La primera plaza de armas que tuvo la ciudad de Matanzas, constituye un conjunto arquitectónico que se define por su estilo neoclásico. Este espacio urbano se conoce también con el nombre de Plaza de La Vigía, en memoria del antiguo fuerte que con ese nombre se levantaba cerca del lugar y que durante más de un siglo protegió la urbe de los ataques de corsarios y piratas, cumpliendo con ello su función como parte del cinturón defensivo de la zona. Derribado entre finales de la década de 1850 y principios de la siguiente, en parte por su ineficacia estratégica, los terrenos que ocupó esta construcción militar y sus proximidades serían empleados para levantar dos de las edificaciones más emblemáticas de la llamada “Atenas de Cuba”, el teatro Esteban (hoy Sauto) y el Cuartel de Bomberos.
La historia comienza en 1836, cuando se organiza en la ciudad el Batallón de Honrados Bomberos y Obreros, que inicialmente se albergó en el modesto local de la calle Río No. 77 y que protagonizó numerosas hazañas de salvamento con los primitivos medios de entonces. A menos de una década de su surgimiento, en junio de 1845, los miembros del cuerpo participan en la sofocación del tristemente célebre “incendio de La Marina”, que provocó pérdidas calculadas en dos millones de pesos, destruyendo total o parcialmente comercios, casas y el famoso palacete de Vicente del Junco (reconstruido poco después), sede, desde 1980, del Museo Provincial de Matanzas.