Escribir para jóvenesLa literatura para jóvenes en Martinica sufre enormemente la suerte de cualquier literatura, en particular la pérdida de lectores atrapados por el desarrollo exponencial del multimedia y el poco interés y, por supuesto, compromiso de los políticos por este pariente pobre de la cultura. A lo que conviene añadir los límites vinculados a la insularidad, a nuestra arrogante pusilanimidad respecto a los otros pueblos de la cuenca caribeña y a nuestro imaginario de siempre —colonizados y educados para dar crédito, solo a lo que se ha validado antes por Francia, el resto de Europa y los EEUU. Además, la literatura para jóvenes sufre más por ser considerada como un género menor.

En tal contexto, escoger escribir ―y continuar escribiendo― para la juventud representa un verdadero desafío.

Sin embargo, paradójicamente, a despecho de los frenos mencionados antes, nuestra literatura para jóvenes muestra una incontestable vitalidad. Vemos que para los autores de jóvenes como yo existe una innegable felicidad, un secreto júbilo cuando creamos cuentos, poemas, canciones para ellos y partiendo del niño que se obstina en encontrar asilo dentro de nosotros, entre alma y corazón, nos esforzamos en convertirnos o parecer adultos.