Una fiesta para LolóDebo comenzar agradeciendo: agradezco la gentileza de los vigías de invitarme a presentar este número de su revista, tan especial como los anteriores, tan memorable como los que—Dios y los materiales mediante—se publicarán. Agradezco además la suerte de encontrarme entre personas inteligentes, entre escritores e intelectuales importantes, quienes en una casa-revista conversan, opinan, se leen unos a otros sus obras; y al mismo tiempo, en una revista-fiesta, celebran una obra y una vida tan interesantes como las de Loló Soldevilla.

La Revista del Vigía tiene un orden lógico y coherente. Sus secciones han sido originalmente tituladas. Sin embargo, yo no seguiré tal orden, no porque prefiera otro, tampoco porque mi lectura no se corresponda con esta lógica. Más bien se debe a la organización de mis ideas, a una estructura que facilite mi presentación. Si el centro de la fiesta es Loló, ella debe comenzar proponiendo el primer brindis. Pero tampoco quisiera que ella quede aislada, y como ha sido propuesto en la revista, ella debe entrar y salir en verdadero diálogo con Cuba y con el mundo.

En una nota de su agenda personal (Paris, Julio 18 de 1954), Loló dice:

Ayer salí con un libro en las manos. Se trata de un poeta cubano: PLÁCIDO. Sus versos, llenan a uno de infinita dulzura. Él fue ejecutado, hace justamente cien años, allá en la provincia de Matanzas. He leído los versos de Plácido a diferentes amigos de la América Latina y algunos han llorado conmigo esta triste muerte: “Plegaría a Dios” y “Adiós a mi Lira” son obras de una vigencia absoluta en los días de hoy!! También a solas, he vuelto a llorar la muerte de este gran poeta cubano, nuestro Plácido!!!
 
Ahora, en la larga soledad de la noche, leo a José Martí.
 
Como podemos apreciar, las palabras anteriores pueden perfectamente acompañar a su pieza dedicada a los mártires que ahora mismo, entre otras, se exhibe en esta galería. No obstante, no es su patriotismo ni su posición política lo que más me conmueve: sus palabras me estremecen porque estas contienen una sensibilidad especial que rebasa cualquier coyuntura.
 
Loló habla de Plácido y de Martí, y la revista responde con otros poemas y otros poetas. Se apaga la música de la fiesta y otra música comienza. Se escuchan versos de Luis Lorente, Zurelys López, Oscar Cruz, Charo Guerra, Abel González Fagundo, Yanira Marimón, Derbys Domínguez, Daniel Díaz Mantilla, Rafael Enrique Hernández, José Kozer, Ángel Escobar. Atinada ha sido la invitación, porque las voces aquí reunidas forman un corpus heterogéneo y compacto, de gran calidad y buen sabor…Y cuando parece que va a terminar el concierto, llega el último de los invitados. Desde Estambul, desde la Tracia, desde la Amazonia, desde cualquier parte, se escucha la poesía de Adnán Özer, poesía que impresiona por su profundo lirismo, por el manejo de un lenguaje universal y único.
 
Pero en verdad, Ozer no es el último de los invitados. Recibimos noticias de Verónica Jiménez y de su poemario Nada tiene el amor que ver con el amor, cuaderno que, según el poeta y crítico Cristián Gómez, propicia una lectura de conjunto donde lo que movería la poética autoral sería un paulatino acercamiento a nuestra Historia y su contingencia, al mismo tiempo que esa Historia se desdibuja y adelgaza en esa pérdida de arraigo simbólico y cultural que significa la consolidación de la economía de mercado en el Chile del nuevo siglo. 
 
Ya lo sabemos: la poesía no solo se concibe en versos. Como quien viene de la cocina, trayendo una bandeja de deliciosos pastelillos, aparece otro poeta. Con la misma emoción con que promueve la cultura, Alfredo Zaldívar nos lee un fragmento de su novela Vida y obra del trichimicrobiado y cosmogónico vate de la ética y vate imán Antonio Eulogio Hernández Alemán conocido como SEBORUCO. Llama la atención el uso de un lenguaje atemporal. Si bien logra ubicar a Seboruco en su época; al captar el espíritu de su poesía, consigue transportarlo con frescura a nuestros tiempos.
 
Al fragmento de la novela le siguen los cuentos Autohechura, de María Elena Llana; La Oreja, de Norge Céspedes; Mierda, de Mae Roque; Nativa de Argel y Casa Cuba, de Loló Soldevilla. Por supuesto, estas piezas no han sido escritas con la misma mano. De ahí los diferentes tonos y los disímiles niveles de absurdo y fantasía, aun cuando en cada uno se revela una existencia afectada por la realidad más inmediata. Y así escuchamos a Mylena hablar sobre Mylene, es decir, Mylena Suárez, una joven egresada de Filología, expone parte de su tesis de licenciatura, un acercamiento a la obra literaria de Mylene Fernández Pintado. Su análisis exhaustivo nos provoca un especial interés por la obra de Mylene. Amén de un recorrido minucioso, Mylena llega a la siguiente conclusión:
 
De esta manera, creemos que puede establecerse como característica fundamental de la institución de los personajes femeninos creados por Mylene Fernández Pintado en los tres volúmenes objetos de nuestro análisis, la exaltación de aquellos rasgos que denotan, como plantea el mismo texto, la aceptación, del denominado “carácter marginal” o “subalterno”, evidenciado en la plasmación de una actitud que puede llamarse de exaltada sensibilidad frente a las validadas interpretaciones patriarcales, y de aceptación inconsciente de las mismas.
 
Dice Mylene Fernández: “El día que no fui a New York”. Desde Boston, responde la matancera María Magdalena Campos-Pons: “When I’am not here, estoy allá”. A decir del crítico, ensayista y poeta Allan West, la obra de Campos-Pons encarna múltiples diásporas, valiéndose de la memoria, la tecnología, la memoria y lo espiritual para problematizar sobre cuestiones de arte, identidad, raza, e historia, logrados en distintos medios como la fotografía, la pintura, el video, y la instalación.
 
Dice Campo Pons: “When I’am not here, estoy allá”. Desde Ybor City, responde Mabel Cuesta: “…la ciudad de Lisboa, provocó en mí el espejismo de haber estado paseando no a la orilla del Tajo, sino por La Habana…” Cuando Mabel dice Tajo, pienso en Pessoa y en la cañada de mi infancia. Maravilloso texto de Cuesta que traspasa las fronteras de géneros y disuelve los límites entre realidad y ficción. De poema tiene, y tiene de crónica y de ensayo, y hasta de cuento tiene. Pero de lo que más tiene es de dolor y de nostalgia. Desgraciadamente, la distancia entre la cañada de mi infancia y Matanzas no es, por ahora, la misma que existe entre Ybor City y Ceiba Mocha.
 
Vuelvo a escuchar en la voz de Luis Lorente la palabra migración, vuelvo a París en las notas de Loló. Tanto en sus notas como en sus cuentos, la palabra migración tiene el mismo sabor. Loló no ha hablado demasiado hoy, tampoco han hablado demasiado Wifredo Lam, Nancy Morejón, Michel Seuphor, Osbel Suárez ni Elsa Vega-Dopico. Sin embargo, lo que hoy hemos escuchado es suficiente para saber de Loló, de su talento, su humanismo, su cubanía y su universalidad.
 
Gracias a Vigía por la fiesta, a sus invitados, y sobre todo, a Loló. Muchas Gracias.


Por: Israel Domínguez

(*) Palabras de presentación de La Revista del Vigía, año 22, # 32. En Matanzas, en la Galería Pedro Esquerré, el 9 de junio del 2012.