Nació para cantarle al sol, para dejar correr en su sabia milenaria el alimento de lo divino, de lo mítico; para refugiar toda la naturaleza, para ser remanso y contemplación.Su personalidad atrae toda forma viviente. Se sustenta de la devoción, el respeto, la admiración que todos le prodigan. Generadora de lo humano y lo divino, necesita de todo eso para vivir. Para sentirse dueña y señora. Porque la ceiba es eso y mucho más: el más grande de los árboles que habitan en Cuba y en otros países tropicales. Desde su solitaria presencia reina en el paisaje que la rodea, domina la mente de muchos hombres, ampara las aves del sol, la lluvia y las sombras de la noche y hasta a los niños en sus juegos inocentes. Todos recurren a ella. Aquí se funden mito y realidad, leyenda y razón, pasión y verdad.