Arribar a dos décadas de vida artística es sin dudas motivo suficiente y punto de partida para el recuento. El viejo tango argentino afirma que 20 años no es nada pero en el caso de la trayectoria creadora de Juan Carlos Pérez Balseiro (Ceiba Mocha, Matanzas, 1971), que en este 2010 llega a tal aniversario, ha significado un arduo y fructífero camino.
Previamente a su etapa de estudiante en la Escuela Provincial de Artes Plásticas de Matanzas (1984-1987), Balseiro participa en el Salón de la Gráfica 26 de julio de 1983 obteniendo un importantísimo premio en pintura como anuncio de un futuro promisorio. Los salones provinciales organizados por Centro Provincial de Artes Visuales de Matanzas que hasta 1991 se denominaron El arte un arma de la revolución y luego, Roberto Diago Querol, fueron espacios de confrontación propicios para que Balseiro madurara una conciencia creativa más constante.
Iniciándose la década del 90 del pasado siglo, después de haber cursado la Escuela Nacional de Arte (ENA) Balseiro con el brío de los recién llegados se agenciaba importantes espacios de promoción, nacionales y provinciales, que le fueron colocando entre los más destacados artistas del momento.
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Escribo este comentario respondiendo a opiniones de Antonio Enrique González Rojas vertidas en su artículo: “Reflexiones de un Cheo Sobre la Cultura ¿Gay?”
* Tomado del dossier de la revista
La pregunta sobre identidad atraviesa el pensamiento contemporáneo. En tal sentido la noción de identidad narrativa de Paul Ricoeur resulta uno de los aportes teóricos de mayor riqueza operativa al focalizar el sujeto como acontecimiento discursivo estético, privilegiadas las formas de rememorar y percibir, de inventar y fabular. Memoria e imaginación se entretejen en la identidad narrativa, hilo tramado por la ficción. En este sentido, Ricoeur retoma las acepciones aristotélicas de mímesis, no calco o duplicado, sino mediación entre tiempo y narración, y de mito como puesta en trama: hacer sobre un hacer. Su idea de mito va al encuentro del entendimiento de ficción a modo de “laboratorio de formas” porque, para él, identidad narrativa es inseparable de ficción.
Un texto que ya ha dado mucho de qué hablar en las tablas cubanas se inscribe en el catálogo de Ediciones Matanzas. De la autoría del dramaturgo e investigador teatral José Milián llega Macbeth vino montado en burro, pieza transgresora en su contexto, un abordaje literario a partir de la recreación del libreto.
Los zapaticos de rosa, realizada por Teatro de las Estaciones, es toda una muestra de preciosismo escénico, con alto grado de precisión dramatúrgica donde, volcada toda la dirección de arte hacia la recreación epocal decimonónica con todo el oropel neoclásico de la aristocracia y la burguesía medianas, se logra contener la irrupción del kitsch, y la cohorte de excesos cursis y amaneramientos estereotipados que trae aparejados.
Cuando los titiriteros del mundo avistaban el desenlace del siglo XX, tiempo tan tormentoso y luminoso a la vez, y cada quien se refugiaba en los secretos a voces del oficio trashumante de las barracas y los teatrinos, en las invenciones tecnológicas, siempre alucinantes, del muñeco mitad robot, mitad artesanía, nadie imaginaba que algo nuevo se podía decir en el campo multidisciplinario del fascinante teatro de figuras. Y es verdad, ya nada ignorado o al menos vislumbrado por los estudiosos y apasionados del teatro de títeres ha salido a la palestra pública. Es entonces, que en el seno del entrañable Festival Internacional de Teatro de Títeres de Bilbao apareció una visión inquietante ,aunque no nueva, cuyo verdadero valor es aportar una variación auténtica al tema titiritero : echar una ojeada de profundis a la imprescindible presencia femenina en el retablo.
Escribir tórnase en evento personalísimo, absolutamente íntimo entre el escritor y el escritor. Si comienzo tan impetuosa esta entrevista es porque Teresita Burgos resulta pródiga en cuanto a sus actos creativos: ahí están sus libros para confirmarlo. La pregunta se impone: ¿qué es escribir para ti?
En la historia de Cuba existe un hecho singular y escalofriante, no abordado en estudios nacionales, tal vez siguiendo la tendencia de pensar que los grandes acontecimientos ocurren en la capital. Se trata de asesinatos que se cometieron con la venia de las más altas autoridades políticas y militares del país: el de los hermanos Álvarez Rodríguez, acaecido el 26 de julio de 1932 y el de los ex oficiales involucrados en ese crimen, el 25 de noviembre de 1933. Así llega esta historia de la mano del investigador Eduardo Marrero, a través de su más reciente título Crimen y vendetta: el caso de los hermanos Álvarez, bajo el sello de Ediciones Matanzas, en su colección Aurora.En 13 capítulos (más apéndices documentales y la bibliografía), Marrero conduce al lector por una trama cargada de tragedia, dramatismo y complejidad histórica, con elementos de ficción, pero sin apartarse de la realidad de este período del Machadato en la ciudad matancera de Colón.
De jóvenes promesas se comenta en la narrativa matancera contemporánea. Si peco de exclusiva no es por derecho propio: cito a Danerys Fernández, Norge Céspedes, Isnalvys Crespo, Karel Bofill, Néster Núñez. Tomándote como referente ¿hablamos de buena disposición de ánimo ante el género o pretensiones sólidas por el oficio más solitario del mundo?
MAR DESNUDO...