Virgilio HoyDesde las páginas de diarios y revistas podemos reconstruir el pasado. Las que “narran” los años 80 cubanos muestran el regreso de Virgilio Piñera al imaginario popular de la nación.

La década de 1980 marca para Cuba el regreso del escritor cubano Virgilio Piñera. El teórico de la comunicación Jesús Martín Barbero, en Dislocaciones del tiempo y nuevas topografías de la memoria, afirma que “para que la pluralidad de las culturas del mundo sea políticamente tenida en cuenta es indispensable que la diversidad de sus identidades nos pueda ser contada, narrada. La relación de la narración con la identidad no es solo expresiva sino constitutiva: no hay identidad cultural que no sea contada”[1]. La narración, traducida como comunicación masiva, valida políticamente la pluralidad cultural. Razón de más para que un análisis del tratamiento periodístico que otorgan los medios de prensa cubanos los años 80 a la obra de Piñera, permita recorrer y probar que es ese el período en que se inicia la rehabilitación pública de su figura.

La prensa de esa década fue la más cercana a esa que siempre hemos reclamado en Cuba: con una tendencia más crítica, una agenda temática extensa y diversa y las necesidades materiales cubiertas, lo que permitía generar grandes volúmenes de información. Eran los años de “un periódico Granma, con tres ediciones, que llegó a tener tiradas de más de medio millón de ejemplares; y que era colocado todos los días en el rincón más insólito de esta tierra”[2]. Época de un “Juventud Rebelde vespertino (...) también de una enorme tirada y con una respetable cantidad de páginas”[3]. Y aunque en un análisis de medios debemos mantener siempre cierta distancia, concientes de que son solo un reflejo fragmentado de la realidad que le es inmediata, resulta atractivo acercarse a ellos en este intento por seguir la pista a esa “rehabilitación, lenta y gradual”[4] de la figura, reflejo de las interrogantes que comenzaban a nacer en la conciencia social de los cubanos.

No podemos engañarnos: la reaparición de la poética de Piñera en carteleras teatrales, planes editoriales y de estudio, fue la que lo llevó a la agenda temática de los medios de comunicación, estos no fueron protagonistas, ni siquiera reprodujeron el proceso concientes de que este se producía. Sin embargo, a través de un análisis sistémico del período, podemos constatar quesi bien la reaparición de Virgilio en la vida cultural cubana comenzó aproximadamente cinco años después de su deceso—tal como ha afirmado Antón Arrufat—, esta forma parte de un período de cambios en el quehacer artístico cubano.

La voluntad política de las instituciones culturales de revalorizar figuras y creaciones marginadas en los años anteriores, sólo tomó su cause correcto, en el caso de la obra de Virgilio, gracias a naturales procesos socio-culturales en los que se reinsertaba su poética a manera de diálogo con la realidad. En los mensajes periodísticos publicados en la prensa hasta 1985 hay un predominio al reconocimiento de la obra de Piñera como parte de un grupo distinguido de la dramaturgia cubana, como parte y no esencia: Aire frío y Electra Garrigó eran las obras a través de las que una y otra vez regresaba el nombre del escritor a la actualidad construida por los medios, lo que propiciaba aún más que fuese reconocido solamente como uno de las figuras claves de la dramaturgia de transición cubana.

Las jóvenes generaciones de artistas aglutinados y liderados por el Instituto Superior de Arte y por profesores como Rine Leal, Rosa Ileana Boudet y Flora Lauten; protagonizan la mayoría de los sucesos artísticos de la década vinculados a la obra de Piñera. Otro grupo va a destacarse en el conocimiento de las verdaderas potencialidades de la poética piñeriana para las artes cubanas: las personas e instituciones representativas de la cultura cubana y latinoamericana hacia el exterior de la Isla, entre los que sobresales los nombres de Elena Huerta, Luis Carbonell, Casa de las Américas y la revista Tablas. Muchos de los acercamientos que estos producen sobre las más clásicas piezas dramáticas de Piñera encuentran resistencia en otros sectores artísticos. Esas convergencias, a veces traducidas en competencias, sí quedaron recogidas en la diversa prensa de los años 80, con un marcado interés por la polémica.

Los meses de junio y julio de 1984 traen a la cartelera teatral una versión de Electra Garrigó, dirigida por Flora Lauten como ejercicio de graduación de estudiantes del ISA. Esta es anunciada en la sección Siete Artes en el diario Granma, como una puesta en escena del original. El sábado 21 de julio, el regular espacio de opinión Luneta 10, de la misma publicación, es dedicado al análisis de esa puesta en escena, que para entonces ya no aparece en cartelera. El mensaje es sin dudas un comentario, pretendida crítica teatral, pero sin el rigor exigido por ejercicios periodísticos más especializados. Su epígrafe es “DESDE ELECTRA GARRIGO” y su título: “UNA CANTERA INDISCUTIBLE PARA EL MOVIMIENTO TEATRAL”. Solo el primer párrafo es dedicado a la creación original de la que parte la puesta. Los criterios referidos desbordan subjetividad por parte de quien los maneja, hacia el final de esa primera parte se lee: “No recuerdo, o recuerdo mal, la puesta en escena de 1958—la obra fue estrenada en 1948—, empero no creo que ésta de ahora se separe mucho de aquellas anteriores”. La primera parte del párrafo maneja juicios estrictamente interpretativos a manera de información, y solo hacia esta línea queda claro para el lector que el periodista no se ha valido de ninguna fuente para realizar su valoración. Pero muy diferente era la propuesta de Flora Lauten en la que, a través de un paralelismo sociedad-circo, recreaba la historia de Piñera. La adaptación de su mirada cobra aún más relevancia si la reconocemos en función de revalorizar la dramaturgia piñeriana dentro del teatro de la imagen.

El testimonio más real sobre la versión no llegará al público hasta el años siguiente, cuando el número 2 de Tablas del año 1985, cierra este diálogo inconcluso sobre esta puesta de Electra Garrigó. “De La emboscada a Electra: UNA CLAVE METAFÓRICA”, es el nombre de la crítica publicada en la revista con la firma por Raquel Carrió.

Es notable como la escasa difusión de las creaciones de Piñera propiciaba que fuesen sus piezas más conocidas, y no otras, las que una y otra vez subieran a escena para luego ser tratadas periodísticamente. La situación varía a medida que tienen lugar nuevos acercamientos editoriales a la obra del autor, lo que propicia que hacia 1989 también muestren, con mayor insistencia, aproximaciones a su narrativa y a su poética.

Es el año 1987 el que marca un punto de giro en el tratamiento periodístico que la prensa impresa otorgaba a la figura de Piñera. Porque la prensa especializada no manejará la figura del escritor solo desde la referencia. En enero de 1987 La Gaceta de Cuba publicó El crecimiento del señor Madrigal, cuento inédito hasta el momento y segunda narración de Un fogonazo. El libro vería la luz el 22 de abril de ese mismo año editado por Letras Cubanas. La revista reprodujo además buena parte de las palabras de presentación, que estuvieron a cargo delos escritores Antón Arrufat y Eduardo Heras León.

En mayo de 1987 La Gaceta de Cuba publicó además un número de Aurora y otro de Victrola, y a través de un comentario de Reynaldo Gonzáles quedó reflejada la relación que entabló en ArgentinaPiñera con W. Gombrowicz. Desde esas mismas páginas comienzan a circular las noticias de próximas publicaciones de textos piñerianos tanto por la editora española Alfaguara como por la Editora UNIÓN. La situación evidentemente va transformándose, y en septiembre de 1987 La Dirección de Enseñanza Artística comienza un “plan editorial”, dirigido a engrosar la bibliografía de los estudiantes de artes, que inició con la publicación de Aire frío. Desde 1960 no se publicaba en la Isla ninguna muestra del teatro de Piñera.

No sería representativo manejar por cientos de su presencia en los medios, porque sobre su vida y obra predomina la aparición de textos eminentemente referenciales. La transformación del tratamiento a su figura no se originará todavía en la construcción misma de los mensajes periodísticos, sino en una presencia más marcada y activa de la obra de Virgilio en la agenda social y cultural de la nación, que lo inserta también con mayor asiduidad en los espacios informativos de diarios y revistas.

Los medios de prensa muestran diferente claridad en el manejo del reencuentro de los cubanos con la obra de Piñera. Las divergencias en este sentido no parten de las lógicas diferencias que existen entre una publicación especializada y una diaria, sino hacia el interior de cada una. La revista Tablas es la primera en aludir directamente a la identificación de “dos Piñeras” en la creación del escritor. En el número 3 de 1985, es publicado un ensayo titulado Piñera inédito, cuyo valor radica en el planteo de un análisis de la obra de Virgilio desde la individualidad. La “involución conceptual” que en todo momento pretende demostrar la autora a través de la sinopsis de las obras de Piñera, de una descripción personal de los personajes y de una constante alusión a Electra y Aire frío, la llevan a concluir que “la perspectiva” del dramaturgo “no ha progresado frente a la realidad y funciones de la creación artística”. Tres años después, desde la misma publicación, Rine Leal negaba la existencia de dos poéticas en su obra y probaba que su creación evolucionó constantemente. En el número 1 de Tablas el crítico cuestiona si “¿es posible seguir hablando de “dos Piñeras” o tendremos que rendirnos ante la evidencia de que su mundo dramático es no sólo coherente sino también compacto y unitario?”. Por lo que más que como contradicciones, estos sucesos muestran un cambio en la visión crítica sobre el escritor, que se expresa en el tratamiento periodístico que sobre él se produce.

Las transformaciones económicas que se producían en Cuba permitieron ampliar las carteleras culturales y otras actividades artísticas. A la par surgían para Cuba cada vez más interrogantes, propiciadas sobre todo por frustraciones ideológicas, como los sucesos migratorios del Mariel en 1980 y de la embajada del Perú en 1981, a lo que se sumaba el evidente peligro a la fragmentación que vivía la URSS. En medio de todo eso la poética de Piñera va ganando espacio “por la profunda correspondencia con el espíritu de la época”[5]. Omar Valiño sitúa este rasgo, como el diálogo cultural, casi filosófico, de mayor valor ante la crisis de los años 90, pero es evidente que este comienza su bregar desde la década de los 80.

En 1989 la prensa no alude de manera directa el aniversario 10 de la muerte de Piñera, pero el jueves 19 de octubre, 10 y 1 p.m. se estrena en el espacio Teatro, en televisión, Electra Garrigó, bajo la dirección de Carlos Piñeiro, con las actuaciones de Lilliam Llerena, Eduardo Vergara, Lily Rentería, Jorge Cao y Jackie de la Nuez. Hecho que simboliza la llegada de la obra de Virgilio a espacios más públicos o masivos de comunicación. La puesta en enero de 1990 de Dos viejos pánicos, bajo la dirección de Roberto Blanco, en el Teatro Nacional, marca el fin de esta década o el inicio de la de los 90. Estos sucesos muestran a los medios de prensa como meros mediadores del proceso de rehabilitación de su obra. El tratamiento periodístico a su figura es cualitativa y cuantitativamente inferior a los hechos que se suceden en las artes a partir de su obra o de su figura. Mayoritariamente se produce después que ha tenido lugar alguna versión, estreno o publicación de sus piezas, no es espontáneo. Una de las muestras más claras es que el aniversario diez de la muerte de Piñera pasó desapercibido para las publicaciones nacionales y especializadas, sólo que el camino desandado no permitiría ya volver atrás. Más de treinta años después de su regreso de la Argentina, Virgilio llegaba a su país para quedarse siempre.



[1] Martín Barbero, Jesús: Dislocaciones del tiempo y nuevas topografías de la memoria. S.E, S.C, S. P. Versión Digital.
[2] Hugo Rius: Ob. cit
[3] Íbidem.
[4] Arrufat, Antón: Un poco de Piñera. Prólogo a Piñera, Virgilio: Cuentos Completos, Ed. Letras Cubanas, La Habana, 2004, Pp. 7-24, P.15.
[5] Valiño, Omar en entrevista con la autora, el 26 de enero de 2009.
 

 

Por: Dainerys Machado Vento (*)
Licenciada en Periodismo en 2009 en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Es redactora-reportera de la revista Bohemia, editora del portal web de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.