Durante los tres primeros fines de semana del mes de febrero, a las 11:00 am, se presenta el espectáculo Una niña con alas por Teatro de Las Estaciones, en la Sala Pepe Camejo, de Matanzas.
Después de tanto Hermanos Grimm, los mejores augurios de Julio Verne y hasta buenas cuotas de Salgari, mi madre colocó muy cerca de mí –quizá con el ánimo de sorprender a un espíritu abriéndose camino hacia la eterna manía de la palabra- una de las primeras ediciones de Aventuras de Guille y fue la claridad, la visión transparente de un mundo asentado en lo cotidiano infantil, quien me alumbró por mucho tiempo, a través de Dora Alonso.
Vendrían otros textos, otras palabras que consideré más serias, atemperadas a estudios obligados e impuestos por el mismo espíritu desatado. Y como la magdalena de Proust, llegó el ensueño a el rincón de El Mejunje, desde donde, sentada a duras penas, Teatro de Las Estaciones (¿Quién si no?), despertaba uno a uno, momentos aletargados en mi subconsciente.
La niña con alas que fue Dora Alonso, se nos apareció en la imaginería del verso cubanísimo y montuno; su espíritu revoloteó por este despertar de las visiones, que nunca terminaré de agradecer. Abriéndose camino en una sala atiborrada por niños y adultos, Doralina se hace acompañar en su presencia alada, por tres muchachos, tres jóvenes actores de la última hornada de Rubén Darío, que ya se van cultivando en la buena escuela.