Lien y ReyPalabras de presentación del Concierto de Lien y Rey durante la Feria del Libro en Matanzas.

Entre uno y otro poeta que leía en encuentros, peñas y aniversarios, Lien y Rey cantaban y tocaban sus canciones desconcertantes, rasgando, punteando, volviéndose locos con esos rizos indomables, con esas voces que juntan y separan, separan y juntan en armonías rarísimas, violentísimas, con una energía que se parece a la voluntad de sobrevivir en medio de páramos, y desde ahí --el páramo-- echaban la esperanza, la razón, el llamado a la ternura, la cordura, la locura, también.Escuché y reescuché en las últimas semanas Tríptico de la Luna, que no sólo es su segundo disco (producción independiente) sino un testimonio de cuánto han aprendido dos artistas a hacer cosas con uno, a obrar con la emoción de uno, en contra y a favor. Es así el disco desde que comienza con una especie de crónica engañosa, Ante mi puerta, que va ganando ímpetu, problematizándose, enredándose lo visual con el trasfondo social, hondo de una vivencia colectiva al límite, cruzada de pronto por un pregonero de pan que pasa, como si nada, sobre la reciedumbre de la circunstancia. Y luego ¡otra vez la esperanza! sobrevive a través de esos ojos que me están mirando, tan vívidos y penetrantes, descontroladores en una guaracha lenta y descoyuntada, de letra fina, igual de sensual y pícara.