Rita LongaSantiago de Cuba, Ciudad Héroe –o Heroica, prefiero decir- de la República de Cuba, cuna del Titán de Bronce y de tantos otros que a lo largo de la historia patria alcanzaron esa dimensión, ofrece un patrimonio extraordinariamente rico en cuanto a desarrollo de las artes plásticas en general y a la escultura en particular, de manera sostenida y consistente desde las últimas décadas del siglo XIX, aunque como casi siempre suele ocurrir, la pintura, el dibujo y el grabado exhiben un mayor y variado desarrollo que el propio arte de modelar o tallar durante todos esos años.

La tradición artística santiaguera se remonta, con obra conocida, a finales del siglo XVIII con la Virgen de la Luz, de Tadeo Chirino, primera obra pictórica realizada por un criollo, en Cuba. La temática religiosa ocupa la atención de quienes aún no se sabían artistas y satisfacían las necesidades de un culto religioso que dependía de la representación iconográfica. Estas obras, realizadas sobre diversos soportes, fundamentalmente sobre tablas, cumplieron su cometido a la perfección. Análogamente, la escultura estuvo en función de la práctica religiosa, dejando como muestra de ello la imaginería de los retablos, que aún se conserva en algunas de nuestras iglesias, a mano de artistas anónimos, en su mayoría.