilla dice mi nombre
lo repite en un idioma torpe y sin letras.
Deja el pétalo
no vea el niño que lloramos.
Pone otro pétalo sobre mi hombro
un hombre da voces sobre una cuidad
de donde se fueron todos
porque era sin dudas el sitio de partir.
Nicolaus se tira de bruces
diciendo    ágape    ágape
quiere arrancar los pétalos
uno a uno    como astros
pero es tarde
los pétalos que se ponen sobre un cuerpo
son para siempre
como dibujados imanes sobre la piel.
Se queda
a compartir el pétalo crispado
donde tomamos la pócima del vencido.
Estos libros
estas mujeres fantasmales
estas distancias se están llevando el amor.
Es 1530
y Nicolaus me invita a escribir con el dedo
en las raras líneas de la noche
él ama a alguien como yo
no a mi
dice que no soy real
porque sólo existo en los túneles
en el campo de girasoles
donde no hay antes ni después
y el cielo es luz o sombra según se mueva él
y trace su círculo de aire.
Somos luz y sombra en el pétalo del tiempo
escarba en mis ojos
trata de desprender un pétalo de agua
ahueca las manos
pero nadie puede retener un agua así
llena de abismos.
Nicolaus tampoco existe fuera de los túneles
supone que yo descompuse su astrolabio
porque estuve bailando valses desordenadamente.
Nicolaus
era contigo que bailaba
eras tú quien ponía los pétalos como astros
y las historias en los pétalos.
El último pétalo es un sello sobre mi boca
lo levanta sin dolor
lo hace girar alrededor del círculo de aire.
Ya no iremos a Nuremberg
nadie irá
de nada sirve ese punto azul bajo la campana de la noche.
Siempre perdemos.
Esos libros
esas mujeres fantasmales
esas distancias
son la puerta de alambre por donde entré.
Perdimos Nicolaus
1543 está tan lejos
tan absolutamente muerto estás
como muerta voy a estar cuando te vayas.

Han traído tu astrolabio al campo de girasoles
y quieren hacerme creer que estos diez pétalos son mis dedos.
Lo sé    perdimos
pero en los túneles todo es posible
mientras el último pétalo no caiga.

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DICEN QUE ANTES YO ERA EL HUMO

 
Yo estuve siempre en esta casa.
Yo era el humo
y luego fui la que soy
aletargada buscando en los rincones
lo que quedaba de mi.
Solía recorrer los pasadizos
como quien se despierta sin los ojos.
Los fantasmas
me piden fuego
se cercioran de la veracidad de mis rarezas.
A menudo tenemos invitados
casi siempre muertos
que beben y se lamentan de su muerte
tan parecidos a los vivos.
Después viene la euforia
la triste euforia del fantasma
que quiso ser un hombre
y no pudo más de horror.
Tengo recuerdos de otras oscuridades.
Hallé una escalera
pero creo haber tocado antes sus barandas
este escalón hace siglos que lo estoy subiendo
y se repite cada vez interminable.
Yo puedo ser en realidad
alguien que se perdió en el frío
y ya no supo más de los caminos del regreso.

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APOLOGÍA DE LA NADA

 
Amo los caballos cuando van veloces hacia la nada
amo el mar cuando llega a la nada de la arena.
De los caballos amo su altivez
la brillante sagacidad del ojo
del mar amo como envuelve a la arena
y le deja esa huella lisa y fugaz
en ambos el leve temblor de lo imperecedero
ese instante en que saltan los recios músculos
ese mínimo instante en que el agua salta sobre el agua
y tiemblan ambos
porque saben
yo lo sé
que van hacia la nada
y aún así
no se detienen. 

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SEIS HORAS DE DIFERENCIA

Son las diez de la mañana
y del otro lado del mundo duermen
estas seis horas de diferencia
de atraso
de disminución
de franca desesperanza
aún en los relojes.
Son las diez de la mañana
y alguien
me ha recordado de modo despectivo
que aunque despierte seis horas antes
en realidad sigo siendo de allá
del otro lado del mundo.

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Sonia Díaz Corrales : Poeta y narradora. Autora  entre otros de:  "Sierva de la reina", "Minotauro",  "La hija del reo", todos de poesía y Autopista Nacional (novela).