Paraíso de Reyes  Colografía. 2000. El desarrollo del grabado artístico en la escena cultural de Santiago de Cuba se hace evidente bajo los influjos de lo que constituyó el más fraguado intento por llevar a la cuidad los derroteros del arte moderno, nos referimos al Grupo Galería[1], institución que durante los años cincuenta protagonizó lo más representativo del ambiente cultural santiaguero y estuvo muy vinculada con la enseñanza artística del período. “La Galería de Artes, que funcionó a partir de 1955 en Santa Lucía no. 304, y que había sido creada por profesores como Ferrer Cabello, René Valdés Cedeño, Daniel Serra Badue, así como por otras personalidades de la vanguardia artística santiaguera, donaría su nombre a otras iniciativas que surgen entre los mismos artistas(…)”.[2]Son sus grabadores, especialmente José Julián Aguilera Vicente[3], quienes insuflan aires de renovación a las artes gráficas introduciendo la manifestación en las disímiles prácticas artísticas que se promovían en la ciudad. En este sentido cabe destacar que la actividad fundacional del grupo constituyó precisamente una exposición de grabado: “La Galería de Artes Plásticas la inauguramos en abril de 1953, con una exposición titulada “La Primera Internacional del Grabado”, que nos prestó el pintor y grabador Carmelo González, que era el presidente de la Asociación de Grabadores de Cuba”. [4] Esta aseveración es muestra del lugar privilegiado que ocupó la manifestación para los cofrades de Galería.  

Luego de 1959 el grabado continúa generándose, aunque en estos primeros tiempos no se registran grandes empresas artísticas que lo tomen como centro de sus inquietudes, pasa así a ser utilizado generalmente con un fin más utilitario que artístico, sobre todo en la esfera cartelística o editorial en franco apoyo a la nueva situación sociopolítica del país. Sin embargo algunos integrantes del otrora Galería y otros que se incorporan continúan comprometidos con la manifestación, a la vanguardia de ellos José Julián Aguilera Vicente realiza una trascendente labor creativa en este sentido. “El grabado revolucionario en Santiago de Cuba se inicia con las actividades del grupo de Grabadores de la Galería de Artes Plásticas, que sembró la simiente que hoy fructifica y que tiene como a uno de los mejores realizadores al compañero José Julián Aguilera Vicente (…)”[5]

 José Julián Aguilera Vicente.    “La Planta”. Cromoxilografía. 1978.580x380mmQuizás esa cuasi inactividad en el desarrollo artístico del grabado santiaguero estuvo marcada por el hecho de que hasta esos momentos este se impartía en la Academia José Joaquín Tejada como una asignatura complementaria y ello no posibilitaba un máximo desarrollo creativo del género en tanto era aprehendido como herramienta y no como medio expresivo en sí.

Esta situación fue advertida por un grupo de artistas con inquietudes hacia la expresión gráfica, de ahí que en 1978 se funde en nuestra Academia de Artes Plásticas la “Cátedra de Grabado”, estableciéndose como una especialidad dentro del plan de estudio. Entre los constituyentes se encontraban el maestro Raúl Alfaro[6], Isidro López Botalín[7] y Miguel Ángel Lobaina Borges. Este hecho fomentó un notable impulso en pos de su madurez estilística y estética.

Sobre la importancia del suceso Miguel Ángel Lobaina Borges comenta: “La creación de la Cátedra de Grabado en la Academia de Artes Plásticas de Santiago de Cuba, reviste una importancia no solo regional, sino también para toda la isla. Recordemos que en la década del sesenta y gran parte de los setenta solo había talleres de especialización de la gráfica en San Alejandro y en Cubanacan, que después deviniera en el Instituto Superior de Arte (ISA). El oriente del país no había sido favorecido con la creación de una cátedra de grabado dentro de la academia, esta se mantenía fiel a la tradición de la enseñanza de las artes plásticas (pintura y escultura básicamente) el resto de las posibilidades constituían asignaturas complementarias, sin embargo, hubo personas con una labor interesante y seria dentro del grabado, que aun sin ser expertos en el mismo, en el sentido de que no se habían formado específicamente como grabadores, con tanteos y exploraciones sentaron un precedente importante para la gráfica en el territorio, como es el caso de Aguilera Vicente y Raúl Alfaro.
 
Ahora bien, la idea de contar en el medio de la instrucción artística con una especialización propia en esta manifestación, tuvo un pilar importante en la fundación del Taller Cultural en 1976, aquí en Santiago de Cuba. En los predios de esta institución comienza a constituirse un gremio de grabadores interesados en oficializar su enseñanza. El tema nos apasionó y en conversaciones con Raúl Alfaro, Isidro López Botalín, Guarionex Ferrer y yo entre otros, se decide fundar legalmente la primera Cátedra de Grabado de toda la Región Oriental, porque nosotros recibíamos alumnos desde Guantánamo hasta Camagüey. De modo que luego de su creación en el curso 1978-1979, comenzamos a formar los estudiantes que serían los primeros futuros graduados en esa especialidad. Muchos de ellos impulsaron el género en sus regiones de procedencia, fomentando una verdadera efervescencia de la gráfica en el oriente del país, que irradió hacia el occidente.
 
Entonces la dinámica de creación y experimentación en el grabado santiaguero fue tanta, que incluso se superpuso a la pintura y la escultura, lo cual se hizo evidente en los salones de entonces tanto nacionales como locales. La instauración de esta nueva especialidad en la academia “José Joaquín Tejada” abrió nuevos horizontes y, por ejemplo, posteriormente se instituye la cerámica como otra especialización, se crean lo talleres de fundición y un estudio de fotografía, aunque esta última manifestación a la larga no fructificó por la falta de recursos materiales. En sentido general, yo creo que el hecho de constituir una cátedra dedicada a la gráfica en esta ciudad tuvo su impronta a nivel nacional, en tanto constituyó una manera peculiar de expresión, porque si algo tiene el santiaguero, es un innegable y especial encanto para el fenómeno del grabado artístico”.[8]
 
Miguel Ángel Lobaina Borges. Paraíso de Reyes  Colografía.1997.A tenor con el desarrollo del grabado en el área, este trabajo tiene como objeto esencial ahondar en la obra de Miguel Ángel Lobaina Borges, sin duda alguna uno de los más grandes grabadores cubanos contemporáneos. Lobaina Borges nace el 17 de agosto de 1953 en Guantánamo y desde niño siente inclinación por el arte, matriculando en la Escuela de Artes Plásticas “José Joaquín Tejada” en Santiago de Cuba. Luego de una fructífera formación se gradúa en 1972 de Escultura, Dibujo y Cerámica. Sin embargo su fascinación por las técnicas del grabado le hacen consagrarse al mismo, una pasión que comienza de a lleno en 1975 y que haperdurado hasta la actualidad.
 
El ingenio creativo de este artífice y su enorme sed de conocimiento le llevan a obtener en 1989 una Licenciatura en Historia del Arte que constituyó un sustento teórico artístico importante para su carrera. Un sinnúmero de galardones y reconocimientos nacionales y foráneos coronan su exitosa carrera; formador de generaciones de noveles grabadores Lobaina es un maestro en el sentido más lato del término. Sin embargo el más importante palmarés llega en 2007, cuando obtiene el importantísimo Premio José Contino que otorga el Estudio Taller Kcho y Talleres de Grabado de Cuba por la obra de toda una vida dentro del grabado.[9]
 
Entre los ejes temáticos del discurso gráfico de Lobaina creemos interesante centrar este análisis en una de sus series, nos referimos a “Paraíso de Reyes”, la cual ofrece un universo de significaciones riquísimas aupadas en una cotidianidad interesante y mística. La serie consta de aproximadamente 30 piezas concebidas entre la técnica Combinada y la Colografía, la datación de las misma es de 1997 a 2004.
 
Paraíso de reyes nos propone una rica fauna de híbridos que por momentos se humanizan para protagonizar una atmósfera caótica, onírica y surreal, un medio simbólico donde todo se semiotiza. La señal de la lengua y la elongación del personaje nos remiten a la simbiosis hombre – serpiente. Esta dicotomía alegórico - mitológica encarna la maledicencia del ser humano y en ella se resumen las actitudes malsanas y retorcidas propias de la especie, así como las consecuencia que estas pueden acarrear al individuo. 
                                            
También se suma a esta fauna lobainiana una especie de cocodrilo mitológico que bien pudiera encarnar un dinosaurio prehistórico, cuyo cuerpo escorzado semeja una corona. En esta oportunidad el animal levita en actitud de ataque, en tanto la boca abierta muestra su afilada dentadura. Resulta interesante en esta pieza como la autopista rojiza por encima de la cual se eleva el monstruo, sugiere un contraste de los contrarios civilización (autopista) versus barbarie (animal), contrarios que lejos de repelerse cohabitan en un mismo espacio. Este simbolismo continúa en la misma cuerda del anterior (el hombre y sus acciones deleznables) pero esta vez esa presencia del atributo real legitima la actitud desde una noción de poder.
 
 Lobaina re- juega por momentos con la tan popular creencia del “mal de ojo”, enraizada en el imaginario colectivo y cuya raíz cultural descansa en gran medida entre los mitos de la religiosidad afrocaribeña. En consonancia con esto nos ofrece el símbolo del ojo cuya alusión a la vista, como elemento propiciatorio del mal, se refuerza con la representación de una lengua asaetada por un estilete.
                                
Miguel Ángel Lobaina Borges. Paraíso de Reyes  Detalle.   Colografía.1997. (Fig. 1.10)El elemento representado en la Figura 1.10 también tiene una clarísima alusión a la filosofía del resguardo y nos remeda aquellos adornos que pulularon en los hogares cubanos tras puertas o esquinas, como parte de un ritual “anti mala vista” y cuya reiteración desmedida logró convertirlo en un elemento de pésimo gusto inserto en la Estética Kitsch. 
 
Vuelven a iterarse en esta pieza dos elementos claves, la lengua y el ojo. El sentido de estos iconos torna nuevamente sobre el tema de las actitudes humanas, aunque en estas propuestas de una forma mucho más cáustica y mística, a través de la cual el propio artista parece exorcizarse de algún demonio. Por ello es innegable que tanto el elemento ciclópeo como el órgano viperino, forman parte de una cotidianidad en la que Lobaina se descubre espantado.
 
También le espanta la violencia y el caos social. Los híbridos que habitan sus obras nos intimidan con ferocidad, lanzando imprecaciones desgarradoras que expelen sus emociones contenidas en un verdadero acto de catarsis emocional. Una ira desenfrenada ante el escenario hipócrita de la vida y sus dramas salpicados de dolor, traiciones y conflictos.
 
 Es interesante como la propia grafía de estos grabados nos va remitiendo a la idea del hombre como ente emisor y receptor de violencia, para este fin el grabador se vale de símbolos puntuales como el puñal, la estaca de madera, el corazón y la sangre, signos con los que va erigiendo un verdadero calvario humano a imagen y semejanza de su realidad, redes brutales tejidas por el ser humano y que a la postre terminan por maniatarlo.
                                       
Otro elemento importante que se resalta en estas piezas es la referencia fálica como discurso de masculinidad. La dualidad de sentidos nos remite a la lectura del falo como elemento excretor, significado que se refuerza en la presencia de la orina, y por otro lado al componente machista imperante en los roles de género, sin embargo, un tercer estrato de significación podría ver estos significantes (sobre todo el primero) como una especie de choteo burlesco o mofa ante las situaciones espinosas que nos impone la vida.
                                                   
Miguel Ángel Lobaina Borges.<br />
Paraíso de Reyes.  Combinada. 2004. (Fig. 1.12)La ambigüedad semántica de Paraíso de Reyes también nos lleva a entrever por momentos alusiones al universo afrocubano. Esta imagen cuasi totémica bien podría encarnar una representación de Changó o quizás de Eleguá, por el sentido de la carretera como camino y el rojo como único color que se incluye en la obra. Es distintivo el uso de elementos arquitectónicos cerrando los espacios abiertos, ello subraya una idea de coerción o enclaustramiento interior que no es ajena al mensaje de esta serie.   
                              
La pieza, especie de fetiche, es harto interesante y posee un lirismo compositivo extraordinario, en ella se asumen de manera simbólica los iconos por los que el discurso de Lobaina circula constantemente hablándonos de un mundo cruel, impío y onerosamente violento.   
 
Sería imposible hablar de los grabados de este maestro sin aludir a ese horror al vacío que se advierte en los intersticios compositivos de sus superficies. Barroquismo lobainiano donde está prohibido cualquier agujero por el que se escape el sentido de la representación. Sin embargo no son motivos hueros, ni se ubican por el mero hecho de cubrir, todos tiene un mensaje, una ilación semántica.
 
Es interesante también analizar el exiguo uso del color en medio de una propuesta cuasi monocroma. El protagonismo cromático es asumido por el rojo para denotar aquellos puntos climáticos en los que el autor enfatiza el conflicto; por ello no puede hablarse de una cromofobia, sino de una intención inteligente para demostrar la función plástica del pigmento. Así mismo es reiterativa la permanencia de los espejuelos oscuros, estructuras tras las cuales se parapeta la percepción, en un acto de nulo compromiso con la circunstancia: “ojos que no ven, corazón que no siente”.
 
Estos monarcas que nos presenta Lobaina han sido despojados de sus ínfulas y aherrojados en una circunstancia real y cruda, sus actitudes no les valdrán el cielo prometido, pero la vida es más rica que los sueños; por ello Paraíso de Reyes encarna esa filosofía de lo cotidiano envuelta en una atmósfera onírica, abigarrada y ecléctica, que fabula acerca de las situaciones vitales que el mundo de hoy nos presenta. Una poética que cuestiona la ética humana, a través de un cosmos donde todo pasa, incluso hasta llueven reyes y todos sabemos, que los reyes no caen del cielo. 
 
Bibliografía.
 
  1. Catálogo de la Exposición “José Julián Aguilera Vicente. Homenaje a sus 60 años”, Galería Oriente, Santiago de Cuba, Septiembre de 1993.    
  1. Cedeño Pineda, Reinaldo: “Aguilera Vicente: La Poesía de la Madera”, en Revista SIC, número 38 del 2008.
  1. Cruz Hernández, Diana María: Palabras al catálogo de la exposición “Retorno al paraíso”. Centro Cultural “Francisco Prat Puig”. Oficina del Conservador de la Ciudad. Santiago de Cuba, 2004.
  1. Cruz Hernández, Diana María: “La ciudad fragmentada en los grabados de Lobaina.” Ponencia presentada en el VI Encuentro Internacional Ciudad Imagen y Memoria, Santiago de Cuba 2009. Publicada en CD-ROM.
 
  1. ________________________: Palabras de inauguración de la Exposición colectiva de grabado “Puntos de Vista”. Galería Oriente, Santiago de Cuba, Noviembre de 2011.  
  1. ________________________: Palabras de inauguración de la Exposición colectiva de grabado “35 y más”. Taller Cultural “Luis Díaz Eduardo”, Santiago de Cuba, 8 de diciembre de 2011. 
  1. Hechavarría Pérez, Yuliet: “El Taller Aguilera. Su Papel en la creación artística y la promoción de las artes plásticas en Santiago de Cuba (1987 – 2007)”. Tesis presentada en opción al título de Licenciada en Historia del Arte, Facultad de Humanidades, Universidad de Oriente, 2008. (Inédito)  
  1. Juan, Adelaida de: Pintura y grabado coloniales cubanos. La Habana, Editorial Pueblo y Educación, 1985. 
  1. Lapique Becali, Zoila: La memoria en las piedras. Publicación de la Oficina del historiador de la Ciudad, La Habana, 2004.   
  1. López Botalín Isidro: El grabado y la impresión artística. Editorial Adagio, La Habana, 2008.
  1. Mateo, David: Incursión en el grabado Cubano, 1949-1997. Artecubano ediciones, La Habana, 2001. 
  1. ___________: Palabras en acecho. Editorial Cauce, Pinar del Río, 2005. 
  1. Omar López Rodríguez   Palabras al catálogo de la exposición “Crear un reino”. Sala “René Portocarrero”, Teatro Nacional, Ciudad de La Habana, 2005.  
  1. Pasín Alarcón, Blanca y Luis Tasset Céspedes: “La colografía en Cuba”, Ponencia presentada en el Evento Teórico del Salón Nacional de Grabado. La Habana 1997. (Inédito) 
  1. Respall Fina, Raimundo. Palabras al catálogo del VII Encuentro Nacional de Grabado, La Habana 2007.
  1. Ricardo, José et al: Diccionario técnico de las artes gráficas. Impreso en la Unidad de Producción 274-19-01 de la Empresa Consolidada de Artes Gráficas, La Habana, 1976. 
  1. Sánchez, Juan: El grabado en Cuba. Talleres tipográficos de Impresora mundial S. A, La Habana, 1955. 
  1. Turruellas Rodríguez, Yanara: “El ejercicio del criterio en las revistas culturales santiagueras (1903 – 1958)”, Tesis presentada en opción al título de Licenciada en Historia del Arte, Facultad de Humanidades, Universidad de Oriente, 2003. (Inédito)
     
  2. Vázquez Ayarte, Antonio: “Santiago en la Mirada: Testimonio del pintor Antonio Ferrer Cabello”, Ediciones Santiago, Santiago de Cuba, 2007.

Notas


[1] Institución cultural que operó en la década del 50 e inicios del 60 en Santiago de Cuba. El Grupo aglutinó a lo mejor de la intelectualidad santiaguera. Fundado por conspicuos artistas en 1953, amasó en su seno a escritores, periodistas y profesores militantes del vanguardismo artístico en la región. Gracias a sus influjos eclosionó en la ciudad un desarrollo importante de nuestras artes. Galería tuvo su órgano oficial, que en un primer momento funcionó como un boletín y luego alcanzó el rango de revista (Revista Galería). El Grupo Galería funcionó en un amplio diapasón cultural que integró la plástica, el teatro, la danza, la música y la gráfica en franca promoción de lo más selecto y autóctono de la modernidad artística santiaguera.    

[2] Hechavarría Pérez, Yuliet: “El Taller Aguilera. Su Papel en la creación artística y la promoción de las artes plásticas en Santiago de Cuba (1987 – 2007). Pág. 18.  
 
[3] José Julián Aguilera Vicente (Puerto Padre 1934). Escultor, grabador y pintor, graduado en la Academia de Artes Plásticas de Santiago de Cuba. Al terminar su etapa como estudiante se mantiene en la escuela como profesor de Dibujo. Tras su jubilación el artista experimenta una etapa caracterizada por un incremento de su obra plástica, y decide buscar un espacio para la creación de su propio taller. Surge de esta forma en 1987 el Taller Independiente Aguilera.El surgimiento del Taller Independiente Aguilera, como un taller de grabado se vio posibilitado por la adquisición de una prensa para la impresión de grabados litográficos que serviría desde sus inicios no sólo para los integrantes del Taller, sino para otros artistas de la cuidad. En sus primeros momentos el Taller funcionó fundamentalmente como espacio familiar dedicado a la creación artística del grabado y la pintura, pero luego irradió su influjo hacia el ámbito artístico santiaguero contando con la participación de otros artistas. Desde su fundación hasta la fecha es patente en las proyecciones del taller la intención de colaborar con los artistas en función de la divulgación y promoción de las artes plásticas en Santiago de Cuba.  
 
[4] Antonio Vázquez Ayarte: “Santiago en la mirada. Testimonio del pintor Antonio Ferrer Cabello”. Pág. 30.
[5] René Valdés
 
[6] Raúl Alfaro (Santiago de Cuba 1933): Artista plástico, escritor y pedagogo, graduado de Dibujo, Pintura y Escultura en la Academia José Joaquín Tejada. Cursó estudios de Diseño Gráfico en la American Art School y School of Visual Art, ambas en New York (USA). Ha dictado numerosas conferencias y realizado talleres en Cuba y el extranjero sobre Colografía, Diseño Gráfico y Tipografía entre otras temáticas. Ha participado en más de 130 exposiciones colectivas y realizado 18 muestra personales, en Cuba, Suecia, Finlandia, Dinamarca, Estados Unidos, Noruega, Alemania, Colombia, Méjico et al, incursionando en el grabado, el dibujo y la pintura. Como docente se ha desempeñado en la Escuela de Artes Plásticas José Joaquín Tejada y la Carrera de Historia del Arte en la Universidad de Oriente (ambas santiagueras). Ha formado parte del claustro de la Facultad de Artes Plásticas de la Universidad Veracruzana y de la Escuela Internacional Gestalt de Diseño, instituciones ubicadas en la ciudad de Xalapa, Veracruz, Méjico. Actualmente reside en Miami, Florida, USA.
 
[7] Isidro López Botalín: (Guantánamo, Cuba 1949 - Méjico 2006). Durante 19 años fue profesor de litografía y grabado en la Escuela de Artes Plásticas José Joaquín Tejada (Santiago de Cuba) y en la Escuela Nacional de Artes Plásticas (Ciudad de la Habana). Fue fundador del Taller de Grabado en el Taller Cultural de Santiago de Cuba y del primer Taller de Litografía Artística en la misma ciudad. Impartió talleres y clases magistrales de litografía a alumnos y profesionales cubanos y extranjeros en Cuba y Méjico. Fue miembro del Taller Experimental de Gráfica de la Habana; la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC); del Taller de Gráfica Popular (Méjico D.F), asesor y productor de Grabados en Metal del Maestro Raúl Anguiano (Méjico D.F) y director artístico del Espacio Cultural “Boletín Galería” y del Taller de Grabado “Trapiche de Botalín” en Pachuca, Hidalgo, Méjico, lugar donde radicó desde 1993 hasta su deceso.   
 
[8] Entrevista realizada al Grabador Miguel Ángel Lobaina Borges en su Residencia el 15 de febrero de 2012 a las 3.35 PM. 
[9] Vid. Raimundo Respall Fina, en Palabras al catálogo del VII Encuentro Nacional de Grabado, La Habana 2007, Pág. 7.
 

Por: Orlando Rafael Lazo Pastó
Profesor e Investigador del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Oriente.