Toda evocación es un llamado individual o colectivo que se dirige desde lo más hondo del alma y con la concentración máxima del pensamiento, a una o varias entidades espirituales, para lograr un propósito determinado. Así definen mis hermanos mayores la esencia de esa actitud conciliatoria entre luz y sombra, que nos arrastra durante el eterno viaje a todo supremo conocimiento. Ahora mismo si yo pretendiera evocar la ciudad en que nací, víctima por estos días del desastre constructivo que cambiará su fisonomía para siempre, podría cómodamente, concentrarme en el silencio virtual y concederle a mi imaginación las pruebas escritas para la mejor gloria de su nombre, y apellido.