Ketty Margarita Blanco ZaldívarKetty, comenzaré con una pregunta que, de tan usual, nos expone al riesgo de un diálogo -cuando menos- obvio y elemental, pero que considero necesaria en tu caso, pues aborda ese tan importante momento primero en la vida creativa de un escritor. ¿Cuán decisiva ha sido la literatura en ese cúmulo de aspectos mundanos e intelectuales que hoy te integran como persona?

La literatura es lo que da sentido a mi vida. Todo lo que hago gira en torno a ella, y en cómo escribir mejor. En principio fue por adrenalina. Soy una persona que necesita emociones fuertes para sentirse viva, y las lecturas en público, los concursos y las publicaciones me permitieron experimentar con mucha frecuencia esa dulce corriente en el estómago. Luego, cuando leí  a Dostoievski, Herman Hesse, Saramago, Antoine de Saint Exupéry, Kundera…, percibí el peso de sus palabras sobre el papel y la profundidad de lo que decían. Sentí que quería escribir como ellos y que para eso debía empezar por conocerme, descubrir mi mundo interior para trasmitir lo que solo yo puedo y deseo decir. Gracias a eso emprendí un camino en dirección a mí. 

 ¿Es casual que todas esas influencias hayan trascendido precisamente en el campo de la narrativa, o concedes un peso menor a la poesía dentro de tu obra?

Debo reconocer que sí. Me concibo más como narradora. La poesía es algo que en algún momento he necesitado dejar salir, pues de lo contrario me hubiera ahogado. Prueba de ello es que, cuando dejó de brotar, no me esforcé porque volviera. Reconozco que me apasionan Dulce María Loynaz y Antonio Machado. Últimamente he descubierto con fascinación la poesía china y el Haiku. Sin embargo, en mi plan de lecturas no incluyo ningún libro poético. Todo lo que quiero escribir por el momento es narrativa, aunque cuando la poesía vuelva a tocar mis puertas, estas estarán abiertas para ella.

Has reconocido la literatura como camino en dirección a ti. Recientemente el poeta Roberto Manzano definió tu poesía como la “comunicación económica de un raro estado del espíritu”, ¿cómo valoras tu quehacer literario y qué expectativas despierta en ti? 

Un camino apasionante, desconocido y a la vez esclarecedor. Para la literatura no tengo máscaras. Esa honestidad que ella reclama me sumerge a buscar en mis entrañas lo mejor y lo peor de mí. Así que estoy casi siempre en una búsqueda, pero también dejándome sorprender. Entre la literatura y mi vida íntima la línea divisoria es tan endeble que muchas veces se anula. En cuanto a mis expectativas, tengo muchas. Ahora mismo no sé qué seré capaz de escribir en el futuro, y eso me llena de alegría y optimismo.

A veces una buena predisposición no es suficiente. Se necesita una estructura sociocultural favorable al desarrollo, sobre todo, de los jóvenes escritores. ¿Crees que la red de concursos provinciales y nacionales, los espacios habituales y las publicaciones periódicas y editoriales cumplen a cabalidad dicha función?

Como dices, muchas veces una buena predisposición no basta. ¿Qué te puedo decir? Con todas estas reducciones de presupuestos y concursos… con la poca promoción que se le da a los jóvenes escritores y a sus libros... es desesperanzador. En mi caso, el amor que siento por la literatura vence esos obstáculos. ¿Qué puertas podré tocar con mi obra? No lo sé. La certeza que tengo es que quiero escribir. Así que me ocuparé de poner lo mejor de mí en cada oración. Cuando lo logre, con la ayuda de Dios y de la Virgen de la Caridad del Cobre, entonces pondré todo mi empeño para que se conozca.

¿Influyó esa necesidad de “ir con mi literatura” hacia algún sitio, en el traslado desde tu natal Camagüey hacia la capital?

No. Fue mi madre la que hace seis años quiso que nos mudáramos. Su vida dejó de tener sentido en Guáimaro, que es el pueblo donde crecí. Por mi parte, recién acababa de descubrir la literatura como algo a lo que podía dedicar mi vida, y estaba cosechando algunos éxitos en la provincia. Los pocos escritores que conocía, a excepción de Carlos Esquivel, eran de Camagüey. Esas razones me inclinaban a desear quedarme. Sin embargo, tuve la bendición de entrar al Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso en los mismos días en que llegué a La Habana.

En uno de tus poemas afirmas que quieres “sembrar hombres”, cómo explicarías esa disposición y qué importancia concedes al ser humano dentro de tu obra.

Me propongo captar la subjetividad en las personas. Sobre todo en aquellas a las que comúnmente no les prestamos atención. Hurgar en sus humores, deformaciones y sutilezas. Si algo me gusta de las obras literarias es la caracterización del personaje que transita como sombra por delante de nosotros: Raskolnikov, Madame Bovary, Harry Heller. La mayoría de mis cuentos comienzan con un nombre o los artículos él o ella; porque es a los personajes a los que concedo la mayor importancia.

¿Y cuáles son tus tópicos más recurrentes?

Las emociones y la mente humana. Me resulta muy interesante seguir al personaje y ver sus programaciones. Cómo actúa cuando se siente solo, iracundo, etc. El modo que tiene de canalizar el resentimiento, el miedo, sobre todo cuando no es consciente o no quiere admitir esos sentimientos en él.

Regresando a la cuestión del escritor ¿Cuáles serían los caminos que, en tu opinión, podrían llevar a una persona a convertirse en uno de los buenos?

Pregunta difícil. Creo que primero tiene que sentir la vocación. Pensar en la literatura la mayor parte del día. Desear escribir y hacerlo, así pierda los concursos, no le publiquen los libros y la persona más querida lo ponga a escoger entre la literatura y ella. Escudriñar, bajar, buscar en lo profundo de sí, y a su vez, en todo lo que le rodea. Leer mucho. Nutrirse de los clásicos. Todo esto, tal vez, lleve a alguien a convertirse en un buen escritor.

Mientras te formulaba la pregunta anterior, planeaba en secreto un posible cuestionamiento de tu parte acerca de lo que es “ser un buen escritor”, para así arribar a interrogantes como ¿Quién decide cuando se es o no un buen escritor? ¿Qué características te convierten en uno?

Me pones en aprietos con preguntas como esta. Sin embargo, voy a arriesgarme. Creo que quienes deciden son los lectores y/o los críticos, el tiempo... Refiriéndome a tu segunda pregunta, respuestas hay varias. Todas legítimas. En mi opinión, lo que hace que alguien sea un buen escritor es que su literatura sea capaz de traspasar fronteras lingüísticas, ideológicas y temporales. Que lo que escriba haga estremecer y reflexionar a otro ser humano en el extremo opuesto del mundo.

¿Cómo valoras el triángulo creador / crítica / público en el contexto literario nacional?

Una buena crítica puede acercar el libro a las personas que ni siquiera hubieran pensado en leerlo. Los críticos contribuyen a la difusión y consumación de una obra, a hacerla visible a los ojos del lector corriente. Y es el caso contrario cuando se hace una valoración desfavorable. Sin embargo, se hace poca crítica. Sobre todo a los libros que publican los jóvenes.

¿En qué subgénero narrativo te sientes más cómoda y qué crees de la relación novela-cuento en los mercados literarios dentro y fuera de Cuba?

Yo me siento más cómoda dentro del minicuento. Me reconozco perezosa y a la vez ansiosa. Pero mis personajes son los que en verdad deciden qué voy a escribir. Es simpático, porque recién me percaté de mi posición de “biógrafa”. Estaba terminando lo que yo creía iban a ser los últimos capítulos de una novela cuando comencé a ver a la protagonista viviendo otras historias. Comprendí que concluir la novela donde la había concebido inicialmente hubiera sido asesinarla. A ella todavía le quedaban cosas por vivir. Respiré profundo. Ultimé esa primera parte y rápidamente comencé a escribir la segunda con la seguridad de que de lo contrario su fantasma no me hubiera dejado en paz.

Sé poco en cuanto a la relación novela-cuento en los mercados cubanos y extranjeros. Tengo entendido que fuera de Cuba la novela es más vendida, y por tanto preferida por las editoriales. Sin embargo, aquí en nuestro país, se le da una gran promoción al cuento, con la publicación de una gran cantidad de libros y antologías de autores cubanos y foráneos.

Todo sistema literario responde a un sistema filosófico más o menos nítido, en tu caso ¿cómo se articulan las creencias religiosas dentro la obra?

A veces me hacen dudar acerca de escribir algunas perversiones o fantasías. Cuando pasa eso, me rebelo. Detesto reprimirme, y más mutilar la literatura, que por sí misma exige libertad total. No obstante, debo reconocer que por otra parte las creencias religiosas me mantienen a salvo de la escritura de letrina. Por eso ahí vamos, cada día mejorando nuestras relaciones.

¿Crees en una nueva generación de narradores de los 2000? ¿Te adscribirías dentro de ella?

Creo. Conozco varios escritores –y no solo narradores– que me parecen  buenos. Puedo decir con regocijo que en estos once años he leído obras que me han remitido a los clásicos. No en un sentido mimético (cada escritor construye su discurso desde la época y las circunstancias que nos ha tocado vivir) sino por la sinceridad, intensidad y habilidad estilística con que trabajan.

Me preguntas si me considero dentro de ella. Prefiero no ser yo quién conteste.

¿Cómo adivinas la literatura cubana de los próximos 20 años?

¿Sabes? Lo de profeta no se me da, el futuro se me hace borroso. ¿Habrá próximos veinte años?

 

Tomado de: http://www.cubaliteraria.cu/articulo.php?idarticulo=13222&idseccion=43
 

Ketty Margarita Blanco Zaldívar (poeta y narradora camagüeyana) es una de las voces emergentes a la luz del nuevo milenio literario cubano. Egresada en el 2005 del Curso Nacional de Técnicas Narrativas “Onelio Jorge Cardoso” y miembro de la Asociación Hermanos Saíz, ha obtenido premios y reconocimientos en diversos concursos de poesía y cuento de carácter nacional e internacional. Textos suyos aparecen en varias publicaciones periódicas y antologías. De su poesía ha afirmado Roberto Manzano: “es de una síntesis sorprendente en persona tan joven. No reduce lo que quiere expresar: no lo mutila, no lo suspende”.