Mireya Robles Despojada de toda fuerza y llena de ella, la poesía de Mireya Robles es, a la par, escudo para la batalla y cobijo para el día después. Conocedora de la importancia de no sucumbir a la fuerza, traza un camino de soledad donde lo que niega, también queda establecido. La fuerza, la embestida feroz, de la que huye para que no le llene espalda y frente de asperezas y llagas, es la misma fuerza que mana de sus versos para encumbrarlos. Arrasadoras y arrasadas, sus palabras son péndulo sin reposo. Alejada de los otros, dormida cuando los otros se acercan , se muestra como quien ya ardió y enseña las cenizas propias que ella misma está obligada a esparcir. En la exposición de sus cenizas están la fuerza y la ausencia de ella . La pujanza de las cenizas no puede ser discutida. Parece suave pero es una suavidad que recuerda el vigor del leño que ardió y que por debajo aún está enardecido.