Sergio PitolMi mamá llamó hace un rato para decirme, que un paisano, un “vecino” podría decirse, acaba de ganar el más importante premio concedido a la literatura (a sus cultores) escrita en lengua hispana. Ella a su vez lo supo por mi tío, el Doctor José Roberto Galán, que cuando escribe, desde Córdoba, Veracruz lo hace para darnos una noticia excepcional, como ésta por la que vibró de buen orgullo mexicano, presintiendo el que desde esta isla verde, nuestra patria segunda, compartiríamos con él y con todos aquellos cordobeses que saben suyo- ahora más que nunca - a Sergio Pitol.

En espera de la nota obligatoria que debe publicarse en los principales periódicos de esta nación y del mundo entero, me apresuro a buscar información en la muy práctica Enciclopedia Encarta. Pronto aparece su nombre acompañado de unos cuantos datos. Nació en Puebla, aunque lleva años residiendo en Xalapa, capital del estado veracruzano. Para mí, sin embargo, sigue siendo el ilustrado “vecino” de mi abuela Soledad, personaje éste (mi abuela) de una tremenda riqueza humana, cuyas vivencias y fortaleza espiritual bien pudieran ser recreadas en una historia de ficción extraordinaria. Sé que ya no es la mujer única que conocí.