Gestión EditorialAldo Manuzio, profundo conocedor del griego y del latín, profesor de estas dos lenguas y amigo de Pico de Mirándola y Erasmo de Rótterdam, se dedicó en los albores del nacimiento de la imprenta en Europa, a la revisión de los clásicos. Manuzio le concedía mucha importancia a que las publicaciones tuvieran fidelidad con los textos originales; Aristóteles, Sófocles, Demóstenes, Virgilio, Horacio... fueron por primera vez publicados en libros “confiables” después de versiones diversas que presentaban las más disímiles imprecisiones: fue el más ilustre impresor de Venecia, y al morir en 1515 había dejado, posiblemente, el primer gran ejemplo del interés por publicar bien, por esta razón su editorial tenía un extraordinario prestigio, especialmente en el tema de los libros de los autores clásicos.
 
Estaba dando quizás el primer ejemplo conocido de la importancia de la gestión editorial; en este caso, gestionaba los libros de los autores clásicos para revisarlos en varias versiones y establecer su texto, pues no pocos provenían de la oralidad; en estas revisiones se incluían prólogos para “explicar” los contenidos y mensajes de los textos, y de esta manera, se introducía también la primera intervención manipuladora de ellos.