Vladimir VisotskyTomado del prólogo a Vladimir Visotsky, Editorial Escritor Soviético, Moscú, 1988. (Traducción: Juan Luís Hernández Milián)

Era un hombre talentoso que en vida conocían todos; sus canciones irrumpían en nuestro oído, en nuestras almas, pero hablar de él o escribir sobre él era algo imposible.

Alguien se asustaba mucho con el agudo sentido social de sus versos, alguien se inquietaba con su popularidad. Es difícil decir cómo se siente un hombre que, conociendo sus valores, no tenía la posibilidad de ver sus versos impresos. La muerte lo legalizó. La muerte y las nuevas circunstancias de nuestra vida. Su muerte fue tan repentina e inverosímil que conmovió la sociedad; ya que se imposible guardar silencio y entonces surgieron las conversaciones y los intentos de analizar. Comenzó aquello a lo que un poeta tiene derecho y sin lo que es imposible el desarrollo de la literatura y, en general, de la cultura.

Comenzó, naturalmente, por los breves llantos de despedida de sus amigos, después, todo se convirtió en una corriente demoledora, en todo un sistema de corrientes contradictorias, excluyentes, desde el rechazo a la alabanza, con la irritación en un extremo y las exaltaciones histéricas en el otro. En general, fue normal y provechoso: la confrontación de opiniones, los diferentes de vista; pero, al hablar del poeta, los extremos no son siempre para bien. No debe existir ni el endiosamiento ni la denigración mucho más cuando, principalmente, los que endiosan son ignorantes entusiasmados o especulantes concientes. Y ¿quién lo denigraba? Aunque sea doloroso decirlo, en primer lugar, los poetas, hermanos del taller de creación literario, que no habían alcanzado lauros poéticos, aquejados por un complejo de inferioridad o los mismos críticos desesperados por atraer la atención del mundo literario.

Pero, ¿qué sucedía? Era un poeta, una voz, una guitarra en una época triste. Cualquier ser pensante, por poco que lo sea, cualquier naturaleza sensible por poco que lo fuera, tenía conciencia de esta tristeza, sentía la decadencia, la pérdida de valores. Visotsky comenzó por el primitivismo, por el monosemantismo, enriqueciendo gradualmente su visión poética y civil hasta llegar a imágenes literarias elevadas, constantemente aprendía de la vida y la literatura lo cual sucede a cualquier poeta independientemente de su grado de talento. Empezó a escribir para un pequeño círculo de amigos y llegó a los más amplios auditorios, llegó a la expresión máxima de sí mismo al expresarse, es decir, logró la satisfacción más alta.

Por supuesto, la guitarra profundiza las emociones, su maestría actoral se manifiesta en todo acrecentando la esencia, pero, en su conjunto, los versos, la guitarra, la entonación es un género en el que se perfeccionó día a día.

Con los años se hizo más profesional, desapareció la locuacidad juvenil y le era suficiente cualquier pequeño motivo para que surgieran los versos; todo se impregnó de autenticidad: el sufrimiento, el odio y el amor. El verso se volvió consistente, metafórico.

¿Y qué hacemos ahora al reflexionar sobre el poeta: profundizar en sus imperfecciones, debilidades y errores? En efecto, sabemos bien que aunque los talentosos y los mediocres son semejantes en los procesos resulta que al talentoso el triunfo lo acompaña siempre, pero la mediocre nunca. Así vamos a juzgar a Visotsky por sus triunfos y éxitos, por aquello que nos deslumbró en los años sesentas y continúa deslumbrándonos hoy día con creciente emoción.

Por: Bulat Akudzheva


Poemas de Vladimir Visotsky


Canción sobre un amigo

Si de repente resulta que un amigo
no es amigo tuyo ni tampoco enemigo,
si a la vez no acabas de entender
si es un buen hombre o es mala gente,
llévalo a las montañas, arriésgate con él,
no lo dejes solo,
pues, amarrados a una misma soga,
sabrás, allá arriba, quién es él.

Si en la montaña ni habla,
si se atolondra al pisar abajo
en un pedrusco de hielo
y se acobarda y retrocede dando un grito,
esto quiere decir, que es un extraño junto a ti,
mas, no lo insultes ni acoses:
con esos no se escalan montañas,
a esos no se les canta aquí.

Si él, sin protestar, sin lamentarse,
de mal humor, exhausto, caminaba
y, entonces, cuando caíste de un peñasco,
gimió pero te sostuvo;
si iba junto a ti como a un combate
y allí en la cima se paró borracho,
esto quiere decir, que como en ti mismo
puedes confiar en él.
                                              (1966)
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Él no volvió de combatir

Por eso nada es igual, como es todo, como siempre,
aún el mismo cielo, otra vez azul,
aquel mismo bosque, igual mismo aire, el agua misma aquella,
pues, él no volvió del combate.

No puedo comprender cuál de nosotros tenía la razón
en nuestras discusiones desveladas, inquietas.
No empecé a comprenderlo hasta ahora
cuando él no volvió del combate.

Callaba cuando no debía, hablaba sin tacto alguno
siempre de lo que no estábamos hablando,
no me dejaba dormir, al amanecer se levantaba,
pero ayer, él no volvió del combate.

De este vacío de ahora, mejor ni hablar…
De pronto comprendí: éramos dos.
Fue como si el viento apagara una hoguera
cuando él no volvió del combate.

Hoy, como si la primavera escapara de su cautiverio,
por error, le di un grito:
¡Amigo, deja de fumar! Y respondió el silencio:
ayer, él no volvió del combate.

Nuestros muertos no nos abandonan en la desgracia,
nuestros caídos son como centinelas.
El cielo se refleja en el bosque como en el agua,
y azules los árboles se empinan.

Cabíamos bien en una cueva los dos,
el tiempo se nos iba a los dos,
ahora soy uno solo. Solo me parece
ser quien no volvió del combate.
                                                      (1969)

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Tatuaje

No te compartimos, no te dimos caricias
y que te amamos es algo ya del pasado.
Tu clara imagen, Valia, la llevo en el alma,
pero Liosha se la tatuó en el pecho.

Aquel día, al despedirnos en la estación,
prometí recordarte hasta la tumba,
y dije: Nunca en mi vida olvidaré a Valia.
Y mucho más la recordaré yo, dijo Liosha.

Ahora decide: a cuál de losa dos con tu imagen
la va peor, le es más difícil vivir: descifra el asunto:
él tiene tu perfil por fuera
y yo lo tengo por dentro.

Cuando me entran ganas de vomitar como si estuviera
en el cadalso, que no te ofendan mis palabras,
le pido a Liosha quitarse la camisa
y paso las horas y las horas mirándote.

No hace mucho, un compañero mío, un buen amigo,
con el arte quiso acabar con mi infortunio:
cogió tu perfil del pecho de Liosha
dibujándolo a pinchazos en el mío.

Lo sé, no es agradable rebajar a nuestros amigos,
pero tú eres más mía y más entrañable
porque mi tatuaje, más exactamente, tu tatuaje
es mejor y más hermoso que el suyo.
                                                            (1965)


 

Juan Luis Hernández MillanTRADUCTOR:
Juan Lius Hernández Milían
(Matanzas, 1938).
Poeta y traductor, tía publicado Los poemarios De buenas a primeras, 1986; Difícil Escribir, 1993;Mas bien de la memoria que del tiempo, 1994; Entre página y marea 1998. Traductor de Pasternak, Ajmátova,Esenin. En 1995 le fue otorgado por la UNEAC el premio "José Rodríguez Feo" de traducción literaria.