Camilo VillalVillaLa amnesia colectiva parece ser, bajo el equívoco filo de la Navaja de Occam, la solución más eficaz, por su sencillez, para evitar las inquietantes moralejas, enseñanzas y advertencias que la historia reciente emite desde dolorosos errores pasados, a las generaciones, ya hayan sido protagonistas activos o pasivos de los requiebros abordados; ya sean tardíos vástagos, debatida su inocencia entre las cenizas de orgullos pretéritos.

El olvido voluntario del pasado no evita que sus ondas dialécticas de sentido y acción se extiendan irremisibles en el constante viaje de las comunidades humanas hacia el futuro, verdadera naturaleza del estado ilusoriamente estático calificado como presente. Tal actitud hipócritamente temerosa, sólo consigue afilar el otro borde de la hoja occaniana, con el cual será cercenada, tarde o temprano, la cabeza de la sociedad en cuestión, dígase su sentido de pertenencia a una identidad, su compromiso social, la consciencia de ser, estar y participar, más allá de su destino particular como átomo dislocado del núcleo colectivo, en el porvenir total de dicha colectividad, organismo vivo (al decir de Herbert Spencer) que es la nación.