Expo Whatever El arte joven en la ciudad de Matanzas ha estado permeado desde hace varias décadas por las distintas visualidades contemporáneas asumidas a través de las concepciones ideoestéticas de los circuitos del arte capitalino y, a su vez, de aquellos que se generan de las relaciones con el arte contemporáneo occidental. Este particular se debe en gran medida a la generación de estudiantes de Matanzas graduados del Instituto Superior de Arte (ISA) y la Escuela Nacional de Arte (ENA) que luego de su retorno a la ciudad, particularmente en los años ochentas y noventas, secundaron un nuevo proceso de gestión y desarrollo de las artes visuales en la provincia.

La Escuela Provincial de Artes Plásticas de Matanzas ha intentado desde su creación aunar y alinear las necesidades de la creación plástica, así como posibilitar la formación e inserción de nuevos creadores que potencien y orienten el camino de las artes visuales; aunque la relación existente entre la enseñanza artística y la institución-arte,  especialmente con el sistema de galerías rectorado por la Galería Provincial “Pedro Esquerré”, ha sido un agente promocional importante en el fortalecimiento de los proyectos expositivos personales y colectivos.  

Lo cierto es que tales prerrogativas han funcionado como acciones intermitentes a lo largo de estos años hasta la actualidad; problemática que ha estado sujeta, entre otras cuestiones, a la inestabilidad y desconexión de algunos de los artistas consagrados y emergentes con los procesos culturales y expositivos de la localidad; de igual manera, la vinculación de artistas egresados de la Escuela Provincial de Artes Plásticas de Matanzas al proceso de comercialización en el polo turístico de Varadero, ha imposibilitado la actualización del ejercicio artístico emergente. En este sentido los salones y exposiciones de los últimos 6 años (aproximadamente) han denotado la detención del desarrollo conceptual y formal de la obra de arte, dificultad que esperemos se solucione con el advenimiento de nuevos proyectos artísticos demandados del propio déficit creativo.  

Expo Colectiva Whatever

La exposición colectiva Whatever inaugurada en la Galería Provincial “Pedro Esquerré” el pasado 27 de junio, viene a imponer una movilidad en el circuito matancero no solo por la propuesta grupal que intenta programar desde la aparición introspectiva, a partir del objeto artístico que exhiben, sino también por la manera en que estos jóvenes asumen los presupuestos curatoriales; los que utilizan como basamentos conceptuales en sus propios montajes al reivindicar su producto visual desde una apropiación que interviene el espacio galerístico. La violación del sistema tangible de la institución-arte como espacio legitimado que ampara la obra de arte funciona como paradigma o estructura conceptual del proyecto curatorial de estos artistas; es decir, el espacio expositivo sirve como pretexto;  funcionaliza el resguardo físico de las piezas exhibidas.  Whatever interesa, sobre todas las cosas por el afán de ofrecer ciertos sentidos lúdicos asociados a la propia voluntad del objeto, y no precisamente, desde el condicionamiento espacial propiciado para su proyección escénica.

La conformación de conjuntos de piezas que informan y proponen un proyecto artístico con vista a desempolvar el ejercicio inconsistente de las artes visuales en la ciudad de Matanzas, previsto a la manera de Whatever, insiste desde la representación y conceptualización discursiva, sustentar una obra establecida desde los paradigmas contemporáneos legitimados. No significa y personifica para nada la asunción novedosa de postulados visuales contemporáneos, más bien recrea su existencia y persistencia dentro de los ya existentes en los espacios expositivos nacionales. Más que ello, esta propuesta pretende regenerar los cimientos de un contexto y, el legado creativo de una ciudad que ha experimentado en las artes visuales un incentivo artístico de primer orden. Funge desde su iniciativa como aliciente en un terreno sediento y a la espera.

Entre las obras expuestas que dignifican ese carácter reformador e incide en este presupuesto desde la identidad como impronta temática, encontramos a Divino guacal de Yeins Gómez,  Vacío de Sandra Rodríguez, Embalaje competente de Enmanuel García, Preservación de Ictiandro Rodríguez, El Réquiem que jamás hice a mis Mecenas y La consagración de los mudos de Edel Alonso. Estas piezas configuran un sustento temático que proporcionan el concepto de preservación a partir de la perspectiva patrimonial, de género y la problemática social, pero siempre previsto desde la idea intensiva de la ya mencionada conservación-renovación, aunque utilizando diferentes recursos matéricos que infligen a las obras cierta heterogeneidad estilística.

La utilización de otros asuntos que moldean el contenido desenfadado y, a su vez, emergente y substancial que encarnan a la muestra son el tratamiento de lo perecedero y lo esencial, utilizados de forma ambivalente en cuanto a la confrontación de ideas referentes a lo efímero y lo indestructible. Se hallan en este sentido las piezas Mi luz, mi sombra de Katia Uliver, Isla de Adrián Socorro y Mi tierra firme y Desolación de José A. Hernández. Propulsa esta selección temática la condición conclusiva, pero continua y persistente de lo limítrofe. La seriación del objeto básico e imprescindible presentado como mecanismo de supervivencia o la ruptura del mito sobre la salvación, se ponen de manifiesto en las obras de Katia y Socorro, previstas desde un modelo ortodoxo y flexible a la mirada inexperta del espectador.    

Quedan fuera de estos argumentos algunas piezas que por su conjunción temática individual aportan sustancialmente al corpus expositivo más que a la relación conceptual entre todas las expuestas. Entre ellas se encuentran Paseo intelectual y Creatividad = capital de Liliam Cedeño donde se percibe un empeño en evaluar la concepción ideológica del objeto portado como soporte transgresor que desplaza el mensaje a diferentes dimensiones comunicativas, lo que permite transfigurar el significado o funcionalidad de un determinado contenido semiótico que es trasladado sin disponer de un espacio establecido.   

Dentro de esporas de Lianet Barceló ofrece esta misma posibilidad, al establecer una mirada personal e independiente sobre los presupuestos enunciados por Whatever. Su interesante posición museográfica, así como su contenido tropológico abordan un discurso intimista y lógico si se considera el excelente equilibrio de su información; aunque existe una desventaja desde el propio mecanismo suscitado por el lenguaje utilizado y sus formas serpenteadas que permiten la dislocación del ávido espectador, aun formando parte del discurso morfoconceptual de la obra.

El deleite sublime del comer-cio de Sandra Rodríguez y Enmanuel García es una pieza donde el mensaje lúdico es el cómplice más importante de la trama comunicacional. El rejuego que establecen estos dos jóvenes artistas conocidos en la escena plástica matancera por su equilibrado contorno estilístico es un verdadero artilugio. La obra es una suerte de gesto visual que anula desde su misma visualidad y ubicación museográfica la invitación del servicio de la mesa, preparada para cuatro comensales que complementan el convite simbólico. Esta complacencia por el ofrecimiento queda subyugada a la contemplación objetual y sígnica, lo que permite la aventura por el anunciamiento visual trasladando los sentidos hacia lo imaginario y perecedero.

Designios preceptivos de Javier Soto, obra que inaugura la muestra, es un performance que enuncia desde la provocación los postulados del proyecto expositivo donde lo alternativo es el asunto cardinal que se proponen los artistas participantes; las obras confluyen en ese accionar de soplar y explotar el ejercicio artístico como afluente que genera el des-orden creativo.

Whatever reivindica el arte matancero actual desde la asunción de una propuesta oportuna y pertinente; regenerando la interrelación artista-espectador al aprovechar la inmovilidad del contexto cultural de la ciudad. La conversión en el proceso creativo es la máxima dentro de la concepción expositiva, por lo que la prestancia del objeto representado depende de la voluntad conceptual que se desprende del mismo, dirigiendo su proyección escénica hacia la introspección. “Lo que sea”, apuesta por la indefinición y la apertura hacia lo alternativo, lo no establecido; pero sobre todas las cosas advierte la necesidad de nuevos rumbos.


Por. Yoan Álvarez / Yamila Gordillo