Los inicios Margot Colosía es una de esas personalidades multifacéticas que marcan sensibilidades y contextos. Espiritualmente dotada, delicada y con los sentidos despiertos al saber es, paradójicamente, un nombre olvidado de nuestra cultura. Su poética ha sido apenas reseñada por textos generales (impresos o digitales), que refieren información elemental y en ocasiones inexacta. Ellos no muestran de cuerpo entero a la mujer pintora, instructora, promotora y, ni tan siquiera a la compañera del escultor, dibujante y grabador José Felipe Núñez Bootth (Matanzas, 7.5.1919-La Habana, 18.7.1993), cuyo legado es también un desafío para nuestros actuales historiadores del arte.
Con tales antecedentes, la redacción de esta reseña fue factible gracias a las entrevistas realizadas al escultor Agustín Drake, a los pintores Raúl Santos Zerpa “Santoserpa” y Perla María Pinedo. La consulta de los fondos de la Escuela Provincial de Artes Plásticas, “Tarascó”, que se conservan en el Museo Provincial y en el Centro de Documentación del Centro Provincial de las Artes Visuales de Matanzas, contribuyó sensiblemente al resultado. Entre las fuentes secundarias y los autores que han referido la obra de Margot Colosía los más destacables resultan el volumen Pintores cubanos (1962) y los textos de José Veigas, Leonel Capote Hernández y Yamila Gordillo, los dos últimos inéditos y alusivos, respectivamente, a la historia de la escuela y a la presencia de la mujer en la plástica matancera.
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San Carlos y San Severino de Matanzas, fundada el 12 de octubre de 1693, no hace gala de su categoría de Ciudad hasta entrado el siglo XIX, etapa donde experimenta un florecimiento cultural y constructivo que la convierten en una de las ciudades más admiradas del país en aquellos años. Privilegio que se desvaneció en el último lustro de esta centuria con la pérdida de su principal renglón económico.
La recreación del mito ha permitido a las diferentes culturas estructurar sus preocupaciones existenciales, incluso cuando la razón responde a la demanda de un pensamiento pleno de vivencias y conocimientos. Como todos los géneros tradicionales el mito es de origen oral y aunque su trasmisión se establezca de una generación a otra provocando variaciones en su curso, su génesis se mantiene intacta. Pero para las sociedades que conocen la escritura, este particular es objeto de una reelaboración literaria, ampliándose así, su diapasón cultural. Algunos de los investigadores que han tratado esta temática apuntan que el mito representa la proyección antagónica de los ideales de los seres humanos como explicación a su interrogante existencial principal: vida-muerte, existencia-inexistencia, materia-espíritu. Es por ello que la mitología forma parte importante del sistema de creencias de un pueblo o comunidad y, su asimilación permite una mayor comprensión del proceso cultural.
* Palabras de
Quizás no sea un error mayúsculo pensar que las nociones que maneja Sally O’Reilly en su libro “El Cuerpo en el arte contemporáneo”
Todavía recuerdo con absoluta nitidez el día de junio en que hace ya seis años, Carlos Velazco y yo tomamos el largo camino para entrevistar a ese escritor que recién habíamos leído con fruición pero con sospecha en los ratos libres permitidos por una aburrida carrera universitaria que tratábamos de hacer entretenida y llena de sobresaltos. Aquel viaje constituía uno de esos esfuerzos a brazo partido por tener algo que contar en un futuro no muy vislumbrado. Íbamos, más que con un cuestionario, con un interrogatorio de casi cuarenta preguntas y la esperanza de lograr que Leonardo Padura fuera noble y las respondiera en apenas dos horas.
Para todos es conocido el inobjetable hecho de que Rita Longa Aróstegui (1912-2000) es una de las artistas cardinales del panorama de las artes plásticas cubanas de todos los tiempos, cuya obra escultórica comenzó a conocerse a inicios de la década del treinta del pasado siglo, momento cuando bullía la querella entre artistas académicos y creadores con criterios estéticos novedosos.
Para quienes tuvimos el privilegio de conocer a Rita Longa evocar su figura es, indefectiblemente, recordar sus manos. Nervudas, inquietas, laboriosas, apurando un sinfín de ideas dentro del informe amasijo de barro, las manos de la escultora parecían resumir la majestuosidad de su estatura y la reciedumbre ejemplar de su carácter. Su obra abarcó más de dos tercios de la centuria pasada; para el pueblo, que desde siempre fuera su principal destinatario, Rita Longa más que la escultora, es la escultura cubana. Y no anda desencaminada esa intuitiva homologación que revela, al cabo, el mayúsculo alcance de su itinerario.
Tiene que haber mucho de auténtico en la labor de Rita Longa, cuando todo un país le ha acogido de manera tan entusiasta y coherente”.
Santiago de Cuba, Ciudad Héroe –o Heroica, prefiero decir- de la República de Cuba, cuna del Titán de Bronce y de tantos otros que a lo largo de la historia patria alcanzaron esa dimensión, ofrece un patrimonio extraordinariamente rico en cuanto a desarrollo de las artes plásticas en general y a la escultura en particular, de manera sostenida y consistente desde las últimas décadas del siglo XIX, aunque como casi siempre suele ocurrir, la pintura, el dibujo y el grabado exhiben un mayor y variado desarrollo que el propio arte de modelar o tallar durante todos esos años.
MAR DESNUDO...