Toda historia habita en su escritura y cada historia hace de la verdad un juego verosímil; pero la verdad comienza a tambalearse, cuando se invierten los papeles y la historia de los leones no beneficia en lo absoluto a los cazadores, aquellos que tantas veces han sido beneficiados.
¿Es exactamente esto lo que acontece en Discurso del hambre mientras se marchitan dos ciudades, de Liuvan Herrera Carpio (Fomento, 1981)? ¿O es sólo una recreación de los textos bíblicos que justifican el sacrificio de los hijos de Rizpa, y el del hijo de la samariana? Lo creíble de este poema radica en la verdad contundente que sostiene, verdad que ha golpeado y ha asustado, desde tiempos remotos hasta nuestros días. La verdad del hambre y sus consecuencias nefastas. Hambre y hombre luchan sin cesar, y el hombre derrotado, casi siempre, se envilece y se convierte en miserable. Dijo Juan Rulfo: «Cualquier animal en condiciones de hambre, se sale del corral». Pero Liuvan no se conforma y responde con espiritualidad, con verdadera condición humana, porque quizás lo que lo ha inspirado es la actitud de Rizpa, auténtica maternidad que se contrapone al desasosiego de la samariana.
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Malaventuranza
Cuando el hombre sale arrastrado del estudio, al grito de ¨ ¡Fuera de aquí! ¨ que lanza Laura, las mujeres se arremolinan y la emprenden a puño cerrado contra él. Las caras se han desfigurado, un odio visceral asoma a los ojos, algo bastante cercano a la repugnancia y al desprecio. En el set las víctimas lloran, alguna que otra niña pide perdón a su madre, una asistente se acerca cariñosa y dice algo al oído de la que parece más afectada. La conductora, mientras despotrica del sexo opuesto, se despide, y Dios, como siempre, pone cada cosa en su sitio para que todos sepan que aún cuando no lo parezca sí existe la justicia sobre la tierra. Un nuevo triunfo, otro punto a la espalda de la espigada rubia, la evidencia de que estamos siendo alguna vez representados, en resumen: la cuota que toca de la correspondiente ¨ verdad ¨
Ejercer de mediador en las necesidades personales y colectivas presupone un esfuerzo que quizás sólo el entusiasmo pueda llevar adelante. Mediar y reconciliar, es el oficio, la labor, la misión de un editor. Esto conlleva altas exigencias, pero está bien –muy bien, creo yo- que todavía se espere algo de algún oficio. La labor de permanecer en línea neutra, siendo aliado de todas las partes, es una tarea riesgosa por todo aquello que los implicados esperan del intermediario. Esperan los lectores, espera el autor y por si fuera poco, espera también el editor en cuestión.
Trabajar con Alfredo Zaldívar es convertir cada instante en un homenaje al Arte y la Literatura; es confabularse para que los libros y sus autores asuman una dimensión más personal: un acercamiento a la creación desde el centro de la creación. Para los que no conocen de su impronta o fingen minimizar sus intentonas ante los imposibles, trabajar con Alfredo Zaldívar es transformar los espacios cotidianos de la Casa de las Letras Digdora Alonso en momentos irrepetibles, absolutamente mágicos, con el ingenuo deslumbramiento de una primera vez.
Pareciera que Luis Yuseff tiene razón, cuando dice, desde la voz de la negra Mercedes Sosa: las canciones de barricada “pasaron de moda”. Y digo pareciera porque pensado así, a lo grande, pudiera semejar certeza. En cambio, Yuseff es el primero en desmentir ese supuesto desde su libro “Los silencios profundos”, Premio Adelaida del Mármol, 2008.
El alma no tiene sexo ni color
A mis colegas mexicanos Bernardo García y Horacio Guadarrama
Dicen que finjo o miento cuando escribo .No.
MAR DESNUDO...