“¿Nos estamos divirtiendo aún?”, periódicos de supermercado, Milli Vanilli (1), realidad virtual, “shop ’till you drop [compra hasta caer rendido], la Gran Aventura de PeeWee∞ (2), el “empowerment” [lo que permite hacer algo lo mejor posible] del New Age/Computer (3), mega-tiendas, Talking Heads (4), películas basadas en tiras cómicas, consumo “verde”. Una construcción de lo resueltamente superficial y cínico. Anuncio de Toyota: “Nuevos valores: ahorro, cuidado personal… todas esas cosas”. Almacén al por menor: “Contenidos de Estilo”; “Why ask Why? Try Bud Dry” [¿Por qué preguntar por qué? Prueba Bud Dry]; mirar la televisión interminablemente mientras nos burlamos de ella. Incoherencia, fragmentación, relativismo –hasta e incluyendo el desmantelamiento de la propia noción de significado (¿porqué el récord de la racionalidad ha sido tan pobre?); adopción de lo marginal, mientras se ignora cuán fácilmente los márgenes se han puesto de moda. “La muerte del sujeto” y “la crisis de la representación”.
Posmodernismo. Originariamente un tema de la estética, ha colonizado “áreas cada vez más amplias”, según Ernesto Laclau, “hasta convertirse en el nuevo horizonte de nuestra experiencia cultural, filosófica y política”. “La creciente convicción”, como la tiene Richard Kearney, “de que la cultura humana tal como la hemos conocido… ha llegado ahora a su fin”.
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La primera plaza de armas que tuvo la ciudad de Matanzas, constituye un conjunto arquitectónico que se define por su estilo neoclásico. Este espacio urbano se conoce también con el nombre de Plaza de La Vigía, en memoria del antiguo fuerte que con ese nombre se levantaba cerca del lugar y que durante más de un siglo protegió la urbe de los ataques de corsarios y piratas, cumpliendo con ello su función como parte del cinturón defensivo de la zona. Derribado entre finales de la década de 1850 y principios de la siguiente, en parte por su ineficacia estratégica, los terrenos que ocupó esta construcción militar y sus proximidades serían empleados para levantar dos de las edificaciones más emblemáticas de la llamada “Atenas de Cuba”, el teatro Esteban (hoy Sauto) y el Cuartel de Bomberos.
La extraordinaria popularidad de las telenovelas en América Latina nos plantea el tema del melodrama como género literario favorito en estas tierras americanas. Habría que atribuir a Cuba la dudosa gloria de haber sido la pionera del estilo. “El Derecho de Nacer“ constituyó en la década del cuarenta una de las mas difundidas novelas radiales, al extremo que aquella Isla se paralizaba en el horario nocturno en que se emitía la serie. Cada vez que se ha reproducido en diversos países de América Latina ha tenido un éxito similar. Llegó a hacerse una telenovela y una película de asombrosa popularidad. Es un fenómeno socio cultural que trasciende las fronteras: la misma demanda funciona en Mesoamérica y en el Cono Sur. ¿Por qué?
El ánfora, redundancia y procesos de autosemejanza
Tomado del prólogo a Vladimir Visotsky, Editorial Escritor Soviético, Moscú, 1988. (Traducción: Juan Luís Hernández Milián)
Palabras para presentar “Poesías”, Gabriela Mistral. Colección literatura latinoamericana y caribeña. Casa de las Américas, 2008.
Titus Andronicus, general romano, declama versos isabelinos. Con la tragedia clásica de fondo se desarrollan intrigas palaciegas, simulaciones y argucias maquiavélicas. Los tintes rojos de la sangre, las muertes sucesivas, las mutilaciones en escena se combinan con elaboraciones poéticas del lenguaje. Los personajes secundarios cobran un valor inusitado, definidos por la crueldad o la templanza, elaborados cuidadosamente. En el momento climático, cuando la madre devora a sus hijos en el banquete, el general se viste de cocinero. La obra de Shakespeare es un calidoscopio de luces y sombras que se movilizan, un texto nutrido con un eje de fuerza y varias subtramas enlazadas que termina siendo un tejido grueso de evocaciones literarias y estremecimientos humanos.
Aunque desde diferentes perspectivas, la historia y la literatura de la memoria se encuentran ante la imposibilidad de reproducir fielmente el pasado. A lo más que pueden aspirar ambas disciplinas es a acercarse, con mayor o menor eficacia, a relatos que sean más o menos verosímiles y coherentes. Bastante ajena a lo que George Luckas definía como novela histórica, pero tomando los eventos históricos como marcos de referencia, esta “nueva” modalidad literaria parece querer darle voz, sobre todo, a los marginados de la historia oficial, al bando de los vencidos en todas las guerras. En el caso español, por ejemplo, luego de la etapa hedonista que siguió a la muerte de Franco, y que muchos han llamado “la movida madrileña”, a partir de los 90 se ha puesto muy de moda –y nunca mejor empleado este término- una literatura que intenta traer de vuelta recuerdos y vivencias de los que perdieron no sólo la guerra civil en 1939, sino que además, fueron censurados, perseguidos, ejecutados y silenciados durante el largo período de dictadura franquista, hasta 1975.
El escenario matancero es portador de una indiscutible representatividad simbólica para los estudios sobre las culturas negras, no sólo porque en sus planicies se hayan asentado grandes plantaciones de azúcar y café que fueron fomentadas sobre la base del trabajo esclavo, sino porque en esta ciudad se desenvolvieron importantes espacios de sociabilidad de los negros africanos y sus descendientes. La sensibilidad antropológica de Martha Escalona le permitió percibir ese entramado y su acuciosa meticulosidad la condujo a desentrañar el mundo de los cabildos y el de las sociedades abakuá de Matanzas.
MAR DESNUDO...