En la mañana viva o tan cerca hemos dormido Hay exergos engañosos o falsos y están los justos, los que apuntalan o sugieren, los que el cuerpo de un libro parece glosar. Ese es el caso de los que preceden a la lectura de En la mañana viva o Tan cerca hemos dormido.

Dos son los protagonistas de esta novela. Dos las citas que la preceden. Dos títulos posibles, propone el autor.
 
En la mañana viva pudiera ser el título de la novela de Abelardo. Tan cerca hemos dormido es el que a la primera le endilgaría a la novela de Celso.
 
Yo quería ser yo, el primer exergo de Federico García Lorca encajaría en Abelardo.
 
La memoria tiene archivos, el otro exergo, de Félix Pita Rodríguez, pudiera tocar al memorioso Celso.


Pero esta es una novela de avisados matices, de suspicacias, de ambigüedades. Lo que en una primera lectura puede parecer de un  costado,  salta al otro sin prejuicios.
 
Intento no develar la novela, que no es la hoja de vida de Abelardo y Celso… una sinopsis pudiera desorientar al lector como a menudo pasa, pero alguna pista debo dar…
 
Dos niños vecinos en un pequeño pueblo de esta Isla —que pudiera ser Jovellanos o Puerto Padre, o cualquier otro de nuestra geografía, aunque me es difícil, por la cercanía al autor no ver aquí a su Jovellanos natal o al querido PortusPatris, donde vivió varios años—.  Cursan juntos  la secundaria y van a dar a un preuniversitario en el campo, donde en medio de la hostilidad, forjan su grupo de amigos y su intensa amistad a la vez que crecen como individuos. La amistad, la confianza prevalece cuando se van a universidades distintas, cuando fundan familias, cuando Abelardo se va a España y Celso queda en Cuba. 
 
Es la historia de una amistad que parece pasar todas las pruebas, la de la identidad sexual y la de la distancia, la de sus soledades y sus desencuentros…
 
Desde la perspectiva de Celso parce contarse toda esta novela,que abre en primera persona ypasa luego a unaíntima narración omnisciente que se disuelve para dejar que sus personajes hablen, vibren, padezcan y confiesen como si lo hicieran en primera persona.
 
No se trata solo de la amistad entre dos varones de preferencias sexuales diferentes desde una visión distinta, si no desde una sensible humanidad y del tratamiento del tema de la identidad, el exilio y el desarraigo, sin que se convierta el texto en un tratado.
 
El trazado de los personajes, la sutileza con que se cuentan sus dilemas, sus aspiraciones y hasta su propio actuar ordinario, no parece venir de alguien que se estrena en la novela.  Hay un oficio cuyo soporte es la lectura, el trabajo con la palabra, la limpia catadura de su autor, la asunción de la literatura con madurez e inteligencia.
 
Tampoco estamos, ante una novela que pueda etiquetarse de gay ni de tema gay, aun cuando el conflicto más remarcado sea el del autoreconocimiento de Abelardo y su posterior asunción, su confesión, sus miedos.  También Celso padece su fracaso matrimonial, sus desencuentros, sus temores, su incertidumbre en medio de la supervivencia que a su condición de cubano de a pie le corresponde.  
 
Si el dibujo de los dos personajes centrales es certero —su carácter, su sicología, su bien trazado itinerario emocional, el diseño, la gráfica de estos— no lo son menos los secundarios, los episódicos e incluso personajes aludidos que toman cuerpo en el relato y su accionar conmueve, enerva,condiciona. Pienso en Richard, el joven inglés que comparte su vida con Abelardo o en el polaco devenido prostituto que eventualmente tiene relaciones con este, cuyas apariciones y alusiones son brevísimas y bastan para delinearlos y hasta conmovernos.


La recreación de los ambientes de becas, del pueblo natal, de una pequeña ciudad española, del movido Madrid, de los bares y cafés de Chueca… el populoso barrio gay, son tan creíbles que llegan a convertirse en habitad para el lector.
 
Son muchos los ángulos hacia donde se mueve En la mañana viva o Tan cerca hemos dormido, pero sabiamente Carlos Zamora va a lo medular. La prevalencia de los créditos humanos,  por encima de la concebida tolerancia, la misericordia, los falsos valores.
 
Estructurada en diecisiete partescon sugerentes títulos, la novelaexhibe un complejo montaje que debe haber costado a su autor, porque solo quien tenga la misión de reseñarla, quizás se detenga en ello; se trata de un mecanismo apenas perceptible por el lector que se entrega al disfrute de la obra. El recurso del flash back constante de un párrafo a otro, de una escena a otra o de un capítulo a otro, es usado con tal eficacia que apenas se percibe. La historia fluye porque Carlos ha logrado imitar el fluir del pensamiento, ha seguido una lógica en la que seguramente tiene que ver su intuición, pero también una pericia propia de los buenos narradores, algo que prefiero llamar don natural para contar. Tan natural como la aguda percepción poética que subyace debajo de esta historia que en ningún momento parece aspirar a la prosa poética o la poesía en prosa, si no a manipular la poesía en función de la historia, no como género sino como esa dimensión a la que la filosofía zen o Aristóteles, por diferentes caminos, llegaron.   
 
Porque Carlos podría haber escrito una novela lineal. Pasar de la niñez de los protagonistas a la adolescencia, la primera juventud y su total adultez. Hilvanar los conflictos de una historia con su nudo, su desenlace y su final. Pero se ha arriesgado por un lector inteligente y una riqueza especulativa, una recreación de realidades, circunstancias y ánimos nada simples, ha ambicionado hacer gran literatura desde el hecho menor.
 
Yo que he vivido becado la mitad de mi vida, me asombro del tono que consigue Carlos Zamora para recrear el ambiente, o mejor, el  mal ambiente de nuestras becas,—las becas de Jagüey— en la más embarazosa  etapa de nuestras vidas; el tono intimista que logra no lo he hallado en ningún relato que se ocupa de estos temas, sin que falte en él toda la crudeza de esas vivencias, lo desgarrador, el desamparo, lo infrahumano, aunque también  la vitalidad y el estoicismo, la fidelidad a las substancia humana. No hay  detalle de esa formación empírica y precoz que escape a la mirada del  a ratos cáustico Abe, de la siempre cándida pero agudísima observación de Celso-Carlos o Carlos-Celso.


La escena alrededor de un incidente con el diario de Celso, de la que nada adelantaré al posible lector, es de una conmoción que cala muy hondo.
 
Cuando recurrentemente pienso en cuánto de autobiográfico hay en esta novelavuelvo a aquella lección de diez palabras que en mi adolescencia escuché a Onelio Jorge Cardoso: La literatura es ciento por cientorealidad y ciento porciento fantasía. Carlos Zamora sabrá si hace suyo también ese aserto.  
 
En la mañana viva o Tan cerca hemos dormidocomienza con una confesión.  La estrategia de Abelardo —viril, apuesto, inteligente, con mujer, hijo, una amante, una carrera de arquitecto que le permite viajes al exterior —para asumir su condición sexual, ha sido el exilio en España, un país donde el matrimonio gay y otras libertades de los homosexuales han ganado espacios. Lejos de la familia, los amigos, la homofobia pura y dura del medio. 
 
Pero esta novela a nadie cuestiona, a nadie acusa, a nadie justifica.  Su postura puede ser tan válida como la de quien en la Cuba de hoy asume libremente su sexualidad sin importarle los riesgos.


Cuando Abelardo, de visita en Cuba se encuentra con Felito, el pajarito del pueblo, amanerado y marginado, hay otra cara de la moneda que la novela nos muestra o quizás dos caras en una sola cara de la moneda. Abelardo-Felito. Uno de los momentos mejores de la novela. Escena llena de sutilezas, emotiva pero sin dramatismo, contenida.
 
Contenidas también las escenas de sexo, las homoeróticas y las variadas alusiones sexuales, sin que asome ninguna retracción del autor. Son descritas sin rémoras, pero sin el uso y abuso del quien busca efectos, fuegos fatuos. 
 
Es difícil encontrarse hoy con novelas breves y aún más, con novelas que en tan breve espacio consigan sintetizar aspiraciones, conceptos, esencias tales. El valor de la amistad por encima de todos los tabús.
 
Casi al final de la novela Celso y Abelardo se definen comunes, hastiados, buscando. El tedio de las relaciones de una y otra inclinación, enunciadas tantas veces, nos ayuda a entender que el hombre es uno solo. 
 
Qué es la familia, la amistad, el amor, la patria, la pertenencia a un sitio, la identidad… Sobre esos tópicos nos deja meditando En la mañana viva o Tan cerca hemos dormido.
 
La boca seca, el pecho encogido, la mirada brumosa.  Uno también se despide en Barajas yuno regresa a la inopia de Celso o se queda, como Abelardo, alerta.
 
Hay quienes niegan la existencia de una envidia sana. No sé si realmente existe. Yo, con envidia insana confieso sin rubor que hubiera querido escribir esta novela. 
 
(*)Palabras para presentar la novela del mismo nombre.

Por: Alfredo Zaldivar