Títeres en New York

Palabras de presentación del texto teatral Burundanga, de Luis Enrique Valdés Duarte, publicado por la editorial matancera Aldabón, de la AHS. Burundanga (Lío con muñecos y actrices para una reina y una faraona), de Luis Enrique Valdés Duarte, publicada por Ediciones Aldabón en 2012, es una canción convertida en teatro para que dos òrìşà de la cultura hispanoamericana bajen iluminadas a un retablo encantado y nos cuenten sus vivencias, no desde la verdad de sus vidas, sino desde la verosimilitud de sus espíritus.

Foto de portada de Burundanga, ediciones Aldabón: Michel Soca

En Madrid o en Nueva York,
La Habana está en todas partes.
X Alfonso

 Una canción es ante todo expresión espiritual de un lugar y una época. Si bien hay canciones diferentes por su música y su letra, hay canciones que cobran un significado especial que las hace trascender la inmediatez del motivo por el cual fueron concebidas.

Cuando los ancestros cantaban: Mo júbà o mo júbà lòrìşà / àşe mo júbà lòrìşà, rendían con humildad homenaje a los dioses que les ayudaron a soportar la dureza del látigo y la amargura del desprecio. Hoy en día, este canto o ijéré, al mantenerse vivo en boca de los descendientes, constata la autenticidad y la fortaleza de una fe religiosa, y la vigencia de una cultura. Cuando Celia Cruz y Lola Flores cantaron juntas Burundanga en Nueva york, no imaginaron que un joven dramaturgo pinareño las involucraría en una farsa tiritera, que no solo le serviría para situarlas en su merecido “canastillero” como diosas del panteón musical, sino que al usar el tema como pretexto para su obra, recrearía con ingeniosidad tradiciones y símbolos.

Burundanga (Lío con muñecos y actrices para una reina y una faraona), de Luis Enrique Valdés Duarte, publicada por Ediciones Aldabón en 2012, es una canción convertida en teatro para que dos òrìşà de la cultura hispanoamericana bajen iluminadas a un retablo encantado y nos cuenten sus vivencias, no desde la verdad de sus vidas, sino desde la verosimilitud de sus espíritus. Poco importa ahora la exactitud de una anécdota en la que quizás se ha haya basado Oscar Muñoz Bouffartique para escribir una letra tan lúdica, tan sabrosa y tan rellolla. Lo que importa es que al quedar registrada en la voz de Celia Cruz, se convirtió en mensajera de la marginalidad cubana, y desde la gran escena, esa marginalidad podía emitir su mensaje de paz y amor. Poco importa ahora cuánto de biográfico y de fabulación hay en la pieza de Luis Enrique, pues aunque ya sabemos que de biográfico y de fabulación tiene, lo que importa es que a través de este libro, podemos acercarnos y reafirmar la grandeza espiritual de un país tan pequeño geográficamente.

Resulta interesante como Songo, Borondongo, Bernabé, Muchilanga, Monina y Ma Bandelé dejan de ser simples nombres de una historia apenas contada en una canción para convertirse, gracias a la imaginación del dramaturgo, en personajes muy bien matizados que protagonizan un conflicto armado con pasión y buen gusto. Y aun resulta más interesante cuando el autor aprovecha un acontecimiento relacionado con la amistad que Celia y Lola se profesaron, para transformarlas en personajes que, sin perder la esencia de las verdaderas personalidades, comienzan a vivir una ficción tan creíble como la vida real de sendas divas. Es por ello que en el reparto fueron incluidos la Abuela de Lola y Pedro Knight, personas transfiguradas en muñecos. Los personajes son por primera vez presentados de un modo muy original. En vez de ser anunciados de una manera convencional; sobre cada uno de ellos, se da una opinión o se alude a una frase que luego encontraremos en los parlamentos, como si el autor los hubiera entrevistado para que unos opinaran de los otros. Inteligente ha obrado Valdés a la hora de hacer las acotaciones; por consiguiente, su lío de actrices y muñecos no constituyen un lío para el lector. Sin embargo, la palabra lío es muy atinada, pues además de los enredos en se ven involucrados los personajes, y de las aclaraciones que han de procurar ambas artistas; ellos están sujetos a una complejidad técnica. Es decir, Lola y Celia aparecen en ocasiones como actrices; y en otras, como diferentes tipos de títere; Muchilanga, como distintos tipos de títere; Monina, como títere de guante y títere de papel. Y aunque los demás solo tienen una representación, entre todos suman un desafío tremendo para quienes acometan la puesta en escena. 

La obra está dotada de una atmósfera muy sugerente sostenida por recursos que enriquecen su visualización. Un gran dinamismo discurre entre diálogos ocurrentes y simpáticos. No obstante, no está exenta de seriedad y profundidad, de observaciones inteligentes sobre el ser humano y su entorno, la incondicionalidad de la amistad, la falsa hombría, las miserias humanas, la Cuba de ayer y la Cuba de hoy, la patria y el patriotismo, sea cual sea la posición política. No podemos hablar de un musical; aun así, la música es ingrediente indispensable. Por supuesto, Valdés está homenajeando a dos grandes cantantes, amén de exponer una cultura a través de sus ritmos y melodías. Desde que comenzamos a leer, comenzamos a escuchar, y a Burundanga la acompañan canciones como De la habana hasta aquí, de Emilio Aragón, interpretada por Celia Cruz; Tanguillos de la abuela, de L. Gómez y Lola Flores; entre otras.

Tan esencial como la música es la religión. Ya el título alude al componente religioso. El término burundanga se deriva de borondanga, sinónimo de morondanga que significa cosa despreciable, de ningún valor, enredo, confusión, disparate, sustancia soporífera que se le suministra a una persona para robarle. En Cuba, es hechicería, maleficio, brujería. Si en la canción, Bernabé le pega a Muchilanga porque este último le echa burundanga; en la obra, Borondongo le pega a Bernabé porque este último le echa burundanga a Muchilanga. A pesar de que se ha versionado el tema primigenio; tanto en la canción como en la obra, la burundanga provoca chanchullo y guerra. Por lo que podemos observar que el término burundanga encierra varios significados que giran alrededor del tema religioso tratado en el contexto de los márgenes cubanos. Ni Bouffartique ni Valdés le han temido a la periferia. Y Luis Enrique ha ido más allá aprovechando las posibilidades que le brinda el teatro. Burundanga es un elogio a la religiosidad popular cubana, defensa contra el racismo y el neocolonialismo, actitud de resistencia y orgullo ante la arrogancia que presupone la hegemonía occidental. Por otra parte, crítica la superficialidad con que en la actualidad muchos practican un credo tan sagrado. Llama la atención el diálogo entre Monina y Muchilanga:  

MONINA. Dice Ifá que por culpa de esa mujer te van a querer hacer daño con un Chevrolet.
MUCHILANGA. ¿Y quién dice eso? ¿Orula?
MONINA. Aché.
MUCHILANGA. Ay, Padrino, ¿cómo Orula sabe eso si en África no habían Chevrolets?
MONINA. Orula lo sabe todo, mi ahijado. Y nunca se equivoca.

Con jocosidad Valdés nos propone una interrogante que puede responderse fácilmente, si comprendemos la dialéctica del Oráculo de Ifá, un oráculo para nada rígido, que expresa, entre otras cosas, las leyes que rigen el Universo, lo cual indica el carácter infinito de su conocimiento y sabiduría. Por tanto, los fenómenos que se anuncian en cada uno de los 256 ódù, signos o letras; pueden manifestarse, manteniendo su esencia, de distintas formas, en dependencia de la época y el lugar. Por ejemplo, una riña en el barrio matancero de la Marina puede suceder actualmente entre cuchillos y machetes. En cambio, en el Bronx, debe ocurrir entre pistolas y ametralladoras de mano. Un accidente puede producirse mientras se viaja en un coche de caballos, en un automóvil o en un avión. A ello debe agregársele que el oráculo registrará cualquier primicia, y a partir de ese momento, seremos testigos de su profecía cada vez que se exprese la particularidad del ódù, signo o letra en que fue registrado el nuevo fenómeno o suceso.

Celia le cuenta a Lola: Todo empezó cuando Muchilanga fue a registrarse a casa de Monina. Monina era un babalao de renombre. No por gusto Luis Enrique ha escogido el momento en que Celia y Lola cantan Burundanga en Nueva York. Lola dice: …no me hagas esto de venirme con lenguas raras y esas cosas que yo soy muy gitana y muy sensible. Celia responde: Tiene que ser así, Lola, pa’ que entiendas de dónde vienen las cosas…La Faraona de Jerez es contraparte, pero también es complemento. Sin ella, en este caso, no se puede explicar la caldosa iberoamericana. El autor usa la amistad de estas mujeres extraordinarias no solo para establecer un puente cultural, sino para saldar una deuda con el pasado: el reencuentro de la Reina de la Salsa con su país. Lola dice: Ese día, iré contigo a La Habana y te voy a presentá ante tu público. Imaginando la ocasión, se dirige al auditorio: Yo quiero decí con to’a mi arma, con to’ mi orgullo y con to’ mi corazón que he conocido a este monstruo…, que he conocido a la más grande… a la más grande de Cuba… a Celia. Ese día ha llegado, y La Habana vuelve a ser la ciudad más bonita del mundo.

 


Por Israel Domínguez