Ricardo PigliaPermítanme recordarlo de entrada: si bien se trata de un gesto frecuente entre los escritores, pocos han logrado con la eficacia de Ricardo Piglia crear en sus narraciones, ensayos, críticas y entrevistas, un espacio de lectura para sus propios textos. Ya he tocado con cierta amplitud –y no es necesario en este contexto insistir en el tema- la manera en que él, para decirlo al modo de Marx, crea no sólo un objeto para el sujeto sino también un sujeto para el objeto. Es decir, no se trata de producir libros para un lector previo, sino, sobre todo, de producir nuevos lectores. Es obvio que ese proyecto rebasa un marco meramente literario, y resulta fácil detectar en él implicaciones de mayor calado que no abordaré por el momento.

Sí me interesa detenerme en otra forma de inducir determinadas lecturas. Mi pretensión inicial era ver cómo se producía ese fenómeno por parte del Piglia editor, en sus antologías o prólogos a selecciones y autores diversos. Pero la lectura desfasada de uno de sus libros me llevó a corregir el rumbo. Si hasta ahora me interesaba sobre todo el proceso mediante el cual se iba preparando una lectura por venir (los textos que nos iban disponiendo para leer “correctamente”, por decir así, lo mismo el “Homenaje a Roberto