Tras la huella de un gato en PeñapardaEl narrador e investigador Daneris Fernández Fonseca (Rodrigo, Villa Clara, 1970) ha sorprendido a muchos con su primer libro de narraciones para niños, una colección de cuentos policiales titulada Mauricio en Peñaparda (Ediciones Matanzas, 2013), y que mereciera previamente la Beca de Creación Juan Francisco Manzano de la Uneac matancera.

Reconoce que ha sido un verdadero reto asumir un proyecto de este tipo, sobre todo por la exigencia del público al que están destinadas las narraciones, “muy sincero y con numerosas opciones que llaman su atención cada día, entre ellas las producciones audiovisuales, contra las que resulta muy difícil competir”.
 
Daneris Fernández Fonseca es autor de dos libros de cuentos para adultos: Música de fondo(Ediciones Aldabón, 2003) y Katiuska Molotov o el arsenal ruso (Ediciones Matanzas, 2009), así como de la investigación Historia del Teatro Sauto 1863-1899 (Ediciones Matanzas, 2008). Ha recibido los premios Juan Marinello (2009), José Luciano Franco (2009) y Provincial de la Crítica Orlando García Lorenzo (2009, 2010), entre otros.
 
 I.—Un gato en Peñaparda
 
“Yo pensé este libro durante un viaje de Matanzas hacia Santa Clara. Para mí los viajes son muy fructíferos en ese sentido. Uno mira por la ventanilla, se relaja, se abstrae y las cosas comienzan a fluir. Sé que en aquel viaje antes de llegar a Colón ya yo tenía clara la primera historia. Pero bueno, solo se trataba del comienzo. Lo cierto fue que la escritura de este libro demoró algunos años, en algún momento lo eché a un lado, pero luego lo retomé.
 
Todo había comenzado por un ejercicio que orientó el escritor José Manuel Espino en el taller literario de literatura infantil que desde hace mucho dirige, y que considero como algo que ha dado un vuelco a la escritura para ese tipo de público aquí en la provincia de Matanzas. Son numerosos los autores que han salido de ese taller, que ya tienen libros publicados y que en algunos casos se han convertido en escritores para niños con un impacto no solo en la provincia sino en todo el país.
 
De hecho, de aquel simple ejercicio práctico acabaron saliendo dos libros de cuentos policiales para los más pequeños. Este mío, y uno de Julio Blanco Escandell (Diez trabajos para el inspector Mandraque), que coinciden, además de tener corte policial, en el hecho de contar con un gato como personaje principal y en ser publicados este año por Ediciones Matanzas, en su colección Cuarto Menguante. Tienen, por supuesto, sus diferencias. Los textos de Julio Blanco asumen la actuación de los animales dentro de su propio mundo, es decir, son animales ‘actuando’ como animales. Los míos no, digamos que están más humanizados. Mis personajes viven en un pueblo, en una comarca, en un país, y mantienen las relaciones sociales, los mismos comportamientos de los seres humanos en situaciones semejantes”.
 
II— La historia de un investigador felino contada como un puzzle
 
“Yo quise que dentro de la historia policial fueran saliendo los matices más diversos de nuestra existencia cotidiana, sus luces y sus sombras, y además sus absurdos. Quise además que esto ocurriera de un modo que no resultara aburrido. Sé que los niños no perdonan. Son un público muy exigente y con múltiples opciones a las que prestarle atención, entre ellas los audiovisuales. Recuerdo que en ocasiones yo estaba escribiendo, y allí mismo en la sala, cerca de mí, estaba Lucía, mi hija, viendo la televisión o el DVD.
 
En busca de un mayor dinamismo cambió hasta el mismo enfoque que tenía el libro inicialmente. En el primer cuento que escribí las historias, los asuntos a investigar terminaban siendo no situaciones criminales como tal sino simples enredos, confusiones. Tal enfoque acabó resultándome demasiado ingenuo para predominar en todo el libro, quizás estaba bien para el primer texto pero los demás no tenían que ser necesariamente así. De modo que las complejicé, incorporé ‘situaciones criminales’ auténticas, y no solo eso, también otros sucesos de la vida cotidiana que pueden ser tensos, difíciles, pero que existen y el niño tiene que saber que existen y cómo enfrentarlos.
 
Los textos los enriquecí además con vínculos intertextuales con la literatura policial, la música, siglas curiosas y mucho humor. La incorporación de todo esto no implica que la fluidez de las narraciones se entorpezca, o al menos traté de que no fuera así. Pretendí darle de este modo texturas, lecturas extras. Lo otro es que estructuré el libro a modo de puzzle. Le incluí cartas, artículos periodísticos, fichas policiales, entre otros elementos que aportan no solo dinamismo sino información que doy de manera colateral, sin necesidad de recargar las narraciones con detalles.
 
Cuando se presentó el libro dije que yo, como suelen decir muchos escritores, también me había divertido mucho escribiendo estas narraciones, y que por lo general el autor en estos casos piensa que es lo que va a experimentar el lector. Pero lo cierto es que no siempre ocurre así y puede pasar sencillamente que el lector no se divierta tanto, que el autor no haya logrado trasladar esa sensación. En ese momento de la presentación confesé que me sentía receloso de si había sido efectivo en mi trabajo o no. Hasta ahora he recibido muchos comentarios favorables, diciéndome que sí, que se han divertido, pero yo sigo receloso.
 
Insisto en que para mí ha sido un verdadero reto. Pienso que tal vez vuelva a este género más adelante. Pero tengo que darme un tiempo, pensar, y sobre todo seguir leyendo autores de este tipo de literatura.”