OkínOkín, pájaro que no vive en jaula, espectáculo unipersonal titiritero escrito y dirigido por René Fernández para mí, en 1988, es uno de los montajes más hermosos que he hecho en mi vida artística profesional. Al hermoso diseño escénico de Zenén Calero, la asesoría dramática de Oscar Jorge Marrero y la musical de Fabio Hernández, se unió la asesoría danzaria y folklórica del coreógrafo Ángel Luis Serviá Boada. Un mulato flaco y lleno de collares, con una manera especial de hablar y de moverse, como un negrito catedrático ligado con un güije del monte, todo un personaje entrañable y sabichoso.

Perdimos a Servía el pasado 8 de abril, fue una sorpresa para todos los teatristas y trabajadores de la cultura de Matanzas, pero sobre todo para los que trabajamos directamente con él. Serviá dejó su impronta desde principios de los 80 en varias puestas en escena del Teatro Papalote. Puedo bailar de memoria la danza maravillosa que me montó para el preludio de Okín…, repetir los cantos yorubas del espectáculo, me los enseñó a viva voz, aunque nunca pude cantarlos como él.

 

Era conocedor y mágico este Brujo, como le decían algunos amigos. Sus manos llenas de ritmo modelaron sobre mí cada paso de Shangó y Oshun, necesarios para el montaje de René que fue visto en Yugoslavia, España, Francia, Colombia, Rusia y Suecia. Luego compartimos trabajo en Obiayá Fufelelé, donde no solo realizó la asesoría folklórica y los bailes, sino que hacía de Olofi, quien mejor que él. Lo recuerdo enseñándole a las jimaguas Seguí, los cantos y expresiones corporales de los Ibeyis. Su paso por Danza Espiral, para quien montó obras tan especiales como Añá, Saya o Memorian, entre otras. Fue una línea de luz que nos dejó para siempre una percepción diferente del mundo y la cultura afrocubana. Creó el prometedor Grupo Madera y dejó profundas huellas en ahijados, amigos y admiradores. Todo se convierte ahora en ausencia y evocación.

¿Qué caminos brumosos tomó ese mulato flaco y saleroso que no pudieron Eleggua Alaroye con su poderoso garabato, ni Oshun Kolé, abanico en mano, rescatarlo, salvarlo? La vida es un misterio, un reto y un signo de interrogación inmenso. Todo está escrito sobre esta tierra llena de muertos, vivos y dioses que deambulan libremente por el mundo. Papá Serviá agita desde el infinito su bastón adornado con cascabeles. Está al pie de una Iroko de nubes y vientos, nos dice un chiste y una mala palabra, hace un movimiento pélvico y otro sinuoso con los hombros. Baila, canta, grita, no quiere que le olviden. No lo olvidaremos. Cada vez que suene un tambor en Matanzas, su espíritu bebedor y creativo vendrá a este plano para que lo veamos gozar, disfrutar, vivir.


Por Rubén Darío Salazar