300 años de arte en CubaCuando se habla del proceso que constituyó la evolución del arte cubano desde sus inicios hasta el fenómeno revolucionario de la vanguardia plástica insular, es menester hacer referencia a un hito dentro del espectro expositivo que acaeció por la primera mitad del pasado siglo en los predios universitarios para constatar a través de óleos y grabados nuestra heredad plástica y su continuo devenir.
 
Recogida por la historia como “300 años de arte en cuba”, esta mega exposición organizada en la Universidad de la Habana en abril de 1940, constituyó un acontecimiento sin igual para el Arte Cubano porque aunó de manera cronológica y coherente obras trascendentales que iban desde “la india habana – escultura hecha y fundida en cuba en el año 1632 – pasando por la época colonial, hasta llegar a los pintores de 1940…” [1] Sobre el suceso, ampliamente reseñado en la época, hoy día se sabe muy poco, sin embargo es innegable el hecho de su inconmensurable aporte a la visualización de esa condición evolutiva y sistémica que siempre ha caracterizado nuestra creación.
 
Esta empresa se materializó gracias a innumerables esfuerzos y voluntades de una época en donde era evidente (dentro del sector de la intelectualidad) el interés por eclosionar las particularidades más genuinas de la representación artística nacional. La muestra estuvo organizada por el Instituto Nacional de Artes Plásticas al frente del cual (entre otros) se encontraban los prestigiosos artistas Eduardo Abela y Domingo Ravenet. Auspiciaron la Universidad de la Habana y La Corporación Nacional del Turismo, la casa de altos estudios contó con la colaboración del reconocido profesor Luis de Soto.
 
El patronato de honor que presidía la cita estuvo encabezado por el mismísimo presidente de la república el Sr. Federico Laredo Bru, contó además con el Secretario de Educación, el Rector de la Universidad de la Habana, el Presidente de la Corporación Nacional del Turismo, el Director del Museo Nacional entre otras personalidades del gobierno y la cultura. Por ello puede hablarse de un franco apoyo gubernamental que en pocas ocasiones se lograba por estos años.
 
Figuró además un cúmulo de honorables colaboradores entre los que se destacaban personalidades y artistas como Rita Longa, el eminente historiador Emilio Roig de Leuschenring, Armando Maribona, Rafael Suárez Solís entre otros. Las obras expuestas fueron prestadas por el Museo Nacional y las colecciones particulares de más de veinte contribuyentes, entre los más conocidos se encontraban Ángel Augier, Jorge Arche, Fina García Marruz, José Gómez Sicre, Lezama Lima, Luis de Soto, Domingo Ravenet y Guy Pérez Cisneros por solo citar algunos.   
 
La dirección general de este importante evento fue asumida por Domingo Ravenet en tanto fungió como secretario[2] su entrañable amigo y colega Guy Pérez Cisneros, ambos tuvieron a su cargo la responsabilidad y el éxito de este trascendental acontecimiento de la historia del Arte Cubano. 
 
El enjundioso catálogo preparado para la muestra fue confeccionado por un comité de redacción que aglutinó a conspicuas personalidades del momento como Luis de Soto, Ángel  Augier, José Lezama Lima, José Antonio Portuondo, Antonio Rodríguez Morey, Rosario Novoa, Luis A. Baralt, Emilio Roig de Leuschenring et al. La estructura del mismo constaba de unas palabras iniciales a cargo del Sr. Luis A. Baralt y dos grandes acápites debidamente ilustrados que se denominaron “Época Colonial” y “Época Moderna”. 
 
 En el exordio inicial reza: “También aquí, éstos ejemplares de las más espaciales [SIC] de las artes-pintura, escultura, dibujo, grabado-toman su sitio en la gran cabalgata de los siglos; surgen las más recientes obras como flores nuevas en viejos troncos, las más remotas como voces aún vibrantes anunciadoras de un "mañana" que ya es "ayer" [3]. Estas líneas sirven para perfilar los objetivos de la muestra que a su vez estaban en franca correspondencia con la búsqueda principal de nuestra intelectualidad por aquellos momentos; definir la esencia de lo cubano en el arte y su consecutividad como proceso. “Los visitantes, contemplando lo que se ve y adivinando lo que se anuncia, no podrán por menos que formularse la pregunta (…) "¿Existe una plástica cubana?" [4] .
 
Grabado Holandés. Destrucción de la Flota de Pla de Matanzas
 

En cuanto a la etapa colonial el compendio cuenta con una selección de los atisbos que en materia de plástica constituyeron eslabones iniciáticos de nuestra producción artística entre los siglos XVIII y XIX, nos referimos a grabadores holandeses, franceses e ingleses que ofrecieron una prístina imagen de la isla, pero muy exótica y onírica. Ejemplo de lo mostrado es  “Ataque del Puerto de la Habana” (grabado Francés, 1600 – 1670) y “Destrucción de la Flota de Pla de Matanzas” (grabado Holandés, 1628), ambos de colecciones particulares.

“Algunos grabados producidos en el extranjero son los primeros hechos artísticos que hallamos sobre Cuba. Además de su extraordinario interés documental sobre la Cuba de ayer y de las sabrosas y a veces fantásticas versiones de nuestro país visto por artistas europeos del siglo XVIII, poseen en algunos casos verdadero valor plástico por ser las primeras interpretaciones de una tierra artísticamente virgen”.[5]
 
Posteriormente los comentarios se encaminan a aquellos primeros artistas cuya producción puede considerarse como autóctona dentro del panorama insular y referencias a la entrada del sistema daviniano como antecedente de la academia en Cuba.  
 
Con el jesuítico Nicolás de la Escalera Y [SIC]  con el goyesco Vicente Escobar hallamos las primeras manifestaciones de un arte producido en Cuba por cubanos, que cede pronto el puesto a la influencia davidiana introducida entre nosotros por Vermay el fundador de la Academia San Alejandro, Guillermo Colson Y Joseph Leclerc que inician la tradición académica.  
 
Refiriéndose ya al acontecer decimonónico se enfatiza en la fundación de la academia San Alejandro y el subsiguiente desarrollo de la caricatura, el retrato y el paisaje, en estas líneas nombres como Landaluze, Vermay y Melero afloran insoslayablemente.
 
“Los artistas de más envergadura en esa época son Landaluze y Collazo, el primero por su extraordinaria intuición de lo popular cubano, y el segundo por su espíritu sensible y ya moderno que supo ver el valor del impresionismo naciente, captando finos cromatismos hasta entonces desconocidos en Cuba.  
Miguel Melero puede ser considerado como el máximo animador de la Academia de San Alejandro después de Vermay”.[6]
 
Esteban Chartrand. PaisajeAlrededor de más de treinta artistas cubanos y foráneos son reseñados en este acápite dedicado a revelar la creación colonial, además la gran mayoría de las referencias vienen acompañadas de glosas biográficas y las respectivas obras con sus títulos y colección de origen. La extensa lista incluye a José Nicolás de la Escalera; Vicente Escobar; Hipólito Garneray; Eliab Metcalf; Juan Bautista Vermay; Eduardo Laplante; Federico Miahle; Esteban Chartrand; Víctor Patricio Landaluze; Miguel Melero; Federico Martínez Matos; José Martí; Valentín Sanz Carta entre muchos otros. 
 
En la segunda gran muestra, agrupada bajo el nombre de “Época Moderna” se recoge todo un diapasón de la producción artística en la Cuba republicana. Es interesante como en estas telas el concepto de convivencia se afirma por esa comunión entre tradición y modernidad representada en aquellos grandes maestros del siglo XIX que marcaron puntos de giro en la férrea tradición académica y la novel tendencia vanguardista instaurada a la sazón en nuestro panorama cultural.
 
“Hemos agrupado en esta época, a todos los artistas cuyo mayor florecimiento ha tenido lugar en los tiempos de Cuba Republicana, aunque muchos de ellos hayan nacido durante la colonia. (…) Desde las figuras venerables de los maestros Menocal, Tejada y Romañach, hasta la última promoción de los artistas más jóvenes de la hora actual, éste aspecto de la producción cubana abarca el multiforme panorama que nuestra formación artística ofrece en los años que van desde la instauración de la República hasta hoy, y de la cual numerosas muestras se han expuesto ya en los XXIII Salones anuales realizados por el Círculo de Bellas Artes y en los dos concursos oficiales de pintura y escultura de la Secretaría de Educación (1935 y 1938)”.[7]
 
En otro orden de cosas estas palabras son propicias para destacar lo que en materia de instrucción artística acontecía por aquellos años, denominado por los redactores como “efervescencia artística”[8], por ello se enarbolan loas a muchos de los proyectos[9] que constituyeron pilares fundamentales para el desarrollo del arte en el período.
 
“No queremos concluir sin señalar la efervescencia artística, que se ha manifestado en estos últimos años, a partir de 1936, fecha en que el Ayuntamiento de la Habana celebra la primera Exposición de Arte Moderno (…); le sigue el ensayo del Estudio Libre para Pintura y Escultura (…). Esfuerzos también interesantes son las pinturas murales, ejecutadas al fresco en la escuela José Miguel Gómez de la Habana y en la Escuela Normal para Maestros de Santa Clara. El primer Congreso Nacional de Arte realizado por el Círculo de Bellas Artes (…). La creación del Instituto Nacional de Artes Plásticas (…)” [10]
 
José Juaquín Tejada.Cabeza de viejoEntre los artífices reseñados (más de cincuenta) merecen citarse: Armando Menocal; José Joaquín Tajada; Leopoldo Romañach; Francisco Pérez Cisneros, Juan Emilio Hernández Giro; Esteban Valderrama; Rafael Blanco; Eduardo Abela; Víctor Manuel; Marcelo Pogolotti; Fidelio Ponce; Amelia Peláez; Carlos Enríquez; Jorge Arche; Arístides Fernández; Cundo Bermúdez; Rita Longa René Portocarrero y otros. Esta amplia gama constituye un antecedente gráfico del concepto “Coexistencia de Generaciones” que tres años más tarde esbozara Guy Pérez Cisneros en su famosos anuario “Pintura y Escultura en 1943”[11], (…) en relación con la plástica, no hay, como por ejemplo sucede con la poesía, una sucesión de generaciones, sino antes al contrario una coexistencia, un atropellamiento (…)[12], con estas palabras el famoso crítico, curador, conferencista y diplomático franco – cubano, quien además fuese el secretario de esta mega exposición, defiende la idea que más tarde habría de cristalizar en su tesis para optar por el título de Doctor en Filosofía y Letras “Características de la evolución de la pintura en Cuba” (1946), el texto demuestra como en las artes plásticas cubanas, llegado el momento, se evidenció un proceso donde cohabitaron el academicismo y el vanguardismo de manera evolutiva y concatenada en una convivencia generacional donde habrían de discurrir en paralelo los grandes maestros de San Alejandro y los iconoclastas pintores de la nueva era. 
 
Como era de esperarse en un evento de tal envergadura la prensa se hizo eco de los pormenores de la exposición y dio una amplia cobertura a todo cuanto aconteció. El Diario de la Marina reseñaba que, “El objetivo principal de esta exposición ha sido el de mostrar al público una selección de las obras de aquellos artistas nuestros que, a más de tener veinte años de ejecutoría artística, unen el mérito de haber señalado al arte cubano nuevos rumbos (…)”[13] , en tanto el periódico El imparcial de Matanzas aseveraba que
 
“300 años de arte en Cuba (…) encierra obras de indiscutible valimento plástico (…). Las viejas litografías, los óleos y los dibujos ejecutados por artistas extranjeros que estuvieron en Cuba y por artistas nativos revelan aspectos curiosísimos de nuestro pasado.
 358 obras, desde las más antiguas conocidas hasta las recientes de nuestros pintores, abarcan las tres centurias”. [14]
 
Calificada por el artista Armando Maribona como “un acontecimiento en la historia de las Artes Plásticas en Cuba”[15]  esta gigantesca muestra deviene en verdadero documento de insoslayable valía a la hora de comprender la mentalidad de una época, en donde se intentaba por todos los medios construir una historia de nuestro proceso artístico a través de serios estudios, pero también desde el lenguaje de las telas, por ello, los intelectuales que pusieron su empeño en empresas como esta colaboraron en la eclosión de un pensamiento lógico y coherente que permitió posteriormente ordenar consecuentemente nuestro arte. Así es que con “300 años…” se va desbrozando un largo camino que retoma nuestro pasado pictórico, en aras de construir un discurso identitario que labró importantes asideros para nuestra contemporaneidad artística. Hoy, a más de setenta años del suceso, muy poco se habla de su significación histórica, sin embargo, es innegable que esta mega exposición constituyó, sino el primero, uno de los intentos expositivos iniciáticos que en muy buena lid, pugnaron por historiar cronológicamente el proceso artístico cubano en su momento.   
 
Notas

[1] Mariana Ravenet: Ravenet revela a Ravenet, pág. 252.
[2] Por aquella época la labor de secretario en las exposiciones vendría a ser lo que hoy día realizan los curadores, por ello este cargo entrañaba una importante responsabilidad y de su gestión dependía en gran medida el éxito del evento.
[3] Luis A. Baralt: Catálogo de la exposición Trescientos Años de Arte en Cuba, consultado EN, http ///. ArtCuba.com , 23/01/12, 3: 29 PM.
[4] Ibíd.
[5] “Época Colonial”, en Ibíd. 
[6] Ibíd.
[7] “Época Moderna”, en Ibíd. 
[8] Ibíd.
[9] Vid. Yolanda Word: “Proyecto de artistas cubanos en los años treinta”. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2005.
[10] Ibíd.
[11] Pintura y Escultura en 1943: Acápite dedicado a las artes que en 1943 escribiera el crítico de arte Guy Pérez Cisneros para ser incluido en el Anuario que elaborara el Ministerio de Estado en como Balance del año. En estas letras el intelectual versa acerca de dos cuestiones fundamentales para el proceso creativo insular, lo nacional y lo cubano. Este texto se considera capital en la obra cisneriana pues en el mismo se evidencia una madurez en los juicios que sobre el arte cubano había enarbolado Cisneros. El texto se reproduce íntegramente en el libro compilado por la Dr. Luz Merino, “Las Estrategias de un crítico. Antología de la crítica de arte en Guy Pérez Cisneros. 
[12] Guy Pérez Cisneros: “Pintura y escultura en 1943”, en Las estrategias de un crítico. Antología de la crítica de arte en Guy Pérez Cisneros, Pág.182.
[13] “De la exposición de pintura celebrada en la universidad”, en Diario de la Marina, La Habana, 2 de abril de 1940, Pág. 2.
[14] “Muchos son los Grabados…”, en El Imparcial, Matanzas, 2 de abril de 1940, pág.1.
[15] Armando Maribona: “Despierta marcado interés en el público la Exposición 300 años de Arte en Cuba”, en Diario de la Marina, La Habana, 26 de abril de 1940, Pág. 3.
 

Por: Lic. Orlando Rafael Lazo Pastó
(Profesor e investigador del Departamento de Arte de la Universidad de Oriente)