Un relato de conformaciones equidistantesLos puentes de Matanzas han sido motivo de casi obligada inspiración en argumentos de visos literarios, como la poesía, la narrativa o de la prosa investigativa, pero también para el campo de la plástica, no sólo por la osada resolución de sus propias ingenierías, sino por la real belleza de sus específicas arquitecturas… Quizás, el atrapamiento visual artístico más remoto, en tal sentido, es el que pudiéramos encontrar en el grabador francés Federico Mialhe con el “Puente De Yumur”i, de su serie “Isla De Cuba Pintoresca”, de 1839, o el de la espléndida escena del “Rio Canimar”, litografía también, aunque iluminada ésta, para “Viaje Pintoresco Alrededor De La Isla De Cuba”, de 1848… Y he aquí, uno de los eternos dilemas, porque al hablar de puentes se hacen implícitos los ríos, a tal punto, que no sé si identificar a Matanzas como “la ciudad de los puentes” (como se le reconoce) o a la ciudad, también, de los abundantes ríos, aunque estos  –en comparación-  puedan ser inferiores en número (contemplándose, incluso, a riachuelos y cauces secos, y a litorales y zonas marítimas) a los famosos puentes  –veintiocho en total-  que pudieran ser más de uno sobre la misma corriente de agua, espectro al que se incorporan los viaductos, los estrictos pasos peatonales o los superiores sobre las arterias de asfalto…