Cartas de Auschwitz
Es muy humano que no reciba cartas desde Auschwitz,
“Adiós a las armas” me escribe un viejo ante el mar
“vamos muy de prisa en el invento de la soledad”
-dice él- mientras cree recuperar del fuego sus islas,
un mapa de Constantinopla, un cenicero azul,
y fábulas porno sobre gatos silvestres.
No sé qué inventario me irrumpió los días,
a que pupitre regalé mi embeleso de pionero.
Tracé una docena de coordenadas para hallarme
y me entregaron grafitis rotos frente al quicio
en un oscurecer del año 1996, según informaba
una pizarra de cartón abandonada en el techo.
Los cactus, símbolos perfectos de la nada,
el recuerdo solemne de los tramos.
La sangre, esperpento de sal
inscrito en el percance de ti mismo
que se refuerza en la extensión de los cuerpos.
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Cualquiera de nosotros
De vuelta al día de todos los días
Laura:
del libro Exilio de mi ciudad / Permanencia, 2005
Hábitat
Vivimos dentro de un circo, parece decirnos Mae Roque y ¿acaso todos no hemos sido alguna que otra vez, el mago, el contorsionista, el payaso o cualquier otra cosa distinta a nosotros mismos? Este libro está colmado de lo que han solido designar los sujetos subalternos, seres oprimidos que luchan por autodefinirse y en muchos instantes desean cambiar la capa, de realidad, pero el poeta sería un tránsfuga odioso de la realidad si en su huída no llevase consigo su desdicha.
MAR DESNUDO...