[1] y al viento albacea, la dispersión de mis cenizas

No puedo comenzar estas páginas sin hablar en términos personales. Las cenizas de Gonzalo Millán todavía se esparcen y refulgen en la memoria de sus lectores, volviendo imposible suspender la referencia a su muerte. Varios poetas que conozco sentíamos gran admiración tanto a su figura poética como a su escritura. Aunque algunos no llegamos a conversar con él, las razones de este aprecio son múltiples. Creo que una de ellas es que secretamente Millán era considerado el poeta vivo más influyente, sobre todo para quienes el lenguaje se ha convertido en problema y buscan otras formas de respiración de la poesía. Gonzalo Millán era un ejemplo de aquellos poetas que logran poner en riesgo su palabra.