La revista Mar Desnudo, - como en más de una ocasión hemos comentado en nuestras páginas digitales- debe su nombre a los dos versos iniciales del poema “Elegía sin nombre” de Emilio Ballagas, Descalza arena y mar desnudo. Mar desnudo, impaciente, mirándose en el cielo. Estos versos sirvieron a la escritora y editora Laura Ruiz Montes, para gestar el nacimiento de esta revista que arriba a su segundo aniversario.
En algunas notas editoriales relacionadas sobre todo con la presentación de la revista, hemos escrito sobre Emilio. En el número once de Mar Desnudo, correspondiente a octubre del 2008, publicamos un Dossier sobre Ballagas aparecido en La Revista Matanzas en su edición mayo-agosto 2008; Sin embargo, en ninguna de estas ocasiones ha estado presente la poesía de Emilio Ballagas. Su voz propia, su verso desnudo, despojado del ropaje de las interpretaciones.
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Con la publicación de “Cronología del vértigo y del naufragio” (Colección Contemporáneos, Ediciones Unión, 2007) la poesía de Luis Marimón arriba a las editoriales nacionales. Abordaje que se ha tornado difícil para algunos escritores de provincia, incluso para Luis, marinero experto en los oficios del mar y la palabra. Pero el tiempo – reasignador audaz - moldea constantemente la memoria y aunque a veces lo haga con demasiada lentitud, muchas cosas toman su lugar. Cada poética se reevalúa y redescubre gracias a esa disciplina exitosa de mirar hacia atrás. La selección de los textos que componen el poemario estuvo a cargo de la hija del poeta, Yanira Marimón, quién junto a Alfredo Zaldivar y otros escritores vinculados a la producción literaria en la provincia de Matanzas; han venido realizando una revisión de la obra poética de Luis, releyendo entre una gran cantidad de manuscritos, libros inéditos, cartas y notas de trabajo.
Lina de Feria, acaba de obtener el Premio de Poesía Nicolás Guillen de 2008, lo que se añade a una fecunda carrera literaria que ha sido congratulada en variadas ocasiones. Entre ellos se destaca el Premio David otorgado en 1967 a su cuaderno Casa que no existía, poemario que inauguró la época más activa de este certamen literario, uno de los más importantes del país durante las décadas del setenta y el ochenta. Lina, considerada una de las voces poéticas más peculiares de su generación, es la autora de A mansalva de los años, una recopilación de su obra poética que fue editada por Ediciones Unión en 1990.
De origen hebreo llega a nuestros días el Juan. Y de una muy vasta tradición de Juanes, le viene a este bardo la poética: de Juan Calvino, la pasión humanista, el afán traductor de otras lenguas y – confesémoslo, ¿por qué no?- alguna que otra persecución por parte de
Dominio oscuro esconde tras su enigmático título una indagación poética centrada en el tema erótico-amoroso. Tal como lo expresa en uno de sus versos un conocido poema de Cernuda, que sirve de epígrafe a los poemas de Ana María Oviedo, “el deseo es una pregunta/cuya respuesta no existe”. Así, el cuerpo deseante o herido emprende en la estrofa poética su arduo aprendizaje, sumergiéndose en los ritmos, las cadencias del alma de la lengua, bebiendo de una de sus más antiguas y bellas tradiciones: la del Romancero. Los breves poemas aquí reunidos tensan el arco hacia un centro que se evade, móvil; dicen de una difícil sabiduría aprendida en el goce y el extravío.
(Palabras de presentación de la edición de Vigía de Cascadas, de Edouard Glissant, en Casa de las Américas)
Palabras de presentación de la edición de Vigía de "Alicia en el país de la danza", de Fina García Marruz, en el Museo de la Música. Edición: Agustina Ponce. Diseño y dibujos: Rolando Estévez.
Tócame contar aquí la historia de la niña nacida el 21 de diciembre de 1920, en la isla esbelta y juncal, a la que ensalzaron como Alicia, nombre de origen griego, ungida por la musa Terpsícore, quien le otorgara como atributos el amor y la oblación; el amor que tiene ímpetus de vuelo más amplios y potentes que las musas; la oblación: ofrenda y sacrificio, fuga al fin. Total y leve.La niña creció, creció delgada. De sus labios saltaban las palabras, de sus manos un vuelo de palomas. Quiso la madre entonces que estudiara las artes de la escena (teatro y danza), mundo de voces, luces, música zumbante en los oídos. Fue nuestra Alicia a Pro-Arte; tuvo de maestro a Nicolai Yavorsky; el primer vestido hecho por su madre de organdí blanco con pequeñas flores azules, muy ceñido a la cintura. Y debutó en otro diciembre, en el Teatro Auditórium, como una de las doce damas de la corte en el Gran Vals, con música de Tchaikovsky.
Yo no había cumplido aún los veinte años cuando conocí a Alfredo Zaldívar. Tras algunos meses de merodeo me decidí por fin a ir a la casona azul de la calle cercana al río. Como sucede con todas las pasiones, esta, también se convirtió en una absoluta adicción. De la mano de Alfredo descubrí el sepia del papel craf –palabra que tanta duda me daba escribir y que aún se mantiene, ahora que en la casona hay ordenadores que me señalan la palabra en rojo y me sugieren: crac o crack… Lo que enfatiza la tendencia a la adicción que yo tengo y que Vigía y Zaldívar acentuaron.
La sensación del límite, el comienzo o final de algún suceso, suele disiparse en la memoria. En esa impresión de infinitud, de eviterna amistad, siento mi primer encuentro con Alfredo Zaldívar. Un poeta de Matanzas —dijeron— y quedé lejos de imaginar cuánta hondura había en aquellas palabras con que me lo presentaban. Zaldívar ha resultado ser maestro de varias generaciones de jóvenes poetas; hacedor de maravillosos libros que comenzaron siendo apenas desechos de papel, tintas y toda suerte de elementos impensados; incansable promotor de la literatura de esta isla, que tanto orgullo nos deja; acucioso editor, disciplinado y empeñado hasta la obstinación para lograr lo mejor de cada obra; delicioso conversador, amante de la buena música, de su casa en Matanzas, sus amigos, a los que deleita con una especial receta de “café vienés”, merecedora de elogios y poemas.
MAR DESNUDO...