Vigía: un quinquéVigía es nuestra y es de todos en la Isla. Es del mundo, que la acoge, la acaricia y se la lleva a sus anaqueles, deslumbrando como una estrella, cualquier oscuridad. Vigía son libros en forma de poemas que navegan por el San Juan, salen a la Bahía de Matanzas y se adentran en el mar.

Libros que se pierden en los caminos, tierra adentro, hasta llegar a las ciudades, para que leamos literatura, como si fuera en una arquitectura construida con imaginación de papeles, hilos, caracoles, hojas y cada cosa inimaginable, que ellos recogen en el bosque, en la costa, en los basureros y lo convierten en fragmento de algo distinto que nos sobrecoge ante tanta audacia creativa.

Vigía son seres sentados en una mesa larga, son manos, que tejen, pegan cosen lo que los editores hicieron con el rigor y la profesionalidad de los que aquí laboran. Los que desde una ventana, miran el río y los puentes, mientras las palabras crecen en las paginas en blanco, mientras se les buscan sus esencias, sus colores, sus texturas de palabras de escritores de disímiles rincones, a los que Vigía hace suyos, diferentes, extraños y bellos, como mezcla de alquimistas que sueñan imposibles.

 Vigía tiene nombres que la historia recoge: los que la fundaron, Zaldívar y Estévez,  los que continuaron su legado, los permanecen. Tiene la magia de Rolando Estévez, un poeta que construye otras vidas, en muchos libros: un poeta, un constructor de barcos, un astronauta, un  iluminado que busca en las constelaciones, la inmensidad del fondo oceánico. Tiene a Laura Ruiz, poeta, editora, un poco tejado y pared de vigía, un poco del olor de los papeles y de los caligrafía del viento, que entra hasta su ordenador.  Tiene a Agustina, frente a Vigía, sentada en lo alto o caminando entre los jardines.  Tiene a cada mujer y hombre sin que los libros no existirían. Hombres y mujeres que huelen a tinta, a pegamento.

Para los teatristas matanceros Vigía, es casi todo. Una casa, una mano, una parte de nosotros. Desde Aforo cada proyecto  ha sido posible. Desde sus inicios Vigía se situó entre una de las editoriales, que en el país más promocionó la dramaturgia y la teoría teatral. Auspició concurso, fue nuestro brazo derecho e izquierdo para que los sueños de La Mojiganga y otras alucinaciones fueran posibles. Para muchos autores, en sus catálogos está nuestro primer libro. Ese que revisamos y auscultamos aun hoy. Un espacio para la lectura de nuestras obras, para encontrarnos y tomar té.

Vigía es un quinqué que alumbra al teatro cubano.

Su llama crece y nos abrasa, como un abrigo donde siempre vamos a encontrar un sincero resguardo que ahora agradecemos.


Por: Ulises Rodríguez Febles